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Religión y política están detrás de disputa por Explanada de Mezquitas

Actualizado el 31 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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Religión y política están detrás de disputa por Explanada de Mezquitas

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Jerusalén. EFE. En un artículo publicado ayer, Nahum Barnea, uno de los periodistas más reputados de Israel, recordaba que cuando en 1967 el general israelí Moshe Dayan negociaba el estatus de la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo, los judíos no rezaban allí.

Y no lo hacían porque legalmente está prohibido. Según las leyes judías, es un espacio que no se debe pisar por temor a profanar el Sancta Santorum, y vedado hasta que el Mesías construya el anhelado tercer Templo.

“La prohibición religiosa judía de hacerlo facilitó que Dayan entregara el control del Monte del Templo a la Oficina de Asuntos Religiosos Musulmana (Wafq), bajo la supervisión y la presencia de la Policía israelí”, dijo Barnea.

Un estatus que representaba una continuidad, pues la gestión de esta área ha estado casi siempre en manos islámicas desde que en el siglo VII, Amr ibn al-As conquistara la Ciudad Santa.

Y que desde hace apenas unos años, radicales de ambas religiones pretenden cambiar en su propio beneficio, a veces incluso contra los preceptos religiosos.

“A lo largo de los años, los fanáticos de los dos lados tratan de cambiar las normas del juego, el jeque Raed Salah por una parte y miembros de las organizaciones judías clandestinas, pero las reglas se mantienen”, subrayaba el periodista Barnea.

Uno de los que más han luchado en el bando judío es el rabino Yehuda Glick , a quien el miércoles en la noche un presunto pistolero palestino trató de asesinar a tiros.

Quebrar estatus. Pelirrojo, su figura era una presencia habitual en torno a la Explanada que precede al Muro de las Lamentaciones, último vestigio del segundo Templo destruido por el general y luego emperador romano Tito en el año 70 y lugar más sagrado del judaísmo.

Glick, rememoraba Barnea, se presentaba como guía turístico y siempre tenía problemas con la Policía, que le impedía subir y trataba de alejarlo de la Explanada, ya que su presencia generaba protestas.

“Su misión en la vida ha sido quebrar el statu quo del Monte del Templo”, puntualizó. Esa pasión la llevaba a los pasillos del Parlamento israelí, contagió a líderes de la ultraderecha nacionalista y sionista, y ahora, cree Barnea, es un verdadero peligro.

“Esto es malo y preocupante. De todos los lugares de Jerusalén, el Monte del Templo es el más sensible, el más cargado y el más peligroso”, resaltó en el diario Yediot Aharonot . “Tiene la capacidad de convertir nuestro conflicto nacional en una guerra de religión. Es mejor dejarlo de lado: esta pira debe ser extinguida (...)”, advirtió.

Un aviso que el jueves volvieron a obviar los líderes de ultraderecha, inscritos en el Gobierno, que pidieron al primer ministro, Benjamín Netanyahu, modificar el statu quo en respuesta al ataque contra Glick, quien se debate entre la vida y la muerte.

Desde que en 1994 Jordania e Israel firmaron un acuerdo de paz, estas 15 hectáreas en el corazón del casco antiguo están bajo supervisión del Ministerio de Asuntos Religiosos hachemí. En su cima destacan el domo de la Roca y la mezquita de Al- Aqsa.

Según la tradición musulmana, desde allí el profeta Mahoma partió a lomos del caballo mitológico Buraq para su visita mística a los cielos.

Lugar de peregrinación durante siglos, es uno de los espacios en los que sueña rezar cualquier musulmán.

“En los últimos años, un cambio tuvo lugar por la parte judía: religiosos sionistas comenzaron a visitar el Monte del Templo. Ellos mismos se eximieron de la prohibición religiosa y algunos de ellos eligieron rezar ahí y enfrentarse al Wafq y a la policía", recuerda Barnea.

Las subidas, cada vez más recurrentes y custodiadas por la policía, desataron las protestas de los musulmanes, que las consideran una provocación.

Y han elevado la tensión en torno a este pedazo de los tierra que los judíos anhelan pero que los religiosos ultraortodoxos y la mayoría de los laicos se abstienen de pisar.

Una tensión que se ha duplicado en los últimos meses y que ha llevado al gobierno israelí a impedir sucesivamente el rezo a los menores de 40 años, después a los menores de 50 años hasta el cierre al rezo musulmán ayer.

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