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Los tártaros viven entre el miedo y la desconfianza

Actualizado el 02 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Los tártaros viven entre el miedo y la desconfianza

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Bajchisarái, CrimeaAFP Arrestos, desapariciones e incursiones armadas: desde que Rusia tomó el control hace un año de la península ucraniana de Crimea, los tártaros viven con miedo a Moscú, una situación que ha llevado a muchos a abandonar su tierra natal.

Desde el 18 de marzo de 2014, fecha de la firma del tratado de adhesión de Crimea a Rusia, veinte tártaros de Crimea han desaparecido, explica Umerov, diputado de la asamblea de tártaros de la península. La mayoría de ellos han sido encontrados, pero cuatro fueron asesinados y cuatro jóvenes siguen desaparecidos.

Para Umerov, “estas acciones buscan inculcar el sentido de la lealtad hacia las autoridades” en los tártaros de Crimea.

Una gran mayoría de esta comunidad musulmana de unas 300.000 personas boicoteó el referendo organizado en marzo sobre la incorporación a Rusia.

Desde entonces, entre 10.000 y 20.000 han optado por abandonar la península y mudarse a Ucrania, explica Umerov, quien ha decidido quedarse en su tierra natal.

Crimea

“En cada familia tártara de Crimea existe un sentimiento de miedo y de inseguridad aunque estemos en nuestra tierra”, lamenta Elvira Ablialimova.

Su marido, Ajtem Chigoz, vicepresidente de la Asamblea del Pueblo Tártaro de Crimea (Mejlis), fue detenido a finales de enero, acusado de haber organizado y participado en disturbios masivos durante una manifestación contra las autoridades rusas, hace un año.

Al día siguiente de su arresto, su casa, rodeada de francotiradores, fue registrada por 18 hombres, cuenta Ablialimova.

Como Chigoz, más de 150 personas han sido investigadas durante las últimas semanas por haber asistido a la manifestación convocada por Mejlis.

La protesta, el 26 de febrero de 2014 ante el Parlamento, dejó un balance de dos personas muertas.

Unas horas después, soldados fuertemente armados, vistiendo uniforme sin insignias distintivas, ocuparon el edificio y forzaron a los diputados a votar a favor de la subida al poder de un gobierno prorruso.

Por su parte, las autoridades consideran que los arrestos y los registros solo han afectado a los agitadores políticos y no a los tártaros de Crimea en tanto que comunidad.

Elvira Ablialimova en su casa de Bakhchysaray, Crimea.  | AFP
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Elvira Ablialimova en su casa de Bakhchysaray, Crimea. | AFP

Tras una rápida incursión armada, la Asamblea de los tártaros de Crimea tuvo que cerrar sus despachos. Sus miembros más importantes fueron expulsados de la península, cuenta Umerov.

Quedarse significa tomar una “decisión difícil”, confiesa Lilia Budjorova, corresponsal local de AFP y directora adjunta de la ATR, la cadena de televisión de la comunidad -abiertamente pro-ucraniana-, que emite en tres lenguas, el tártaro entre ellas.

El mes pasado, los locales de su cadena fueron registrados a fondo por unos cincuenta policías fuertemente armados, también en el marco de la operación que investiga la manifestación del 26 de febrero de 2014.

Una “táctica de intimidación”, juzga ella, después de que el gobernador de la península, Sergueï Axionov, advirtiera que Crimea no necesitaba ningún “medio de comunicación enemigo”.

“No puedo respirar aquí, pero no me iré porque esta es mi patria”, apunta. “No me marcharé, aunque seamos blanco de un ataque nuclear”.

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