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El papa Francisco rechaza vivir en la soledad

Actualizado el 20 de julio de 2013 a las 12:00 am

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El papa Francisco rechaza vivir en la soledad

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Ciudad del Vaticano. AFP. La negativa de Francisco de utilizar el prestigioso apartamento situado en el tercer piso del palacio pontificio, usado por todos los papas desde principios del siglo XX, es solo uno de los símbolos de la “vida normal” del Pontífice argentino desde su llegada al Vaticano.

Cuando llegó como cardenal para participar en el cónclave, Francisco se instaló en la casa de Santa Marta y todavía vive en esta residencia de paredes amarillas, situada al sur de la basílica de San Pedro.

El rostro del Papa en una estampilla que emitirá Brasil. | AFP
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El rostro del Papa en una estampilla que emitirá Brasil. | AFP

En ese espacio que parece un hotel, con un gran hall de entrada, salas de refectorio y salones, Francisco se siente cómodo: vive en una suite del segundo piso de 100 m², sobriamente amueblada, con tres habitaciones.

Pasa la mayor parte de su tiempo –desde que se levanta entre las 4:30 y las 5:00 a. m. hasta que se va a dormir hacia las 10 p. m.– en este espacio, donde trabaja y recibe visitas informales.

En contacto con otros. Un cardenal que conoce bien a Jorge Bergoglio tiene una explicación: “No es que el apartamento pontificio sea obscenamente lujoso o que Francisco quiera mostrar su humildad. Simplemente no quiere aislarse”.

El propio Francisco lo ha explicado en una carta que envió a un sacerdote argentino, Enrique Quique Rodríguez.

“No quiero vivir en el palacio apostólico, solo voy allí para trabajar y para las audiencias. La casa de Santa Marta es una casa para obispos, padres y laicos. Allí vivo ante los ojos de todos y llevo una vida normal, misa pública por la mañana, desayuno con los demás en el refectorio. Eso me hace bien y hace que no me sienta aislado”, escribió Francisco.

Unas 60 personas viven permanentemente en Santa Marta (cardenales, obispos y altos funcionarios del Vaticano), y otras 60 son personas que están de paso.

A pesar de la presencia del Papa, la residencia no está cerrada a los huéspedes, pero la vida cotidiana se ha complicado desde la llegada de Francisco.

La gendarmería y la Guardia Suiza tuvieron que adaptarse, con la supresión de una zona de aparcamiento cercana y la instalación de barreras de seguridad en los alrededores.

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