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Apatzingán, ciudad vacía apetecida por autodefensas en Michoacán

Actualizado el 15 de enero de 2014 a las 12:00 am

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Apatzingán, ciudad vacía apetecida por autodefensas en Michoacán

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Un policía camina detrás de un rótulo en el que se avisa la suspensión del transporte escolar en Apatzingán. | AFP.

Apatzingán. AFP. Comercios cerrados, locales quemados y casquillos de fusil en el suelo. Las calles vacías de Apatzingán, la ciudad mexicana del estado de Michoacán que las autodefensas han sitiado para expulsar a Los Caballeros Templarios, muestran un panorama desolador.

“Recorra el pueblo, cuente los negocios abiertos. La iglesia está abierta porque tenemos que pedirle a Dios que no nos llegue una bala perdida, un granadazo ”, relata angustiada una mujer de 35 años que sale del templo, ubicado en el centro, donde solo uno de sus 27 comercios abrió sus puertas.

Apatzingán, que tiene unos 120.000 habitantes, es el gran objetivo de las autodefensas de Michoacán, los grupos de vecinos que se han armado contra el cartel de Los Caballeros Templarios y que han ido ocupando pueblos que consideraban bajo influencia de los narcotraficantes.

El domingo, las autodefensas tomaron el control de la localidad de Nueva Italia y terminaron de rodear Apatzingán. Aseguran que pretenden asaltarla pronto.

Esta, la mayor ciudad de la convulsa región michoacana de Tierra Caliente, ya ha sufrido los embates de la violencia que se ha apoderado de este estado en los últimos meses por la batalla entre autodefensas y los Templarios.

Desconocidos encapuchados quemaron parcialmente el viernes la alcaldía así como varios negocios y automóviles, en lo que fue considerado como una advertencia de los Templarios para que no intenten arrebatarles su gran feudo.

Desde entonces, la población del centro neurálgico y polo económico de esta región productora de limón y aguacate vive prácticamente encerrada en sus casas.

Más que la entrada de las autodefensas a Apatzingán, “lo que nos tiene con temor” son las quemas de negocios, de automóviles y bloqueos, cuenta Javier Cortés, el párroco de la localidad. “A pesar de que el Ejército y la Policía Federal están aquí, no sentimos seguridad”, añade el sacerdote.

Temor al fuego. En las calles aún hay casquillos de fusil regados en las banquetas y calles. En los locales incendiados y en la alcaldía se mantiene el olor a combustible con el que les prendieron fuego.

Las autodefensas ya intentaron apoderarse de Apatzingán en octubre, pero el Ejército las obligó a entrar al pueblo desarmados y después tuvieron que huir al ser recibidos a balazos.

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Las autoridades también temen el regreso de las autodefensas, que suelen neutralizar a los policías locales de los pueblos que toma para encargarse de la seguridad, quitándoles las armas y, en algunos casos, deteniéndoles.

“Aquí se dice que van a regresar y que nos van a desarmar. A ver qué nos hacen”, dice de forma anónima un comandante local de la Policía mientras muestra los daños en el edificio de gobierno.

Además, desde el fin de semana, los dos ingresos por carretera al poblado permanecen resguardados por retenes de las autodefensas, que prohíben el paso a distribuidores de gasolina y diésel.

Hernán Gómez Vargas, integrante de la organización civil Grupo Paz y Dignidad, considera que la presencia de los grupos comunitarios alrededor de Apatzingán ha generado incertidumbre .

“No necesitamos que nadie venga a salvar al pueblo”, dice.

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