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Sin el recuerdo del franquismo, jóvenes catalanes piden la independencia

Actualizado el 23 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Crisis económica alimentó auge independentista hasta la gigantesca manifestación en Barcelona del 11 de septiembre

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                         Una manifestación ayer contra los recortes en Cataluña y el presidente de esa región celebrada ayer en la noche en esa ciudad. | AFP.
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Una manifestación ayer contra los recortes en Cataluña y el presidente de esa región celebrada ayer en la noche en esa ciudad. | AFP.

Barcelona (AFP). Los jóvenes catalanes, muy numerosos en las calles de Barcelona el día de la masiva manifestación nacionalista del 11 de setiembre, sueñan en voz alta con la independencia, liberados de los viejos demonios que atormentaron a las generaciones que vivieron el franquismo.

"Mi casa ha sido siempre del PSOE pero este año los votos irán para ERC", el partido histórico de la izquierda independentista catalana, afirma Raquel Navarro Gijón, de 18 años, estudiante en Ciencias Políticas, en una cafetería de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

"Porque creemos que es la única manera de cambiar", agrega.

Confirmando la reputación independentista de este campus de Bellaterra, en las afueras de Barcelona, Raquel no es la única que piensa que la independencia en esta gran región del noreste de España sea posible, e incluso "la mejor solución ante la crisis".

"Estoy por la independencia porque hacemos un esfuerzo, pero no se ve recompensado. Hay mucha frustración", añade Oriol Cervera, estudiante de Derecho de 23 años.

España "siempre nos ha visto como una colonia", se lamenta Jordi Llorens, que atiende una caseta del partido de extrema izquierda independentistas SI (Solidaritat catalana).

"España nos ha explotado. Durante la Guerra de Sucesión (que terminó en 1714 con la toma de Barcelona por las tropas franco-españolas) no pudieron con nosotros, tampoco pudieron durante el franquismo", añade. "Pero Cataluña siempre sigue viva", enfatiza.

Un "sentimiento de humillación" muy alimentado por la decisión del Tribunal Constitucional español, en junio de 2010, de "reducir a su mínima expresión" el Estatuto de Autonomía ampliado de 2006, añade Salvador Cardús, profesor de Sociología de la UAB.

Esta decisión de justicia, que suprimía la referencia a Cataluña como una "nación", contribuyó a reavivar los rencores, gradualmente apaciguados durante la posdictadura.

El idioma catalán, prohibido de la esfera pública bajo el régimen de Francisco Franco (1939-1975), recuperó sus derechos tras la muerte del dictador, convirtiéndose en la lengua en las escuelas.

Sumándose a esta sensible identidad a flor de piel, la crisis económica alimentó el auge independentista, hasta la gigantesca manifestación en Barcelona del 11 de septiembre, seguida por el anuncio del presidente nacionalista, Artur Mas, de anticipar las elecciones con miras a organizar un referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña .

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"Históricamente, muchas facultades son independentistas, pero desde el 2008, con la crisis, es peor", analiza Gabriel Colomé, profesor de Ciencias Políticas.

Más aún cuando, afirma, "desde la infancia, los catalanes son educados en el independentismo". Al extremo que "cuando llegan a la universidad, se convierten en nacionalistas radicales", agrega.

Y sobre todo "son hijos de la democracia, y para quienes el franquismo es un libro de historia y no comprenden por qué no se puede pedir al pueblo qué es lo que piensa", subraya.

Sarah Ollé Pérez, que sale de un curso de Filología Catalana, está de acuerdo. "Hay un gran miedo de la independancia por parte de los mayores de nuestra sociedad sobre todo. Porque ellos han vivido la guerra (1936-1939) y el franquismo y tienen mucho miedo que vuelva a pasar", dice.

Algunos estudiantes reconocen además que el debate divide, hasta crear enfrentamiento entre amigos.

Hay "personas que viven esta situación como una cuestión de fractura", reconoce Julia Martínez Arino, universitaria de 27 años.

Emma López Gómez, amiga de Sarah, está contra la independencia. "No creo que sea una solución. Creo que sería un parche. La ponen ahora para despejar la crisis, para anularla un poco", afirma.

Pero para Gabriel Colomé, "el problema es que si Artur Mas no organiza finalmente el reférendum sobre la independencia, habrá una generación, entre 14 y 22 años, que va a ser una generación frustrada", con peligro de radicalizarse, advierte.

Y pueden "optar por partidos radicales de izquierda (independentistas) que podrán tener un papel dentro de algunos años", concluye.

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