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Crisis política y económica amenaza los sueños de la clase media en Brasil

Actualizado el 19 de noviembre de 2015 a las 11:08 am

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Crisis política y económica amenaza los sueños de la clase media en Brasil

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Una crisis política ha impedido al gobierno de Dilma Rousseff ejecutar con celeridad un ajuste fiscal que incluye más impuestos y severos recortes en programas sociales. (EFE)

Caieiras

Mónica de Oliveira ya no podrá comprar ropa nueva para sus hijas ni llevarlas de paseo cada fin de semana. Sin empleo hace dos años, se ha convertido en una más de los millones de brasileños amenazados por la crisis económica.

Su marido quedó cesante hace poco y terminaron de despedirse de una renta familiar de $500 mensuales que obtenían con sus empleos de guardias de seguridad.

Soñaban con un carro nuevo y una casa más grande, pero tendrán que conformarse con su estrecha vivienda de ladrillos en Caieiras, a 40 kilómetros de Sao Paulo. Ya no pueden pagar ni los intereses de sus deudas con el banco.

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"Ya no habrá ropa nueva para mis tres hijas, no iremos al circo ni tendremos salidas de fin de semana al McDonald's", cuenta a la AFP esta mujer de 36 años. "Quería pagarles cursos, darles una mejor vida", lamenta.

Unos 40 millones de personas salieron de la pobreza en Brasil desde 2003, en gran parte gracias a políticas de distribución de renta aplicadas en los dos gobiernos de Luiz Inacio Lula da Silva (2003-10) y Dilma Rousseff, que lo sucedió.

En paralelo, el alto precio de las materias primas gracias a la demanda china apuntalaba el crecimiento de Brasil, un actor de primera línea mundial en la exportación de commodities como el mineral de hierro, la carne o el café.

Tal como sus compatriotas, Mónica de Oliveira vivió los años de esplendor de la economía brasileña, cuando el PIB llegó a crecer hasta 7,5% en 2010, había pleno empleo y la inflación estaba controlada. Las familias más pobres aumentaron sus ingresos y el acceso al crédito les abrió las puertas de bienes y servicios antes inalcanzables, como un aire acondicionado o un buen colchón de resortes.

Pero hoy, la crisis amenaza con hacerles emprender un amargo camino de regreso.

"Antes sentíamos que las cosas podían ser cada vez mejores. En cambio ahora, sin empleo, no tenemos nada", comenta Mónica.

Según un estudio del economista Adriano Pitoli, de la consultora Tendencias en Sao Paulo, unos tres millones de familias que habían logrado subir a la clase media entre 2006 y 2012 caerán de regreso a las capas más bajas entre 2015 y 2017.

La sétima economía del mundo intenta digerir en estos momentos un cóctel sombrío. Hay recesión desde el segundo trimestre y el PIB caerá más de 3% este año, mientras la inflación llegará a los dos dígitos, según prevé el mercado. El desempleo subió durante ocho meses seguidos y se estabilizó en la mayor tasa desde 2009 (7,6%).

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Analistas vaticinan además que el panorama empeorará, ya que la recesión durará dos años, algo inédito desde 1930-31.

Una crisis política ha impedido al gobierno de Dilma Rousseff ejecutar con celeridad un ajuste fiscal que incluye más impuestos y severos recortes en programas sociales. Y el país ha perdido no solo miles de millones de dólares sino credibilidad con un escándalo de corrupción en la gigante estatal Petrobras, que involucra a políticos y prominentes empresas en un esquema de sobornos y desvío de dinero.

La tasa de interés volvió a subir, encareciendo el crédito y aumentando el peso de las endeudadas familias brasileñas, cuyos niveles de consumo en la última década fueron otro potente motor para la expansión económica.

"Si consideramos la población que ascendió de la pobreza a la clase media (en la década pasada), vemos que son personas que tienen baja escolaridad, sin activos ni ahorros; acceden a empleos poco calificados y su red de contactos es muy limitada. Todo eso los hace muy vulnerables", comentó a la AFP Mauricio de Almeida Prado, socio director de Plano CDE, una encuestadora enfocada en las clases medias y bajas.

André Torreta, publicitario y socio de la consultora A Ponte Estrategia, apunta no obstante que aún es pronto para decir que la denominada "clase C" empobreció. "El mercado piensa en el dinero. Pero hay un empoderamiento que pasa por la educación, la digitalización" y hasta la autoestima de las personas que la crisis no les roba, dijo a la TV Folha.

Ana Paula Rodrigues, una excajera de supermercado de 35 años de edad, compró en los últimos años para sus hijos un computador, algunos juegos de video y varios pares de "buenos zapatos", cosas que ella nunca tuvo. Les pagó cursos de fútbol y los llevaba de paseo.

Entusiasmada, decidió asumir un riesgo: renunció a su trabajo hace un año y se inscribió en un curso para guardias de seguridad con la esperanza de duplicar su salario de $260 mensuales.

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Pero no consigue empleo.

"Me arriesgué, perdí y estoy pagando muy caro por eso", contó a la AFP esta mujer soltera y madre de tres hijos, mientras postulaba a empleos de baja calificación ofrecidos por la alcaldía de Sao Paulo.

Miles de personas acudieron la semana pasada a esta feria de trabajos, que por primera vez desde su creación en 2010 se realizó dos veces por año.

"Hoy, triste como estoy, acepto el trabajo que sea. Ya no puedo darme el lujo de escoger ni de arriesgar", dijo.

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