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Sirios arriesgan su vida para huir de la guerra

Actualizado el 07 de enero de 2015 a las 12:01 am

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Sirios arriesgan su vida para huir de la guerra

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Milán

Abandonados en el frío, mareados y angustiados, unos 800 pasajeros del buque Blue Sky M huyeron de la guerra en Siria en condiciones terribles, con la esperanza de que ese "viaje de la muerte" les depare un futuro mejor en Europa.No hace tanto, Mustafa y Ragda pertenecían a la clase media de Alepo, la capital económica de Siria. Cuando el conflicto convirtió la ciudad en un campo de batalla, se unieron a los regimientos de refugiados en las fronteras del país.Sin embargo, tras haber perdido la esperanza de volver a casa o de conseguir un visado para seguir su andadura, recurrieron a los vendedores del sueño europeo en Internet, que les prometieron un viaje seguro para ellos y sus tres hijas de 18, 20 y 30 años."Nos costó 6.000 euros por cabeza, pagamos ese dinero en Turquía donde vivimos durante dos meses. Algunas personas vendieron terrenos, casas o tiendas, antes de poder permitirse el viaje", explica Mustafa. 

Migrantes sirios permanecen en un centro de refugiados en Milán tras llegar a Italia a bordo del barco Blue Sky M.
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Migrantes sirios permanecen en un centro de refugiados en Milán tras llegar a Italia a bordo del barco Blue Sky M. (AFP)

"Afrontamos numerosas tormentas, hacía un tiempo de perros. El barco rezumaba agua que caía sobre la cabeza de la gente. El buque zozobraba en todas lados", cuenta Ragda. "Estábamos en peligro y teníamos frío. El agua desbordaba en todas partes".

Las provisiones son escasas, pero pocos pasajeros se preocupan por eso. "La gente se mareaba y vomitaba todo el tiempo. Nadie podía comer", asegura Ragda.

Una de sus hijas tuvo problemas cardíacos por el estrés.

Varias fotos tomadas por su hija mayor, embarazada de siete meses y cuyo marido llegó a Italia unas semanas antes, muestran a los inmigrantes, tendidos en filas apretadas, cubiertos por mantas al fondo de una cala oxidada donde la luz atraviesa una cubierta destartalada. Unos adultos duermen, algunos niños charlan, varias toallas intentan secarse en una cuerda.  El Blue Sky M pasó varios días atracado en la costa de Turquía, el tiempo suficiente para introducir los inmigrantes a bordo. Tras su partida, bordeó el litoral griego y consiguió que le permitieran resguardarse en una bahía a causa del mal tiempo.Allí se esfumó la tripulación, mezclándose probablemente con los inmigrantes, tras haber dejado el piloto automático con rumbo a las costas italianas.

La familia de Mustafa y Ragda, así como los demás pasajeros, cuentan que no se percataron de la desaparición de la tripulación, y afirman que les sorprendió la llegada de marinos italianos a bordo de un helicóptero.

"Afrontamos numerosas tormentas, hacía un tiempo de perros. El barco rezumaba agua que caía sobre la cabeza de la gente. El buque zozobraba en todas lados", Mustafa, ciudadano sirio.

Esos miembros de la guardia costera italiana tomaron el control del barco a menos de nueve kilómetros de un acantilado y condujeron el Blue Sky M hacia el puerto de Galípoli (sureste de Italia) en la madrugada del 31 de diciembre.

Incertidumbre. Según las últimas estadísticas del Ministerio de Interior, 170.000 inmigrantes clandestinos llegaron a Italia en 2014, una media de 465 por día. Como muchos inmigrantes, Mustafa y Ragda pensaban seguir su viaje hacia países como Alemania o Suecia, donde las perspectivas de acogida y de trabajo son mejores.

No obstante, al llegar a Italia, les tomaron las huellas dactilares y demostraron así su paso por el país. Ahora no podrán presentar una demanda de asilo político en otro Estado de la Unión Europea.Agotados y muy enfadados contra las autoridades italianas, consideran que se les trató "como a prisioneros", y siguen imaginando un futuro más al norte. Mientras tanto, esperan en el centro de acogida Farsiprossimo Onlus cerca de Milán, que les proporciona una cama, comida y ropa. Majed, un estudiante de 21 años que viajaba en el barco, se esperaba una epopeya como esta: "lo llaman el viaje de la muerte. Pero si uno quiere ser feliz, debe viajar a Europa. En el barco había muchos bebés, niños y mujeres. Nos decíamos siempre que estábamos allí para construir un futuro mejor para nosotros y para nuestros hijos".

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