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Argentinos festejan 30 años de democracia ininterrumpida con deudas pendientes

Actualizado el 07 de diciembre de 2013 a las 11:18 am

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Argentinos festejan 30 años de democracia ininterrumpida con deudas pendientes

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BUENOS AIRES

Los argentinos festejan este martes por primera vez en su historia 30 años de democracia ininterrumpida, un logro institucional tras un siglo signado por golpes militares.En las ultimas tres décadas, la institucionalidad argentina condenó a los responsables de la sangrienta dictadura (1976-83) y resistió incólume alzamientos militares, crisis de gobernabilidad, hiperfinflación y estallidos sociales que derribaron presidentes."Creo que tenemos una democracia bastante consolidada en el sentido de la permanencia, de la perdurabilidad", dijo a la AFP el sociólogo Atilio Borón.El mayor período de estabilidad democrática en 200 años se inició el 10 de diciembre de 1983, con el fallecido presidente socialdemócrata Raúl Alfonsín (1983/89), que sucede a la cruenta dictadura iniciada en marzo de 1976.El régimen de facto convoca a elecciones tras la derrota en la  guerra   con Gran Bretaña por las islas Malvinas en 1982, en medio de una grave crisis económica y una creciente protesta social.La dictadura argentina fue la única en la región que entregó el poder sin condicionar la transición, como sucedió en Brasil, Uruguay o Chile.Alfonsín inició su gestión convencido de que "con la democracia se come, se cura, se educa", como repetía en todos sus discursos.Pero la realidad se impuso con una fuerza brutal y lo obligó a entregar el poder de forma anticipada en medio de una hiperinflación del 5.000% anual."La transición fue riesgosa y complicada y el poder militar se mantenía en 1983 como una amenaza y los grandes grupos económicos que habían incrementado su capital y poder durante la dictadura", dijo a la AFP el historiador Felipe Pigna.El mandatario creó la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP), que produjo el informe "Nunca Más", con estremecedores testimonios de los sobrevivientes de los centros de exterminio.El histórico juicio a las juntas militares, denominado "El Nuremberg argentino", culminó en 1985 con la condena a reclusión perpetua del exdictador Jorge Rafael Videla, en cuya gestión se produjo la mayor ofensiva represiva.La incipiente democracia se enfrentó a varios peligros, como una hiperinflación descontrolada y una tenaz oposición peronista que se canalizó en los 13 paros nacionales convocados por la central sindical.En 1987 se produce la primera de tres sublevaciones militares 'carapintadas' para exigir amnistía a los crímenes de la dictadura y el gobierno cede impulsando la ley de "Obeciencia Debida", que exculpa a unas 1.200 personas.Dos años después, en medio de una ola de saqueos con muertos y heridos y una hiperinflación anual de 5.000%, Alfonsín entrega ancipadamente la presidencia a Carlos Menem (peronista neoliberal), que había ganado las elecciones en mayo y debía asumir en diciembre.Con la llegada al poder de Menem, las amenazas a la institucionalidad disminuyen. El gobierno se monta en la ola neoliberal que recorre el mundo y pone en marcha un vasto plan de privatizaciones que incluyen el petróleo, el gas y las telecomunicaciones, entre otros sectores.El intento de juzgar a los responsables de las violaciones a los derechos humanos queda finalmente sepultado con los indultos concedidos por Menem, que beneficiaron a militares y guerrilleros."El indulto es el puntapié para que empecemos a reconstruir la patria en paz, en libertad y en justicia", dijo el mandatario.Acosado por la hiperinflación, Menem establece en 1991 por ley que un dólar pasa a valer lo mismo que un peso argentino, una ilusión monetaria que se prolongó hasta 2001, cuando se produce la mayor crisis del país.La eclosión social estalla en diciembre de 2001 en las manos del presidente conservador Fernando de la Rúa, quien termina huyendo en helicóptero del techo de la Casa de Gobierno tras una jornada de masivas protestas callejeras que dejaron 30 muertos.De la Rúa renuncia en medio de una grave crisis, con 18,3% de desempleo, una creciente deuda externa y un descontento generalizado de la clase media por la implantación del "corralito", que restringía drásticamente los retiros bancarios.Tras la salida de De la Rúa, el país tuvo cinco presidentes en una semana y el último, el peronista Eduardo Duhalde, llama a elecciones a fines de 2002 y entra en la escena política nacional el peronista Néstor Kirchner.La democracia toma entonces nuevos rumbos en el marco de un plan de reindustrialización, sustitución de importaciones e inclusión social.Desde 2003 la economía tuvo un vigoroso impulso, con un crecimiento anual promedio del 8%, que permitió la creación de cinco millones de empleos y la mejora de salarios.Kirchner impulsa la reapertura de juicios por crímenes de lesa humanidad y en enero de 2007, entrega la presidencia a su esposa Cristina Kirchner, quien profundiza sus políticas nacionalizando la petrolera YPF y reestatizando Aerolíneas Argentinas y el sistema privado de jubilaciones y pensiones, entre otros sectores.Pero más allá de los conflictos políticos, Argentina no corre riesgos de nuevos embates militares."Afortunadamente podemos decir hoy que las fuerzas armadas por primera vez en la historia argentina no constituyen una amenaza para el sistema democrático", opinó Pigna.

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