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Marcha del Orgullo Gay en Argentina con reclamos al papa Francisco

Actualizado el 09 de noviembre de 2013 a las 07:06 pm

Los asistentes reprocharon a la institución católica y al pontífice no dar espacio en la comunidad a los homosexuales.

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Buenos Aires

Dios nos creó gays para hacer mejor al mundo" defendía una enorme bandera con la imagen de la virgen que caía sobre los miles de participantes de la XXI Marcha del Orgullo Gay el sábado en Buenos Aires, que criticaron a la Iglesia y al papa.Pese a las conquistas sociales obtenidas por la sociedad argentina, que inundaron la marcha con un clima de fiesta, los asistentes reprocharon a la institución católica y al pontífice no dar espacio en la comunidad a los homosexuales.Un puñado de católicos gays levantaba la bandera frente a la Catedral de Buenos Aires, donde ofició como arzobispo Jorge Bergoglio antes de convertirse en el primer papa latinoamericano."Somos católicos y gays. ¿Dónde está el pecado?", pregunta a la AFP Norberto Lorenzo, de 46 años, artista plástico y psicólogo, mientras la sostiene junto a otros integrantes de la Comunidad Católica Gay Argentina, partícipe de la marcha que se celebra cada año desde 1992.Según Lorenzo, el aire renovador que ha llevado Francisco a la Iglesia Católica "no despertó grandes expectativas respecto a la inclusión de la comunidad homosexual. Es una institución 'caracol' donde los cambios llevan siglos"."Pero, ¿por qué nos vamos a ir de la Iglesia por ser gays? Yo incluso quise entrar al seminario, pero desistí. Tenemos varios integrantes que fueron seminaristas, todos somos creyentes", explica.Delante de ellos, cual procesión, los manifestantes llevan en alto una estatuilla de la virgen con su tradicional manto pintado multicolor, y varios aplausos espontáneos se suceden a su paso entre una multitud donde conviven gays, lesbianas, transexuales y heterosexuales, desde adolescentes hasta octogenarios."Basta de financiar a la Iglesia, por un Estado laico con educación sexual laica en todas las escuelas", rezaban otras pancartas, críticas del apoyo económico estatal a las escuelas religiosas.La colorida caravana de carrozas avanzaba desde la histórica Plaza de Mayo hasta el Congreso, donde por la noche cerraba la marcha con un beso colectivo y un concierto de rock y música electrónica.Como en cada marcha, los disfraces, la desnudez y la euforia estuvieron presentes en cada carromato.También hubo espacio para las banderas que recordaban las conquistas obtenidas en los últimos años, como la ley de matrimonio igualitario y de identidad de género. "Queremos visibilidad, sabemos que muchos vienen a mirar porque también hay un espectáculo y es que tenemos hambre por hacernos ver después de tantos años de ser ignorados", explica Lucy, una transexual que prefiere omitir su edad, con escultural figura y casi sin ropa en un alto de su baile desenfrenado sobre una plataforma. "Ama como quieras pero ama, no a la homofobia", decía el cartel de un puesto callejero de pan caliente que atiende Rocío Quiroga, una lesbiana de 23 años, feliz en medio del frenesí colectivo."Lo que siento es una enorme libertad cada vez que vengo a estas marchas, nadie te mira de reojo si besas a tu novia, esto es felicidad", dice mientras vende "el pan del amor", como lo llama.En medio de las banderas multicolores, también se agitan un puñado con los colores de Paraguay.

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Como en cada marcha, los disfraces, la desnudez y la euforia estuvieron presentes.
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Como en cada marcha, los disfraces, la desnudez y la euforia estuvieron presentes. (EFE.)
"Somos Gays, ese es el nombre de nuestro grupo, somos de Paraguay donde hay un avance revolucionario respecto a la aceptación de nuestra comunidad, aunque también una fuerza conservadora extraordinaria que nos margina", explica Sergio López, de 20 años, estudiante de Ciencias Políticas en su Asunción natal.

Según su visión, "en Argentina las leyes convalidaron algo que la sociedad ya aceptaba, pero en Paraguay persiste la marginación y el odio social". Entonces nuestra lucha es al revés, para que haya leyes que nos protejan y la sociedad empiece a respetarnos", explica.

La galería del histórico Cabildo hacía las veces de improvisado camerino, donde hombres y mujeres se entregaban a una transformación con diminutas mallas, delirantes disfraces, tocados de plumas y esmerados maquillajes sobre cuerpos desnudos.

"Somos todos iguales, somos todos diferentes", proclama la remera de Maximiliano Algañaraz, técnico de computación de 28 años.

"Vengo a divertirme con mis amigos y amigas gays y lesbianas. Somos una comunidad con muchas heridas, sigue siendo difícil, pero cada año damos un pasito adelante, por eso esto siempre es una fiesta", resumía antes de perderse entre la multitud dispuesto a celebrar hasta el amanecer.

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