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Contienda electoral en Colombia

Humberto de la Calle, negociador de la paz con las FARC: ‘Volver trizas el acuerdo es una propuesta macabra’

Actualizado el 16 de septiembre de 2017 a las 06:00 pm

El jefe negociador del gobierno de Juan Manuel Santos con la exguerrilla asume el riesgo de ser el candidato defensor del pacto de paz en un país escéptico y polarizado.

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Humberto de la Calle, negociador de la paz con las FARC: ‘Volver trizas el acuerdo es una propuesta macabra’

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El abogado y político colombiano, Humberto de la Calle, lanzó su candidatura presidencial el 9 de agosto del 2017. (María Margarita Rivera para LN)

Bogotá

Humberto de la Calle Lombana fue el negociador del Gobierno colombiano durante cuatro años en los diálogos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC),  y recientemente anunció su candidatura presidencial para las elecciones del 2018.

El resultado de las conversaciones en La Habana con los exguerrilleros fue un acuerdo que polarizó a Colombia. Las encuestas pronosticaban una aprobación cómoda del pacto en el plebiscito que se efectuó en octubre del año pasado, pero 50,2% de los ciudadanos lo rechazaron y el convenio debió ser renegociado. Un mes después fue aprobado en el Congreso.

Ser el jinete de la paz en un país dividido políticamente es jugar una carta peligrosa. Aún más en momentos cuando la popularidad del presidente Juan Manuel Santos ronda el 20% y la aprobación del proceso de pacificación está debajo del 50%.

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De la Calle nació en Manzanares, Caldas, y tiene 71 años. Además de negociador de paz, ha sido juez, escritor, docente, registrador nacional, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, ministro en dos ocasiones, embajador, precandidato y vicepresidente.

Ahora dirige sus fuerzas a un nuevo intento por ser madantario. Quiere formar una coalición para evitar la segunda ronda electoral y abrió la recepción de propuestas de la ciudadanía con el fin de incluirlas en su plan de gobierno. En una entrevista concedida a La Nación en Bogotá, afirmó que le preocupa que la oposición intente traerse abajo el acuerdo de paz y reconoce que el resultado del plebiscito lo tomó por sorpresa.

-¿Hay alguna similitud entre poesía y política?

-Hay bastantes, naturalmente en función también del temperamento de cada quien. En efecto, pensé que mi vocación inicial iba a ser esa, incluso alcancé a cometer algunos versos de los cuales por fortuna son desconocidos. Luego, vino este movimiento literario que se llamó el nadaísmo que era como una forma de destruir mitos, de generar una nueva forma de expresión. Yo pertenecí a ese movimiento en las ligas inferiores, porque era mucho más joven que los demás, pero todo eso me ha dado una orientación que hoy es útil.

"Primero, la capacidad de destruir mitos, un cierto escepticismo frente a la vida, que es un escepticismo no pesimista, pero sin excesos de optimismo para también estar preparado para los fracasos. En resumen, creo que hay relación, pero adicionalmente hace poco un amigo me dijo: 'tenga en cuenta lo siguiente: la administración pública es prosa, una campaña política es poesía'".

-A menos de un año de las elecciones, usted no está bien posicionado en las encuestas. ¿Le está saliendo caro ser el candidato de la paz en un país tan polarizado?

-Es cierto que si uno limita a la defensa del acuerdo obtenido en el Teatro Colón, pues esa es una visión insuficiente. Mi tesis es que el acuerdo no puede echarse atrás, pero pensando en el futuro no en una discusión hacia el pasado. Algunos dicen que hay que volver trizas el acuerdo, yo creo que esa es una propuesta macabra para Colombia, porque es regresar al pasado, permanecer atados al odio. En cambio, no estar en medio de este conflicto contando muertos todos los días, creo que es una oportunidad de cambiar muchas cosas. Hay un deseo generalizado de cambio, pero sin balas el cambio se facilita.

"No estar en medio de este conflicto contando muertos todos los días, es una oportunidad de cambiar muchas cosas", Humberto de la Calle, negociador de la paz con las FARC.

"Me parece que ahora lo que hay que discutir es desde la perspectiva de las oportunidades que brinda haber terminado un conflicto acometer otros temas que son los que más preocupan a la gente como su empleo. El desempleo en Colombia tiene unas cifras manejables, aún cuando no son excelentes, estoy seguro que cada empleado en Colombia cuando se despierta teme perder su empleo, hay problemas de inestabilidad, una gran informalidad. Luego, insuficiencias en la política social, y ahora la economía en una desaceleración importante después de 10 años de bonanza. Hay otras preocupaciones, yo estoy de acuerdo, pero hay que mirarlas desde la perspectiva del fin del conflicto y desde la implementación de una paz firme que es algo que ya no corresponde al Gobierno ni a las FARC, sino a toda la ciudadanía".

-¿Cuál es su estrategia para ganar más apoyo?

-Es necesario, primero, entender que el haber terminado un conflicto abre la puerta de transformaciones. En segundo lugar, me parece que también hay que presentar este punto de vista, la discusión sobre el acuerdo a veces lo que hace es disimular u opacar una discusión más importante que es la discusión entre el inmovilismo y el cambio. Quiero decir que muchas de las personas que votaron por el no en el plebiscito realmente lo que querían era no cambiar la situación de Colombia.

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"Un ejemplo, el de la reforma rural integral, una de las resistencias más grandes que vimos en el no fue justamente no tocar un tema de tierras que estructuralmente es muy adverso y muy injusto, y tradicionalmente lo ha sido en Colombia. Otro elemento, nosotros hablamos de enfoque de género en los acuerdos, entendiendo que la mujer ha sido muy victimizada, ha sido también objeto de violencia sexual, pero es también la portadora de la reconciliación y muchas personas dijeron que esto era una llamada ideología de género para destruir la familia, lo cual sencillamente fue una gran mentira, pero en el fondo era un propósito de mantener a la mujer en un esquema de segregación, de discriminación.

"El escenario es más grande, repito que es un escenario entre mantener una sociedad abierta, pluralista, que no discrimina o ir hacia el autoritarismo, hacia el fanatismo religioso, hacia el caudillismo, que me parece es un camino pésimo para Colombia".

-¿En qué momento decidió ser aspirante presidencial?

-Cuando empecé a ver que se proponía destruir los acuerdos  fue el momento en el cual me parecía que yo debía jugar un papel, justamente por haber tenido la voz no solo del Gobierno, sino yo diría de la sociedad colombiana, buscando el derecho a la paz. Creo que hay un espacio político para quienes además de lo que tiene que ver con el acuerdo buscan una sociedad más abierta, que no pierda el rumbo hacia el autoritarismo.

El comandante de la guerrilla de las FARC, Ivan Márquez (izq.), y el jefe de la delegación colombiana, Humberto de la Calle, se saludaron el año pasado luego de firmar el nuevo acuerdo de paz en La Habana, Cuba. (AFP)

"También tengo para ofrecer dos experiencias importantes en Colombia que han significado resolver problemas enormes, primero se convocó a una Asamblea Constituyente en 1991, yo fui el vocero del gobierno de entonces cuando se creía que el país iba al abismo, logramos una Constitución nueva, pluralista, progresista y yo vivo muy orgulloso de eso, arreglamos un enorme problema, y ahora con el acuerdo, aunque haya críticas, yo creo que también le dimos a Colombia una solución. Me siento como una especie de solucionador de grandes problemas. Lo que les pido a los colombianos es que examinen si esa experiencia es útil en la actual coyuntura".

-¿Realmente el Gobierno negoció el mejor acuerdo posible con las FARC o algo pudo ser diferente?

-Cuando dije que había que lograr el mejor acuerdo posible, le daba énfasis por igual a ambas palabras. ¿Qué quiere decir esto? Que por un lado hay que hacer un acuerdo, lo cual significa una negociación, no una imposición y, por otro, el mejor posible, siendo el mejor posible el que arregle el conflicto. No hay una especie de escala Ritcher para decir cómo se califica este acuerdo, porque eso depende de las circunstancias. El mejor acuerdo posible es el que, siendo acordado, resuelve el conflicto y eso fue lo que ocurrió.

"Siempre alguien puede quedar con tremendas insatisfacciones, hay sectores de la sociedad colombiana que no les gusta lo acordado, pero es el mejor acuerdo posible en el sentido en que es acuerdo y en que resolvió el conflicto y terminó una guerra de 52 años".

-¿Se precipitó el Gobierno al proponer un plebiscito para refrendar el acuerdo de paz?

-Era una condición desde el momento original, cuando se estableció la agenda, en la fase secreta en el 2012, el punto seis ya contenía la necesidad de una refrendación popular. Hubo muchas discusiones sobre los posibles caminos. En algún momento hablamos de otros tipo de referendo, incluso algunas personas dijeron que era innecesario.

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"El Congreso tiene facultades, pero la decisión de hacerlo fue mutua, entre el Gobierno y las FARC. Sobre la refrendación, las FARC tenían ciertas dudas acerca del mecanismo del plebiscito, pero la idea de la refrendación fue compartida, con el ánimo de darle más sostenibilidad jurídica y darle más legitimidad política a lo acordado, porque sabíamos que estábamos al frente de decisiones muy duras para los colombianos y por eso quisimos acudir a ese sistema.

"La Corte Constitucional señaló que el plebiscito era un acto político que no implicaba que se eliminaran las facultades ordinarias del Congreso para convertir en leyes lo acordado y esa es la razón por la cual hicimos un nuevo acuerdo. Recuerdo que estuve 138 horas con las personas del no y mis compañeros otro tanto y sobre ese nuevo acuerdo el 98% de las iniciativas fueron incorporadas. Entonces, siguiendo los lineamientos de la Corte Constitucional acudimos al Congreso.

"(Poco antes del referendo) pensé que no íbamos a tener una mayoría abrumadora, pero siempre creí que al final ganaríamos", Humberto de la Calle.

"Sigo pensando que fue una buena idea, lamentablemente estuvo muy mediatizada la discusión por mentiras, por las redes sociales, ciertas decisiones impopulares del Gobierno lo cual permitió que se mezclara Gobierno con plebiscito en una confusión de muchos de los votantes y una abstención enorme. Aún así yo no me arrepiento, me parece que el ejercicio tenía validez desde un principio".

-¿Le sorprendió el resultado?

-Relativamente sí. Al final yo pensé que íbamos a ganar por poco, en los últimos días pensé que las encuestas estaban equivocadas, que no íbamos a tener una mayoría abrumadora, pero siempre creí que al final ganaríamos. Finalmente, hubo esta pequeña diferencia, pero jurídicamente ganó el no y eso hay que reconocerlo como lo reconocimos.

-¿Qué le dejan los cinco años como negociador de un acuerdo de paz?

-Me dejó un crecimiento espiritual muy grande, porque yo creo que conozco mejor a Colombia ahora que antes y también me parece que soy más sensible a esa Colombia invisible que muchas veces olvidamos, desde las ciudades. Me parece que se ha perdido mucho la solidaridad en el tejido social colombiano, y haber tenido esa confrontación durante cinco años, y la llamo confrontación, porque nunca hicimos concesiones ideológicas, pero la mesa fue como un posgrado supremo sobre Colombia y también una apertura mental hacia la necesidad de intensificar soluciones para muchos colombianos que sufren y continúan sufriendo.

-¿Cuáles son sus prioridades de campaña?

-Lo primero es entender que cero conflicto  ya es un hecho trascendental en Colombia. A veces, los colombianos lo olvidamos, yo noto cierta indiferencia que preocupa. Desde el día que se decretó el cese bilateral, ya hace casi dos años, el número de víctimas en la confrontación con las FARC es cero, no ha habido ni un solo muerto desde ese momento, o sea, que hubo una decisión inmediata y eficaz.

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"Lo primero es mantener eso, que los colombianos entendamos que ese fue un hecho trascendental, y de ahí en adelante desde el prisma de la paz, que es algo que se construye, canalizando esa energía sin tener que estar gastando ansiedades en contar muertos y balas, me parece que podemos establecer propósitos. Ahora he pedido a los ciudadanos que me ayuden a configurar mi propuesta política, esto es algo inédito en Colombia.

"Estamos inundando los mecanismos de comunicación a través de Internet, estamos recibiendo propuestas de las personas, las vamos a examinar con cuidado, vamos a rendir cuentas de cuáles recibimos y en noviembre vamos a presentar la propuesta concreta".

-¿Cuál es el riesgo de ser el candidato anti-Uribe?

-Yo no quisiera que trabajáramos sobre "antis". Hay una gran polarización y a veces preocupa mucho. Yo esperaría que eso no fuera así. Sin embargo, sí creo que se ha perdido mucho la reflexión pública en Colombia, porque se ha reemplazado por el insulto. Veo una enorme agresividad cuando una persona propone una idea, quienes se oponen vienen a destruir a la persona, no la idea.

"De cierta manera no hay diálogo en la sociedad y yo creo que eso hay que remediarlo y eso no se remedia con leyes o programas gubernamentales, sino con la voluntad política de quienes estamos en esta tarea de raciocinar más, reflexionar. Yo lancé lo que llamé el 'plan nacional de valeriana' que eran una goticas de valeriana para los colombianos a ver si le bajamos tensión y agresividad a la discusión pública".

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Ximena Alfaro

Periodista

Periodista en la sección Mundo de La Nación. Bachiller en Periodismo en la Universidad Internacional de las Américas. Escribe sobre temas relacionados con el acontecer internacional.

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