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Armamento de insurgentes se queda corto frente al ejército

Urgidos de armas, rebeldes sirios crean las propias

Actualizado el 23 de junio de 2013 a las 12:00 am

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Urgidos de armas, rebeldes sirios crean las propias

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Un soldador añade una aleta a la cola de un mortero improvisado en un taller rebelde en Saraqib. |  TYLER HICKS / THE NEW YORK TIMES.
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Un soldador añade una aleta a la cola de un mortero improvisado en un taller rebelde en Saraqib. | TYLER HICKS / THE NEW YORK TIMES.

SARAQIB, Siria. Los trabajadores llegan cuando aún está oscuro, ocupando sus estaciones en la prensa y el torno. Al poco tiempo empiezan a volar limaduras de metal y chispas, y la pila de sus creaciones crece a sus pies: improvisados proyectiles de mortero que serán disparados a través de cañones recuperados de tanques que el ejército sirio deshabilitó.

A través del norte de Siria, talleres rebeldes como el descrito forman parte de una red clandestina de plantas primitivas de producción de armas, elemento distintivo de una guerra militarmente desigual.

Sus productos –bases para ametralladora, granadas de mano, cohetes, proyectiles de mortero, bombas a la vera del camino y los explosivos de creación local que son empacados en su interior– contribuyen a formar el arsenal de una fuerza guerrillera que ha sufrido serios retrocesos este año en su esfuerzo por derrocar al presidente Bashar al-Asad.

“Todos saben que nosotros no tenemos las armas que necesitamos para defendernos”, dijo Abu Trad, comandante del Frente de Rebeldes Saraqib, poco antes de que permitiera el acceso de visitantes a esta planta de rondas de mortero. “Sin embargo, tenemos la voluntad, tenemos medios humildes y tenemos herramientas”.

El valor de armas al nivel de un taller, si bien fue crucial en otra época para el éxito de los rebeldes al reclamar la victoria en el norte de Siria, pudiera haber declinado sustancialmente.

La primavera pasada, cuando al-Asad estaba luchando por enfrentar a la oposición armada que su represión había alimentado, talleres como estos obligaron al ejército sirio a cambiar sus tácticas.

Los caminos se llenaron a grado tal de su producción de bombas ocultas que el ejército dejó de recorrer áreas donde los rebeldes tenían más fuerza, y se retiraron a posiciones defensivas. Los talleres fueron un indicador de la incipiente organización de los rebeldes y su letal habilidad.

Un hombre trabaja en la construcción de un mortero en un taller en Saraqib. | TYLER HICKS / THE NEW YORK TIMES.
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Un hombre trabaja en la construcción de un mortero en un taller en Saraqib. | TYLER HICKS / THE NEW YORK TIMES.

Sin embargo, el Gobierno ha pasado un año reequipando a sus tropas, Hezbolá ha enviado refuerzos e Irán y Rusia han mantenido reabastecidas a las fuerzas de al-Asad.

Poco efectivas. En últimas fechas, es menos probable que las fuerzas del Gobierno se aventuren en patrullas o se expongan solas en pequeños retenes, reduciendo su vulnerabilidad a las bombas improvisadas de los rebeldes.

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Además, la mayoría de los otros sistemas de armas de los talleres carecen de la precisión, rango o golpe explosivo para expulsar al ejército de posiciones donde está atrincherado y de donde los soldados pueden devolver el ataque con andanadas de armas más potentes y precisas.

Lo que es más, algunas de las armas de producción local son proclives a funcionar mal, lo cual puede matar a quienes las usan.

Sin embargo, las plantas de armas siguen siendo una característica prominente de la logística de la oposición, a medida que los flujos de las armas del mundo árabe no logran mantenerse al paso de la demanda.

Si bien la Unión Europea levantó su embargo sobre transferencias de armas a la oposición el mes pasado, muchos rebeldes dijeron que consideran que la decisión es una táctica diplomática enfocada a presionar al Gobierno sirio, con pocas probabilidades de que conduzca a embarques de gobiernos occidentales en poco tiempo.

“Ellos prometen cosas todo el tiempo”, declara el mayor Mohammad Ali, quien comanda a los combatientes en el norte de Siria por los Nietos del Profeta, gran formación rebelde. “Actualmente estamos en el tercer año, y hasta ahora hemos tenido muchas decisiones de Occidente y no se dio seguimiento a nada”, continúa.

Abu Trad y otros rebeldes dijeron que los talleres han sido tan esenciales como los combatientes en el frente, y los jornaleros forman parte de los cimientos de una revolución. “La madre que cocina para los combatientes es una revolucionaria, el médico que ayuda a los heridos es un revolucionario, y el hombre que hace el mortero y el proyectil también es un revolucionario”, destacó.

En varios viajes a Siria, periodistas del New York Times visitaron cuatro talleres activos en la producción de armas en las provincias de Idleb y Alepo, entrevistaron a otros fabricantes de bombas o armas que accedieron a hablar sobre su trabajo pero no a permitir acceso a sus plantas, y estudiaron productos de otros talleres en bases rebeldes y líneas del frente.

La planta en Saraqib es parte de una cadena de abasto mayor y más complicada. Esta noche, había recibido un lote de casquillos de proyectiles recién fundidos de una fundición rebelde en otra parte. (Sus trabajadores se negaron a revelar su ubicación, más allá de mencionar que era “subterránea”).

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Un hombre apretó los casquillos en una prensa antes de pasarlos por un disco abrasivo para remover imperfecciones de la superficie. Después, cada ronda era pasada a un soldador que pegaba alerones cortados de antemano, diseñados para estabilizar las rondas en vuelo.

Más tarde, los proyectiles eran trabajados por un maquinista en un torno, el cual moldeaba la nariz para que se pudiera insertar una espoleta de producción local. Los trabajadores dijeron que las rondas serían mudadas a incluso otro taller para ser empacadas con relleno explosivo.

Finalmente, las rondas serían suministradas a unidades del frente equipadas con secciones de las armas principales de 125 milímetros de tanques T-72 del gobierno anterior. Los cañones habían sido cortados y convertidos en improvisados sistemas de mortero, explicaron los combatientes.

Abu Trad dijo que estas armas habían sido efectivas para atacar retenes del ejército sirio y que el poder del proyectil de 125 mm había asustado a soldados del Gobierno.

Sin embargo, los proyectiles hechos de estas formas conllevan muchos riesgos, incluido el peligro de que a medida que una ronda se acelera después de haber sido disparada, su burda espoleta será empujada hacia atrás, ocasionando que la ronda detone en la cámara.

Esto pudiera haber sido lo que mató a Azzam Alzier, el propietario de un café Internet, uno de los primeros hombres en Saraqib que tomó las armas.

Se había ofrecido voluntariamente para tareas de mortero, dijeron sus amigos, y lo habían matado cuando una de las rondas de producción local explotó mientras él la disparaba.

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