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El nuevo credo moral de Vladimir Putin repele los valores de Occidente

Actualizado el 30 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Rechazo a aborto y gais parte de las enseñanzas de la Iglesia ortodoxa

Presidente impulsa adopciones para revertir el alto envejecimiento

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El nuevo credo moral de Vladimir Putin repele los valores de Occidente

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Vladimir Putin participó el viernes del funeral de Mijaíl Kaláshnikov, el inventor del mítico rifle de asalto AK-47. Aquí, pasa a un lado de un retrato del inventor. | AFP.

Moscú. En su incansable búsqueda de una ideología que sustituya el comunismo, el presidente de Rusia, Vladimir Putin , ha ideado un nuevo credo moral cuyos mandamientos son un parapeto contra la exportación de valores occidentales.

“Los matrimonios homosexuales no producen hijos”, aseguró Putin durante su último discurso sobre el estado de la nación, en un intento de justificar su oposición a la legalización de las uniones del mismo sexo.

Durante los últimos meses, Putin acostumbra subir al púlpito, sea en conferencias de prensa o ante el Parlamento, para predicar contra el liberalismo “sin género y estéril”, que intenta equiparar “el bien con el mal”.

Lo curioso es que sus diatribas contra la propagación de lo que él llama “ideología populista de izquierdas” le ha granjeado adeptos en los lugares más insospechados, como los sectores más ultraconservadores de Estados Unidos.

Los mandamientos de Putin beben de los valores familiares más tradicionales promovidos por la Iglesia ortodoxa rusa (IOR), que vive una época de esplendor desde que el antiguo agente del KGB llegara al poder hace 13 años.

Más niños. Para Putin, las familias deben ser numerosas (tres hijos), la única forma de revertir la alarmante tendencia al envejecimiento de la población en Rusia.

La adopción de niños huérfanos, costumbre poco arraigada en este país, debe ser promovida entre la población, hasta el punto de que las familias adoptantes recibirán generosos subsidios y mejores viviendas.

En ese sentido, el Gobierno se ha marcado el objetivo de reducir al mínimo la adopción internacional, al imponer nuevos requisitos a las familias extranjeras, lo cua impide a homosexuales y solteros adoptar niños rusos.

La propaganda homosexual, lo que incluye las marchas de orgullo gay, queda terminantemente prohibida por ley, con el argumento de que puede representar un daño psicológico y moral para los menores.

Sin llegar a prohibirlo, el Gobierno ha limitado el aborto, ya que Rusia tiene uno de los índices más altos del mundo, por lo que ahora las interrupciones del embarazo únicamente pueden ser practicadas durante las primeras doce semanas de embarazo.

Además, se establece un periodo de dos a siete días, conocida como la “semana de silencio”, para que la mujer pueda reconsiderar su decisión, y se prohíbe la publicidad de servicios médicos para el aborto.

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Socio natural. Putin, quien confesó haber sido bautizado a escondidas de su padre en 1952, un año antes de la muerte de Stalin, ha ordenado la devolución a la IOR de las propiedades confiscadas por las autoridades comunistas.

“La Iglesia es el socio natural del Estado”, dijo Putin, quien parece imbuido por el tradicional mesianismo ruso y las ambiciones de convertir a su país en reserva moral ante los embates del relativismo moral occidental.

En enero de 2012, recibió la bendición del icono de la Virgen de Tíjvin, al igual que todos los zares desde Iván el Terrible (1530-84), con la excepción del último, Nicolás II, fusilado por los bolcheviques en 1918.

Al mismo tiempo, el jefe del Kremlin se opone terminantemente a que las niñas musulmanas lleven los tradicionales velos y pañuelos en la cabeza en los colegios, al aducir que Rusia es un Estado secular.

Putin acusa a los dirigentes occidentales de la “destrucción de los valores tradicionales” al revisar los principios morales, lo que tachó de “antidemocrático”, ya que “va contra la voluntad de la mayoría de la población”.

Paradójicamente, el moralista Putin se divorció este año de su esposa Ludmila, con la que estuvo casado durante 30 años y tiene dos hijas en común, decisión que fue recibida con más alivio que sorpresa por los rusos, ya que era un secreto a voces que vivían separados desde hace años.

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