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El armero de Alepo hace su agosto gracias a la guerra

Actualizado el 30 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

La mayoría de sus clientes vienen de las filas de los rebeldes; también hay civiles

Ofrece una gran variedad de armas y municiones; precios dependen de calidad

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El armero de Alepo hace su agosto gracias a la guerra

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El armero de Alepo (AFP)

Alepo, Siria. AFP. Mientras gran parte de los sirios ven sus vidas empobrecidas por la guerra que devasta el país desde hace 30 meses, Abú Mohamad prospera vendiendo armas de todo tipo, desde cohetes hasta espadas, a los rebeldes en Alepo, en el norte de Siria.

“La guerra es un muy buen negocio”, declara sin pudor este hombre de 39 años, propietario desde hace siete meses de la única armería en el barrio de Fardus (este de Alepo), entre puestos de verduras y hortalizas.

“Quería ayudar a los rebeldes porque no tenían ni armas ni munición”, comenta a la AFP Mohamad, un empresario quien asevera ganar 50.000 libras sirias al día (370 dólares), mientras va colocando varias granadas sobre el mostrador de su tienda.

Este exrebelde luchó nueve meses con el Ejército Sirio Libre (ESL , principal fuerza opositora al régimen de Bashar al-Asad), hasta que fue herido en una pierna. “Me alcanzó metralla y me tuvieron que cortar un trozo de hueso. Ya no puedo combatir y por eso se me ocurrió la idea de abrir esta tienda”.

Oferta variada. En las paredes de la tienda están expuestas armas de diferentes calibres y precios. Pistolas calibre 9 mm y fusiles AK-47. “Fabricados en Irak y en Rusia. Cuestan entre 1.500 y 2.000 dólares, dependiendo de la calidad”, manifiesta el hijo de Abu Mohamad.

“También tenemos uniformes militares, botas, máscaras de gas, walkie-talkies . La mayoría del material viene de Turquía”, agrega el joven, de 20 años y combatiente de la insurgencia que procura derrocar el régimen de al-Asad.

“Me gusta trabajar con mi padre porque me encantan las armas”, explica con sencillez.

Abú Mohamad (izquierda) atiende a un cliente en su armería   ubicada en el distrito de  Fardus, en la ciudad septentrional de Alepo.   |  AFP
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Abú Mohamad (izquierda) atiende a un cliente en su armería ubicada en el distrito de Fardus, en la ciudad septentrional de Alepo. | AFP

Mohamad Asís, de 43 años, llega acompañado por dos compañeros de armas. Viene en pos de munición para un fusil, aunque también está “buscando uno nuevo, pero estos modelos no son muy buenos y son excesivamente caros”, señala mientras saca un fajo de billetes y coloca sobre el mostrador 15.000 libras sirias (110 dólares) por 150 cartuchos. “A 100 libras cada uno”, se lamenta, “la munición es lo que más escasea y por eso es tan cara”.

Clientes de la guerra. “El 90% de mis clientes son combatientes rebeldes”, expresa Abú Mohamad. “Lo que más vendo es munición de diferente calibre que es lo que escasea. Cuando los rebeldes toman una base del ejército vienen a mi tienda y me cambian las armas por munición” , cuenta.

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Algunos clientes buscan material especializado, como uno que examina miras telescópicas. “Estamos buscando una que nos permita localizar a los francotiradores en el frente”, comenta un combatiente.

Otro cliente acude con tres espadas y se las muestra a Abú Mohamad, quien las desenvaina y comprueba la calidad del acero.

“También compramos armas a los vecinos, hay mucha gente que necesita dinero para alimentar a sus familias”, indica. “Antes de la guerra había gente que coleccionaba armas o que las guardó después del servicio militar y como no las van a usar me las traen para que les dé algo de dinero por ellas”.

Aunque el grueso de su clientela son rebeldes, los civiles también suelen acudir a su establecimiento en busca de munición o de armas. “A los civiles solo les vendo armamento para cazar o pistolas 9 mm. Jamás les vendo armamento de guerra”, afirma.

Más de un año después de la batalla de Alepo, la metrópolis del norte de Siria que en una época fue centro económico del país, está ahora dividida en una zona controlada por el régimen y otra en manos de los rebeldes.

Los que no abandonaron la ciudad deben hacer frente no solamente a los combates cotidianos y a la lucha para sobrevivir, sino también a los robos y asaltos de grupos criminales.

“Vengo a comprar una pistola. Viendo los tiempos que corren prefiero estar armado para proteger a mi familia”, comenta un hombre de 65 años que acude acompañado de su nieto pequeño.

El armero de Alepo, además de comerciante, también es artesano y se encarga de arreglar armas. “Siempre me ha gustado reparar armas y fabricarlas. Es una de las pocas cosas que se me dan bien”, sentencia con una sonrisa.

Y sigue en su negocio.

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