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Hasán Ruhaní, presidente de Irán, hace gala del equilibrismo político

Actualizado el 20 de mayo de 2017 a las 02:31 pm

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El presidente iraní, Hasán Ruhaní, saludaba el sábado luego de emitir un mensaje por televiión en Teherán. (AFP)

Dubái, Emiratos Árabes Unidos

Como enviado principal del Gobierno iraní a las negociaciones nucleares, Hasán Ruhaní se ganó el apodo de "jeque diplomático" en el 2004, cuando los negociadores alcanzaron un acuerdo bajo el cual la República Islámica frenó todo su programa de enriquecimiento de uranio. Más de 10 años más tarde, ya como presidente, fue el mismo Ruhaní quien haría un trato con las potencias mundiales para limitar de nuevo el programa atómico de Irán, mostrando una vez más el pragmatismo del clérigo a la hora de negociar con Occidente.

Sin embargo, el programa nuclear de Irán es apenas una parte de la identidad de este clérigo de 68 años, quien el sábado ganó las elecciones por un margen amplio y que gobernará por un segundo mandato de cuatro años.

Como parte del séquito del fundador de la República Islámica, Rujolá Jomeini, Ruhaní se opuso al reinado del sha de Irán, tuvo puestos delicados relacionados con la defensa durante la larga guerra del país con Irak en la década de 1980 y supuestamente formó parte en un comité que buscaba a los opositores del Gobierno iraní en el extranjero con el  fin de asesinarlos.

Equilibrista político. Aunque Ruhaní ha dado muestras de la apertura de Irán al mundo, sigue formando parte de su pequeña estructura de poder, dirigida por clérigos. Sin embargo, aunque no promete cambios generalizados, ha criticado cada vez más a los políticos intransigentes, demostrando habilidad para equilibrar las fuerzas en competencia dentro de Irán.

"Dije que es bueno que funcionen las centrifugadoras, pero asimismo es importante que el país funcione también y que giren los engranajes de la industria", expresó Ruhaní durante su primera campaña presidencial en el 2013.

Nacido el 12 de noviembre de 1948, Ruhaní  creció en Sorkheh, un pueblo de la provincia de Semnan, en el norte de Irán. Su padre, que mantuvo a la familia chií con las utilidades que generaba su pequeña tienda de especias, fue uno de los primeros de su pueblo en realizar el hach, una peregrinación religiosa a lugares sagrados en Arabia Saudí, que todos los musulmanes sanos deben hacer al menos una vez en su vida.

Ruhaní  se integró a un seminario y pronto cayó bajo la influencia de Jomeini. A los 16 años, se convirtió en un portavoz del clérigo exiliado. Posteriormente,  estudió Derecho en la Universidad de Teherán y durante un tiempo vivió en Londres antes de regresar a Irán, bajo el dominio de la Revolución islámica de Jomeini.

En el círculo de poder. Ruhaní ocupó pronto varios cargos en el nuevo gobierno islámico. Fue legislador, reorganizó el Ejército y supervisó la emisora  estatal de Irán, un altavoz valioso para Jomeini.

Después de que Irak comenzó la guerra con Irán, desempeñó  varias posiciones de defensa. Luego ingresó al Consejo Supremo de Seguridad Nacional y reportaba directamente al líder supremo, Alí Jamenei. También se desempeñó como asesor de seguridad nacional para el entonces presidente Akbar Hashemi Rafsanjani, cuya actitud pragmática hacia el mundo emularía Ruhaní más tarde.

Durante este tiempo, grupos de los derechos humanos alegan que Ruhaní fue miembro de un comité extraconstitucional que planificó el asesinato de opositores y exiliados en el extranjero. Ruhaní  no ha respondido a esos señalamientos.

En setiembre del 2013, Ruhaní y Barack Obama hablaron por teléfono, el intercambio de más alto nivel entre los dos países desde la ocupación de la Embajada de Estados Unidos en 1979 y la crisis de rehenes en Teherán. Para el 2015, las potencias mundiales alcanzaron un acuerdo con Irán.

Hablando ese año más tarde en Naciones Unidas, Ruhani manifestó  que consideraba el acuerdo "no como el objetivo final, sino como un acontecimiento que puede y debe ser la base de logros futuros".

"Digo a todas las naciones y gobiernos: no olvidaremos el pasado, pero no queremos vivir en el pasado", planteó Ruhaní. "No olvidaremos la guerra y las sanciones, pero miramos hacia la paz y el desarrollo".

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