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Un ratón de biblioteca cercado por la polémica

Actualizado el 12 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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Un ratón de biblioteca cercado por la polémica

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Vaticano. AP y redacción Joseph Ratzinger deseaba que su vida después de jubilarse de la Congregación para la Doctrina de la Fe transcurriera en su natal Baviera, donde escribiría una extensa biografía de Jesús. Quizá así hubiera sido, pero el 19 de abril del 2005 sus compañeros cardenales decidieron que él fuera el sustituto del carismático Juan Pablo II.

Tímido ratón de biblioteca, como él mismo se define, Benedicto XVI no abandonó aquel proyecto biográfico, que publicó en tres volúmenes mientras atacaba los numerosos escándalos que acompañaron su pontificado.

El teólogo alemán, cuya misión era reavivar el cristianismo en una Europa secularizada, se topó con la tarea de purgar la Iglesia de un escándalo de abusos sexuales que creció durante el papado de Juan Pablo II y que le estalló en las manos convertido en una de las crisis más grandes de la Iglesia en los últimos tiempos.

También cargó con el peso de la traición de uno de sus colaboradores más cercanos: su propio mayordomo, hallado culpable por un tribunal del Vaticano de robar documentos personales del Pontífice y dárselos a un periodista.

Con algunas medidas decisivas y a menudo controvertidas, Benedicto XVI trató de recordarle a Europa su herencia cristiana y de colocar a la Iglesia católica en un camino tradicional, que a menudo alejó a los progresistas y emocionó a los conservadores.

Sin embargo, su papado estará vinculado para siempre a los escándalos de abusos sexuales.

Durante el curso de unos pocos meses en el 2010, miles de personas en Europa, Australia, Latinoamérica y otros lugares denunciaron haber sido violadas y agredidas sexualmente por sacerdotes cuando eran menores, y que los obispos habían ocultado esos delitos.

Benedicto tuvo conocimiento de primera mano sobre el alcance del problema en la Congregación de la Doctrina de la Fe, que dirigió desde 1982, y era responsable de hacer frente a los casos de abuso.

Nunca admitió una falla personal o que el Vaticano hubiese hecho algo indebido. Nunca tomó medidas contra los obispos que ignoraron u ocultaron los abusos o trasladaron a pedófilos a otros cargos.

Un tradicionalista. No fue un papa popular que recorrió el mundo ni una estrella de los medios como Juan Pablo II, pero fue un maestro y académico hasta los tuétanos: de poco hablar y pensativo, y con una mente inquisitiva.

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Algunas de las iniciativas duraderas de Benedicto como papa –las acciones por las que será recordado– se concentraron en restaurar la práctica tradicional del catolicismo en el siglo XXI. Fue un intento por corregir lo que consideraba una interpretación errónea del Segundo Concilio Vaticano, las reuniones celebradas entre 1962 y 1965 que llevaron a la Iglesia católica al mundo moderno.

Aunque claramente tenía la intención de mantener el legado de Juan Pablo II, Benedicto no trató de emular la popularidad de su predecesor. Sus viajes al extranjero fueron cortos y centrados. Sus misas eran solemnes, sus homilías densas y de estilo profesoral.

No tuvo miedo de impugnar el legado de Juan Pablo II cuando creyó que su predecesor había errado.

En un ejemplo significativo, tomó prácticamente el control de los Legionarios de Cristo, una orden conservadora considerada un modelo de ortodoxia por Juan Pablo II, después que se revelara que su fundador, Marcial Maciel, abusó sexualmente de seminaristas y había tenido por lo menos tres hijos.

Bajo Juan Pablo II, quien fue un defensor a ultranza de Maciel, la investigación del Vaticano al sacerdote mexicano había languidecido. Pero un año después de que Benedicto fuese elegido papa, Maciel fue sentenciado a una vida de penitencia y oración.

En su tercera y última encíclica, Caridad en la verdad (2009), exhortó a crear un nuevo orden financiero guiado por la ética. Sin embargo, para algunos la exhortación pareció hipócrita cuando un año después los dos principales funcionarios financieros de la Santa Sede fueron objeto de una investigación por lavado de dinero, que resultó en la confiscación de millones de euros de un banco del Vaticano.

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