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El país que acoge el Mundial de Fútbol

Nueva clase media de Brasil, en el círculo de consumo y deudas

Actualizado el 09 de junio de 2014 a las 12:00 am

Para dirigente de grupo que demanda vivienda, ese estatus constituye una ilusión

Economía basada en consumo interno es una salida de corto plazo, dice experto

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Nueva clase media de Brasil, en el círculo de consumo y deudas

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Elizabeth (nombre falso para proteger su identidad, centro) participa con otros miembros del grupo Bloque Negro en una protesta contra la Copa Mundial de Fútbol en una favela del norte de Río de Janeiro. La joven, de 21 años, trabaja en un laboratorio de hospital y gana 1.100 reales ($482) por mes, que no le alcanzan para satisfacer sus necesidades básicas. | AFP

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) pasará a la historia por haber sacado a 30 millones de brasileños de la pobreza extrema, para convertirse en sujetos de crédito, consumidores atormentados por deudas y demandantes de más y mejores servicios.

Ahora, con el país envuelto en huelgas y protestas antes de la Copa Mundial de Fútbol, surge la pregunta sobre el bienestar y las expectativas de esa llamada nueva clase media.

“La nueva clase media brasileña es una ilusión. Nuestro pueblo está muy descontento con el endeudamiento que ha causado el aumento en el consumo”.

Esto lo dice Guilherme Simoes, un coordinador del Movimiento de Trabajadores sin Techo de São Paulo, uno de los grupos más activos en las protestas contra el Mundial de Fútbol.

“Nuestras manifestaciones son por el derecho a viviendas y dignidad y contra los gastos del Mundial de Fútbol”, destacó.

“Protestamos para mostrar a todo el mundo que Brasil no es el ejemplo de desarrollo, sino de desigualdad y nuestro gobierno no respeta la democracia; la represión de las fuerzas de seguridad lo prueba”, manifestó.

Es la economía. Brasil, la sétima economía mundial, sorprendió al mundo en el 2010 con un crecimiento económico de 7,5%. Pero esa tasa no se mantuvo. En el 2011 el crecimiento fue de 2,7%, en el 2012, de 1% y en el 2013, de 2,5%.

Brasil ha adquirido una fuerte dependencia del mercado chino y, en los últimos años, Pekín decidió “enfriar” su economía, con lo cual se vio afectada la de Brasil.

Lo segundo que ocurrió fue que el Gobierno optó por una tasa cambiaria alta (2,2 reales por dólar) que, de acuerdo con las fuentes consultadas, ha hecho tambalear la industria y ha estimulado las importaciones. Las cuentas de la balanza comercial cuadran, por ahora, gracias a las exportaciones agrícolas y mineras.

Para Fernando Cardim de Carvalho, economista y profesor retirado de la Universidad Federal de Río, compensar la pérdida del sector industrial con la expansión de la producción agrícola y minera es solo un alivio de corto plazo.

Vuelta al subdesarrollo. Sin embargo, esa pérdida “nos condena a retornar a la condición del subdesarrollo que pensamos que habíamos dejado atrás hace décadas. Es en la industria donde ocurre el esencial progreso tecnológico, como mostró la experiencia asiática. En Brasil, en cambio, perdemos continuamente competitividad, especialmente por la sobrevalorización de la moneda local”.

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Contando con el poder adquisitivo de 40 millones de personas recién salidas de la pobreza (incluida la extrema), el Gobierno decidió estimular la economía por la vía del consumo interno.

Se acudió a la industria automotriz local y a la venta de electrodomésticos. Se bajaron los impuestos a los vehículos y se abarató el crédito para que todo el mundo pudiera comprar. El resultado es el fuerte endeudamiento del que hablaba Guilherme Simoes.

“Lula ayudó a reducir la pobreza, pero el país continúa siendo muy desigual. Rousseff sigue la politica de Lula y los intereses de las grandes corporaciones están satisfechos. Los pobres necesitan ir a las calles”, dijo Simoes.

Según este dirigente, el 15% de la población brasileña no tiene casa (unos siete millones) y el programa gubernamental “Mi casa, mi vida” no es suficiente para acabar con ese problema socioeconómico.

Dicho programa invirtió cerca de 160.000 millones de reales (alrededor de $73.000 millones) desde el 2009. Sin embargo, declaró Simoes, “su prioridad es el lucro de las empresas y no las viviendas para los pobres. La producción de viviendas no favorece a los más necesitados sino a las corporaciones de construcción civil”.

El acceso a la vivienda se dificulta también porque parte de esa nueva clase media, que antes vivía en ranchos de lata, ahora quiere comprar casa o un apartamento y esto ha contribuido a que se dupliquen los precios.

Sin aliento. “Este desarrollo es superficial y se basa en las políticas de endeudamiento. La infraestructura que muestran en los anuncios es muy poca en comparación con las necesidades”, concluyó Simoes.

El economista Cardim de Carvalho, ya citado, aseguró que la expansión del consumo interno puede ser una solución de emergencia, no una salida. “No es posible mantener el aliento de una economía dinamizada por el consumo apoyado por el endeudamiento.

”La inversión es crucial porque moderniza la economía, transforma su tecnología y aumenta su productividad, y porque aumenta la renta de los consumidores, les permite aumentar el consumo sin endeudar a sus familias”, señaló.

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Maricel Sequeira

msequeira@nacion.com

Periodista de El Mundo

Graduada de la UCR y trabajó durante muchos años en agencias de noticias. En La Nación ha sido editora de las secciones Viva y Mundo. En esta última área, donde ahora trabaja, tiene especial predilección por los temas políticos de Oriente Medio, Asia y África.

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