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Primavera Árabe todavía no apaga gritos de descontento

Actualizado el 04 de julio de 2013 a las 12:00 am

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Primavera Árabe todavía no apaga gritos de descontento

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Madrid. El grito del desencanto de la Primavera Árabe resonó en la plaza Tahrir de El Cairo, mientras que la Primavera busca un lugar a sangre y fuego en Siria y vive silenciosa en Túnez, Yemen, Libia, Baréin y Jordania.

El clamor de la frustración retumbaba en la emblemática plaza ante el incumplimiento de las expectativas político-económicas generadas por el presidente Mohamed Mursi, principal ganador de la revuelta del 25 de enero.

“Váyase”,   decía  esta pancarta que manifestantes que adversaban  a Mohamed Mursi mostraron el domingo anterior  durante una protesta frente a la palacio presidencial en El Cairo. | AP
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“Váyase”, decía esta pancarta que manifestantes que adversaban a Mohamed Mursi mostraron el domingo anterior durante una protesta frente a la palacio presidencial en El Cairo. | AP

El triunfo del “moderado hermano musulmán” en las elecciones democráticas celebradas en junio del 2012, con el 51,7 % de los votos, trajo esperanzas de un renacimiento o Nahda , pero como él mismo reconoció el 30 de junio al cumplir un año de gobierno, se necesitan “profundas y rápidas” reformas en el país del Nilo.

Aunque la llama del descontento y la frustración la prendió el joven tunecino Mohamed Buazizi al inmolarse en diciembre del 2010 ante las nulas oportunidades vitales, la Primavera Árabe en Egipto fue la que mayores esperanzas despertó debido a su tradicional peso en el mundo árabe.

En la actualidad, la Primavera guarda silencio en Túnez en su búsqueda de consolidación y donde cuenta con el apoyo de la Unión Europea como salida a sus mercados.

En Siria, Bashar al-Asad, aquel joven que a su llegada al poder, tras la muerte de su padre en el 2000, hizo pensar en que dirigiría el país con nuevas políticas, dio carpetazo a toda esperanza al reprimir, a sangre y fuego, las manifestaciones surgidas en marzo del 2011, en demanda de mayores libertades.

La Primavera siria se tiñó de sangre con una guerra civil en la que ya han muerto más de 90.000 personas, según cifras de las Naciones Unidas, y vive inmersa en “matanzas ejecuciones sumarias y torturas” por parte del régimen y de los opositores.

En los últimos meses las alegaciones, rumores y acusaciones por ambas partes del uso de armas químicas van en aumento.

En Libia, los partidos políticos tienen aún pendiente una etapa nacional de consensos para culminar la transición tras el fin del régimen del dictador Muammar Gadafi , en octubre de 2011.

La Asamblea Nacional libia publicó este año una ley que excluye de la vida política a toda persona que haya ocupado un puesto de responsabilidad durante el régimen de Gadafi.

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En Yemen, el presidente Abdo Rabu Mansur Hadi, elegido en febrero del 2012 para liderar el proceso de transición hacia la democracia, tiene pendiente la preparación de elecciones presidenciales y legislativas para febrero del año próximo.

En Baréin, a mediados de junio, decenas de personas resultaron heridas en enfrentamientos entre manifestantes opositores y la Policía, que hizo un uso excesivo de la fuerza para reprimir las protestas, denunció la opositora Coalición 14 de Febrero.

Otros grupos de derechos humanos han insistido en la necesidad de que las autoridades bareiníes liberen a los detenidos durante las protestas contra el régimen que estallaron en febrero de 2011 y que se adopten reformas democráticas.

En Jordania, en una reunión celebrada en mayo a orillas del mar Muerto, el presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, pidió apoyo a las actuales transformaciones que vive el mundo árabe tras las revueltas de la llamada Primavera Árabe.

Schwab instó a los participantes centrarse en la creación de empleo, sobre todo para los jóvenes: unos 100 millones, el 30% de la población de la región.

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