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Bashar al-Asad se aferra al poder tras cuatro años de guerra

Actualizado el 12 de marzo de 2015 a las 09:08 am

El líde sirio ha recuperado territorio y su caída ya no se ve como un hecho eminente

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Bashar al-Asad se aferra al poder tras cuatro años de guerra

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El régimen de Asad controla 40% del territorio sirio (AP)

Beirut

Los países occidentales y árabes confiaron en que pasaría rápidamente a las páginas negras de la historia cuando estalló la revuelta, pero el presidente sirio Bashar al-Asad está ahora instalado sólidamente en el poder, pese a cuatro años de guerra devastadora.

El hombre fuerte de Damasco es incluso considerado un interlocutor ineludible por un número de países que luchan contra el grupo Estado Islámico (EI) en Medio Oriente.

"La posición de Asad mejoró en el plano internacional", constata Volker Perthes, director del Instituto Alemán de Política Exterior. "Estados Unidos, la Unión Europea y otros países ya no piden su partida inmediata".

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(AFP)

El presidente sirio "ha perdido toda legitimidad, pero no tenemos otra prioridad más importante que desestabilizar y derrotar a Daesh (acrónimo en árabe del EI)", explica John Kerry

Incluso la oposición en el exilio no condiciona el diálogo a su renuncia, si bien espera que esta se acaba produciendo.

A su vez, Rusia e Irán siguen siendo los aliados más fieles de Asad.

Perthes, autor de "Siria bajo Asad", subraya las recientes declaraciones en "Estados Unidos o en capitales europeas, que indican una aceptación de facto, de manera directa o indirecta, de su permanencia en la presidencia y la búsqueda de una coalición de unidad nacional que pueda incluir a Asad y a la oposición antiyihadista".

"Al margen de Francia, Gran Bretaña y Dinamarca, que rechazan cualquier papel de Asad en el futuro de Siria, muchos países europeos piensan que después de cuatro años, esta posición ya no se aguanta", afirma un diplomático europeo.

Cita en especial a Suecia, Austria, España, Rumanía o Polonia. Pero estos países "son demasiado débiles (diplomáticamente) para hacer escuchar su voz", indica.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, describió claramente la nueva situación: El presidente sirio "ha perdido toda legitimidad, pero no tenemos otra prioridad más importante que desestabilizar y derrotar a Daesh (acrónimo en árabe del EI)", que controla vastos territorios de Siria e Irak, declaró.

Asad, brevemente considerado un reformador antes de ser tachado de autoritario por haber reprimido a sangre y fuego cualquier tipo de protesta, debió de regocijarse con las declaraciones el 13 de febrero del mediador de la ONU, Staffan Mistura, que dijo que este formaba "parte de la solución".

"El régimen sirio, incluido por supuesto su dirigente, es el interlocutor de la comunidad internacional aunque oficialmente los Estados occidentales, turco y árabes no dialogan con él", destaca Suhail Belhadj, investigador del Instituto de Estudios Superiores Internacionales y de Desarrollo en Ginebra y autor de "La Siria de Bashar al-Asad. Anatomía de un régimen autoritario".

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Asad puede vanagloriarse de haber estabilizado el frente militar tras las derrotas de su ejército frente a los rebeldes al principio de la guerra. Incluso ha logrado varios avances, gracias sobre todo al apoyo determinante del Hezbolá libanés y de los Guardianes de la Revolución iraníes.

Actualmente, el régimen controla 40% del territorio sirio —incluidas las grandes ciudades, salvo Raqa (norte) y la mitad de Alepo (noroeste)— donde vive 60% de la población.

Explicación del conflicto en Siria (María Luisa Madrigal, Gustavo Arias)

Pero todavía no ha ganado la partida, ni mucho menos.

"El régimen se siente en una posición de ventaja militarmente (...) Pero el futuro corre el riesgo de ensombrecerse en el plano económico puesto que sus dos principales apoyos, Irán y Rusia, sufren a su vez económicamente", explica David Lesch, autor de "Siria: la caída de la casa Asad".

Para este profesor de historia de Medio Oriente en la universidad Trinity de San Antonio (Estados Unidos), "el régimen tiene una oportunidad diplomática", puesto que muchos países "han suavizado su posición".

Y Asad debe darse prisa en negociar, puesto que "esta ventana solo permanecerá abierta seis meses, antes de que la campaña presidencial entre de lleno en Estados Unidos, lo que reducirá la flexibilidad" de Washington, añade.

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