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El EPP es un escurridizo enemigo para las fuerzas de seguridad

Guerrilla gana terreno en Paraguay

Actualizado el 02 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Rebeldes atacan sobre todo en zona rural dominada por grandes haciendas

Los esfuerzos del Gobierno por acabar con ese grupo han sido infructuosos

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Guerrilla gana terreno en Paraguay

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Tacuatí, Paraguay. Las guerrillas aparecieron al anochecer.

Blandiendo rifles de asalto, llegaron al remoto rancho ganadero vestidos con para’i (camuflaje en lengua guaraní) , aquí, en la frontera norte de Paraguay. Secuestraron a los guardias de seguridad en la finca de propiedad brasileña, liberaron a un supervisor, quien se apresuró a informar a las autoridades, y emboscaron a los policías que llegaron al lugar.

Cuando el bien orquestado asalto en agosto hubo terminado, cinco personas habían muerto, incluido un oficial de policía.

El golpe fue el más mortífero efectuado por el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) , oscuro grupo marxista rebelde que ejerce influencia a lo largo de grandes extensiones de esta nación de 6,6 millones de habitantes.

“Esto ya es una guerra declarada contra la República”, aseveró Francisco de Vargas, ministro del Interior.

Las insurgencias de grupos como el EPP, que ha estado eliminando específicamente a las fuerzas de seguridad en remotos asentamientos fronterizos, colocando bombas debajo de vehículos de la Policía y secuestrando y asesinando a paraguayos ricos, encuentran mucho menos margen de maniobra en América Latina en estos días.

A lo largo de la región, muchos de estos grupos han sido dispersados o incorporados a partidos políticos de izquierda, a medida que las dictaduras militares dieron paso a las democracias y la disidencia empezó a adoptar diferentes formas. Incluso donde las guerrillas persisten, están disminuyendo significativamente, como Sendero Luminoso en Perú, o buscando conversaciones de paz con el Gobierno, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A la inversa en Paraguay. Paraguay, uno de los países más pobres y con más desigualdad de América Latina, vive otra situación. Aun cuando la economía está creciendo, el Ejército del Pueblo Paraguayo está evolucionando de un fantasma irritante para las autoridades en Asunción, la capital, a una amenaza más amplia para la seguridad en una zona agreste y retrasada que es ya un centro para traficantes de marihuana, cultivada aquí en extensas plantaciones, y de cocaína andina enviada de contrabando a Brasil y Argentina.

Casi todo lo relacionado con el EPP está en disputa, desde su tamaño hasta su ideología, con una importante excepción: las operaciones del grupo se están intensificando este año, a partir de una insurgencia de combustión lenta en zonas donde se cree que la guerrilla se apoya en agricultores empobrecidos, irritados ante la expansión de fincas de frijol de soya a gran escala y de haciendas ganaderas.

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El grupo está llevando a cabo un ataque tras otro en puestos aislados de la Policía y militares, mientras siguen con asesinatos selectivos de campesinos acusados de colaborar con los servicios de seguridad. Hasta ahora, ha eludido toda campaña militar para erradicarlo.

Si bien las estimaciones oficiales de las víctimas asesinadas por el EPP se mantienen relativamente bajas, en pocas docenas, algunas áreas del norte de Paraguay han tomado la apariencia de zona de guerra, ahora que el Gobierno Central refuerza las patrullas militares y despliega unidades de operaciones especiales para hallar al EPP.

En Tacuatí, ciudad de 11.000 habitantes que se considera un bastión del EPP, agentes de la Policía que apenas dejaron la adolescencia, se aferran nerviosamente a sus rifles, entrecerrando los ojos ante los visitantes detrás de una barrera improvisada de sacos de arena. Unos tanques ruedan por carreteras cercanas. Camiones militares transportan a fuerzas de élite del Ejército, con los rostros cubiertos por pañuelos.

“Los soldados creen que van a encontrar al EPP”, dice Elizabete Schneider, de 32 años, propietaria de una pequeña tienda de comestibles en el camino solitario hacia la ciudad. “Pero las guerrillas son como fantasmas. Nadie los ve, nadie habla de ellos”.

Unidades del Ejército persiguen a un misterioso grupo rebelde al que se le atribuye un carácter esquivo desconcertante: suena como para evocar viejos cuentos como la novela de Graham Greene, de 1973, El cónsul honorario , acerca de guerrillas desorganizadas de, justamente, Paraguay, dirigidas por un sacerdote renegado, quienes secuestran al hombre equivocado, un británico.

Se cree que EPP fue creado en 1992 por seminaristas, similares a los rebeldes del libro de Greene. El grupo originalmente funcionaba como célula de un partido político de izquierda y en el 2004 estuvo implicado en el secuestro de Cecilia Cubas, de 32 años, hija de Raúl Cubas, expresidente de Paraguay. Su cadáver fue encontrado en una tumba poco profunda cerca de Asunción en el 2005 después de que su familia había pagado un rescate por su liberación.

“Los del EPP son marxistas que quieren tomar Paraguay”, manifiesta Bernardo Cristaldo Mieres, de 35 años, sacerdote católico romano en la ciudad de Choré, cuyo hermano menor, Manuel Cristaldo Mieres, líder del grupo, supuestamente fue el cerebro del plagio.

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El sacerdote asegura que no había hablado con su hermano desde hace nueve años. “Yo no apoyo su violencia”, comenta.

La guerrilla del EPP. Las estimaciones del tamaño del EPP ahora van desde poco más de una docena de combatientes rudos hasta unos 150, además de una red de apoyo más amplia en los pueblos pobres.

El documento publicado más importante del grupo, un manifiesto escrito por Alcides Oviedo Brítez, líder encarcelado, es “sorprendentemente superficial y poco impresionante”, señala Andrew Nickson, experto en Paraguay de la Universidad de Birmingham, en el Reino Unido.

En el manifiesto, el grupo, que adoptó su nombre actual en el 2008, propone la destrucción de la “democracia imperial-burguesa” y alaba a José Gaspar Rodríguez de Francia , el déspota que intentó aislar a Paraguay del resto del mundo en el siglo XIX, estableciendo un extraño Estado policial mientras se declara a sí mismo líder de la Iglesia católica romana de esta nación sin salida al mar.

Más allá de sus bases nacionalistas, el EPP se opone a la agricultura industrializada, con lo que alimenta el resentimiento en las zonas rurales sobre el crecimiento de las grandes haciendas de soya (muchas de los cuales son propiedad brasileña), generando, y en ocasiones obligando, el apoyo de los agricultores pobres en zonas donde los servicios públicos son mínimos.

En la zona original del grupo, los desafíos que enfrentan los rebeldes están claros. En tierras recientemente deforestadas, caracterizadas por hornos de ladrillo donde los campesinos convierten árboles talados en carbón vegetal, las haciendas de soya se están expandiendo. La deforestación representa una amenaza existencial para la guerrilla, lo que limita el terreno donde pueden esconderse de las fuerzas de seguridad.

Las guerrillas fueron culpadas por la muerte, en mayo, de Luis Lindstron, de 63 años, el exalcalde de Tacuatí y dueño de una operación de explotación forestal, quien fue muerto a tiros en una emboscada. El grupo lo había secuestrado en el 2008 y lo soltó después de más de 40 días de cautiverio.

Grupo escurridizo. Tratando de detener estos asesinatos, varios líderes políticos han intentado eliminar a los rebeldes. En el 2010, Fernando Lugo, entonces presidente, declaró el estado de emergencia y envió cerca de 200 soldados de élite, algunos entrenados por militares de Estados Unidos, para localizar a los rebeldes. En el 2011, el Gobierno Central lo intentó una vez más con el envío de unos 3.000 soldados y agentes de policía al territorio.

Si bien se hicieron algunos arrestos, el grupo sigue siendo escurridizo. Parece haber cambiado recientemente la estrategia, centrándose menos en secuestros y más en atacar haciendas grandes en un esfuerzo por obtener pagos de los terratenientes. El golpe aquí en agosto, poco después que el presidente Horacio Cartes tomó posesión, siguió este patrón.

Desde entonces, el EPP parece haber renovado los ataques contra las fuerzas de seguridad, incluida una emboscada en octubre en la que se cree que mató a tiros a un jefe policial en un convoy de vehículos oficiales.

Desde el nuevo puesto de avanzada militar del Ejército paraguayo en Tacuatí, una colección de tiendas y barracas, acondicionadas en los últimos meses, los soldados se despliegan cada día en rondas tars los rebeldes.

El estado de ánimo, una mañana reciente era decididamente relajado para un puesto de avanzada de contrainsurgencia. Funcionarios tomaban tereré, la infusión obligada de Paraguay, mientras que un aldeano rodaba un carrito, vendiendo cigarrillos Kentucky. Soldados en una tienda de campaña veían SWAT, una película del 2003 protagonizada por Samuel L. Jackson.

“Es más tranquilo aquí que en Horqueta”, dice el comandante Pedro Argüello, de 40 años, refiriéndose a la ciudad, donde un oficial veterano de la Policía fue asesinado hacía apenas unas horas, en un ataque atribuido al EPP.

“Sabemos que las guerrillas están por ahí”, expresó. “Simplemente no sabemos dónde”.

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