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Huracán Matthew golpeó el país hace dos semanas

El abandono y la resignación imperan en la ciudad de Les Cayes, Haití

Actualizado el 18 de octubre de 2016 a las 02:03 pm

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El abandono y la resignación imperan en la ciudad de Les Cayes, Haití

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Bajo la lluvia, estos haitianos esperaban el lunes en Les Cayes la entrega de víveres por parte del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. (AFP)

Les Cayes, Haití

El huracán Matthew arrasó Haití hace dos semanas, pero poco han cambiado las cosas en Les Cayes, la tercera ciudad más importante del país, que ahora se encuentra desolada con muchos de sus habitantes resignados a no recibir ayuda.

La noche del paso de Matthew un cocotero cayó sobre la casa de Yolette Cazenor, quien al día siguiente narró a la AFP su difícil experiencia. Los días han pasado y el tronco sigue ahí. La única diferencia es que han sido colocadas unas paupérrimas planchas para protegerse del sol.

"Hemos puesto estas placas para tener algo de sombra durante el día", explica Michel Donald, vecino de Yolette, otro damnificado del huracán. "Dentro hemos puesto una enorme lona de plástico en el techo y varios cubos debajo de la cama".

Pero estos arreglos caseros han servido de poco: "Anoche no pudimos dormir", cuenta este joven de 22 años.

El meteoro, que golpeó al país más pobre de América con vientos de 230 kilómetros por hora, dejó alrededor de 400 muertos, millares de viviendas destruidas, infraestructura destrozada y el desafío de una mayor arremetida del cólera.

Les Cayes sufre cada noche fuertes tormentas --típicas de la temporada--, que obligan a los ciudadanos a esperar los rayos del sol para secar las pocas pocas pertenencias que salvaron hace dos semanas.

El esposo de Yolette se esmera en cortar las ramas de un gran mango caído en el patio de la casa. Está solo y se vale únicamente de su machete porque nadie ha venido a ayudarle a sacar los escombros.

Love Manie Simeus, de 12 años, junto a lo que quedó de la casa de su abuela en la aldea de Mersan, en Les Cayes, Haití. Como miles más, el huracán la dejó en el desamparo.
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Love Manie Simeus, de 12 años, junto a lo que quedó de la casa de su abuela en la aldea de Mersan, en Les Cayes, Haití. Como miles más, el huracán la dejó en el desamparo. (AP)

En el centro de la ciudad, varias máquinas del Ministerio de Obras Públicas del Gobierno dominicano comienzan a retirar los tallos y la basura que se acumulan en las principales calles.

Espera incierta. Ketia Jeannejuste ha buscado refugio en casa de su madre, donde pasa los días esperando a que ocurra algo.

Hasta principios de octubre llevaba una vida rural muy tranquila en Cavaillon, a 10 km de Los Cayos. Se ocupaba de su ganado y de vender pequeños productos agrícolas. Pero tras el paso de Matthew no le ha quedado nada.

Los libros de la escuela de la aldea de Mersan, en Les Cayes, Haití, se secaban al sol el lunes. (AP)

"Sé que han llegado muchas cosas a Les Cayes, pero nosotros todavía no hemos recibido ninguna ayuda", lamenta esta mujer de 25 años.

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"Me gustaría saber por qué, ¿acaso las autoridades locales se lo han dejado todo?, no lo sé", señala Ketia, con gesto de desesperación.

Del otro lado de la calle, inundada por la tormenta de la noche anterior, Emeline Damine, de 43 años, se une a la conversación.

"Los que no han sufrido las consecuencias han recibido la ayuda, pero los más vulnerables no han recibido nada", asegura.

"Además, estamos a punto de celebrar elecciones, todo se ha politizado y la política son solo palabras, nada llega al terreno", afirma.

Damnificados por el huracán Matthew esperaban el lunes la entrega de alimentos en Les Cayes, Haití. (AFP)

Los comicios presidenciales y legislativos previstos para el 9 de octubre fueron pospuestos al 20 de noviembre, un año después de que se celebrara la primera vuelta anulada por fraude masivo.

Este interminable proceso electoral ha cansado a Emeline, que no entiende cómo el país puede pensar en votar cuando tantas familias haitianas están afectadas.

La realidad de los golpeados. "Los habitantes de Puerto Príncipe tienen que venir a ver los destrozos: Haití no es sólo Puerto Príncipe", señala. "Los ciudadanos piensan que somos animales, que no servimos para nada, pero el sur alimenta Puerto Príncipe", subraya con orgullo en la voz.

"Tendrían que tomarse más en serio esta catástrofe porque, en solo unos días, verán la importancia que tiene el sur cuando ya no encuentren plátanos, mangos y limones (en los mercados). Entonces entenderán lo que significa 'la vida cara'", afirma con dureza Emeline.

Ketia la escucha atentamente con una mirada de aprobación, pero tiene claro que no ejercerá su derecho como ciudadana: entre todas las cosas que ha perdido también está su identificación como votante.

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