Mundo

'Jack el destripador', ¿era Aaron?

Actualizado el 28 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

EL CENTENARIO misterio sobre el primer asesino en serie de la historia podría, finalmente, estar resuelto: pruebas de ADN ligan a un barbero polaco, Aaron Kosminski, con “Jack el destripador”.

Mundo

'Jack el destripador', ¿era Aaron?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El mundo lleva más de un siglo dándole vueltas al misterio en torno a “Jack el Destripador”, considerado el primer asesino en serie de la historia y quien tejió su macabra herencia en la Inglaterra de fines del siglo antepasado, tras masacrar a cinco prostitutas en el distrito londinense de Whitechapel en 1888.

Por lo mismo, la semana pasada causó gran revuelo la noticia de que, supuestamente, por fin pruebas científicas lograron identificar al sicópata que tuvo al mundo en vilo por años y que puso en ridículo a la flamante Scotland Yard, pues jamás logró dar con su identidad, mucho menos, atraparlo.

El Daily Mail , diario británico, fue uno de los primeros en afirmar, a mediados de este mes, que “Jack el Destripador” era un inmigrante polaco llamado Aaron Kosminski, según una investigación basada en pruebas de ADN.

El descubrimiento se dio después de que un empresario identificado como Russell Edwards comprara en el año 2007 el chal perteneciente a Catherine Eddowes, la cuarta víctima del asesino, y entregara la prenda al doctor Jari Louhelainen, especializado en analizar pruebas genéticas de crímenes históricos.

Así es como se presume pudo lucir el célebre asesino londinense.
ampliar
Así es como se presume pudo lucir el célebre asesino londinense.

Según ha asegurado Edwards, la prenda es la única evidencia forense del caso que está intacta, pues aunque ha pasado por varias manos, nunca ha sido lavada.

Un biólogo molecular lo ayudó a hacer los análisis y el resultado parece irrebatible, según afirma El Mundo de España. Y es que compararon la muestra con los sospechosos de siempre, y el único que coincidió fue Kosminski. Sobra decir que la nota le está dando la vuelta al mundo por la relevancia del caso.

La agencia Europapress detalla que el doctor Louhelainen consiguió extraer el ADN del material, que contenía tanto la sangre de Eddowes como el semen de su asesino.

Tras verificar que la pieza de tela pertenecía a la fallecida a través del estudio genético de sus descendientes, Louhelainen comparó el semen del asesino con los sospechosos de la época.

Además, el médico logró contactar a una descendiente británica de la hermana de Kosminski, Matilda, con la que compartía ADN mitocondrial.

“La primera muestra de ADN demostró una coincidencia del 99,2 por ciento. La segunda arrojó un 100 por 100 de coincidencia”, aseguró el médico al Daily Mail. “Fui capaz incluso de identificar la etnia y procedencia geográfica del ADN extraído, perteneciente al haplogrupo T1a1, común en las personas de etnia rusa y judía”.

PUBLICIDAD

“Ahora, me siento orgulloso de decir, sin ningún género de duda, que Aaron Kosminski es la identidad de ‘Jack el Destripador’”, concluye el médico.

El caso es que, aunque esta vez sí se haya logrado descorrer el velo del misterio centenario, tampoco es que se avance mucho, pues es poco lo que se sabe de la historia del supuesto asesino.

Siempre según información de agencias, Kosminski, de 23 años en el momento de los asesinatos, era un peluquero polaco que había escapado de los pogromos rusos en 1880, y fue considerado en la época como uno de los sospechosos más probables.

Los documentos lo señalaban como un “probable esquizofrénico paranoico con alucinaciones auditivas y propenso a la masturbación”.

A pesar de que un testigo lo ubicó en el escenario de uno de los crímenes, la policía nunca consiguió atar suficientes cabos y pruebas como para condenarlo.

Eso sí, lo pusieron bajo vigilancia hasta que finalmente, en 1891, fue ingresado en una clínica psiquiátrica de la que jamás salió: ahí murió 30 años después.

El apodo que lo convirtió en leyenda surgió por las supuestas cartas que escribía a los diarios, en los que se atribuía los crímenes.

Europapress realizó una recopilación de los sospechosos principales.

El primero fue Montague John Druitt, abogado e hijo de un cirujano que apareció muerto un mes después del crimen de la última víctima.

También Joseph Isenschmid, apodado ‘el carnicero loco'. Dos médicos y su mujer declararon contra él, pero se descartó porque hubo una víctima en momentos en que él estaba en prisiión.

Severin Klosowski, quien luego se cambió el nombre a Robert Chapman, fue uno de los principales sospechosos pues asesinó a sus tres esposas con arsénico. Sin embargo, ese no era el ‘modus operandi’ de Jack.

Si un nombre ha sonado en más de un siglo como uno de los principales sospechosos, ese es el de Michael Ostrog, el estafador médico ruso que sobresalía por su inteligencia y fría mente. Sin embargo, era poco probable que pudiera cometer crímenes de ese calibre, pues en 1888 ya contaba con 70 años.

También hubo un zapatero judío llamado John Pizer que estuvo entre los investigados, pero se descartó porque cuando ocurrió uno de los crímenes, él se encontraba con otras personas contemplando un incendio.

PUBLICIDAD

Francis Tumblety, el principal sospechoso de la época, después de ser acusado logró escapar y huyó a Estados Unidos. Soctland Yard cruzó el Atlántico en su búsqueda, pero jamás se volvió a saber nada de él.

Y bueno, Aaron Kosminski, al que hoy los investigadores y las pruebas científicas arrojan como el verdadero “Jack el Destripador” más allá de toda duda razonable.

Sádico carnicero

Un amplio artículo publicado en la Revista Dominical , en 1999, repasó los hechos en vista de que, a las puertas del siglo XXI, era impensable que hubiera pasado toda una centuria sin que se lograra dar con la identidad del famoso asesino.

La Inglaterra victoriana era el centro de la civilización en el siglo XIX. Sus instituciones y su estructura social parecían inamovibles, destinadas a perdurar por siempre; sin embargo, entre los meses de agosto y noviembre de 1888 una serie de macabros asesinatos cometidos por un nuevo tipo de criminal, hasta ese momento desconocido, hicieron tambalearse los cimientos del centro mismo de aquel poderoso imperio.

Entre las nieblas de Londres, en el populoso sector de Whitechapel, la sangre manchó las manos de una sociedad que miró atónita cómo un asesino que se llamaba a sí mismo Jack el Destripador descuartizaba a mujeres dedicadas a la prostitución. Las mataba y laceraba sin misericordia con un odio insólito, para luego burlarse sarcásticamente de sus propios actos en varias misivas que, como se dijo, supuestamente envió a la prensa.

Sin duda lo que más atizó el mito fue el hecho de que Jack desapareció, tras asesinar a su última víctima, en noviembre de 1888, sin dejar pista alguna que pudiera servir para darle un rostro al fatídico nombre del criminal.

Aunque se le atribuyen de manera oficiosa por lo menos dos víctimas anteriores, el primer asesinato en que la policía admitió la presencia de la mano y el cuchillo de Jack el Destripador ocurrió el 31 de agosto de 1888.

Mary Ann Nicholls, una prostituta alcohólica conocida como “Polly”, habría sido una mujer olvidada en las páginas interminables de la historia, de no ser por el “honor” de haber sido la primer víctima oficial de Jack. La policía la encontró muerta, con el esófago, la tráquea y la médula espinal cortadas y el vientre abierto de lado a lado; desde este primer asesinato, el Destripador mostró una saña y un odio poco habituales en los crímenes de aquella época.

Por las rudimentarias técnicas policiales de entonces, la sangre de la víctima y otras evidencias fueron lavadas o desechadas sin que mediaran análisis forenses.

El segundo crimen ocurrió el 8 de setiembre en circunstancias similares; eso sí, el útero, la parte superior de la vagina y la vejiga de la víctima, Annie Chapman, nunca fueron encontrados.

A pesar de que tras el segundo asesinato los comerciantes de Whitechapel decidieron formar un “comité de vigilancia”, el 27 de setiembre la policía recibió la primera carta firmada por “Jack el Destripador”. La misiva estaba escrita con tinta roja y en ella el asesino anunciaba con lenguaje sarcástico sus intenciones de continuar con sus crímenes.

Tan solo tres días después, el 30 de setiembre, Jack convirtió en realidad sus amenazas por partida doble. Esa noche Elizabeth Stride, también prostituta y alcohólica, se convirtió en la tercera víctima. En este caso, al cuerpo le faltaba una oreja; sin embargo, no fue descuartizado como los otros, debido quizá a la inesperada aparición de un transeúnte.

Catherine Eddowes, con el mismo oficio que las anteriores víctimas, fue la siguiente en la lista de Jack. Tras el “fallo” con Stride, el asesino se ensañó esa misma noche con Eddowes de una manera salvaje: cuando la encontraron le faltaban la oreja derecha, los ovarios y un riñón.

El quinto y último crimen atribuido a Jack, fechado el 9 de noviembre de 1888, es el más sangriento y espeluznante. Mary Kelly, dama de la noche adicta al alcohol, fue masacrada en la habitación que alquilaba en la calle de Millers Court de una manera escalofriante. Cuando la encontraron estaba tumbada desnuda de espaldas en su cama y le faltaban las orejas, la nariz y los senos. Sus vísceras estaban repartidas por toda la habitación, su sangre cubría el piso y había sido utilizada para manchar las paredes: además, en una mesa estaban expuestos los dos riñones y nunca se encontraron el corazón y el útero.

Aunque en las investigaciones posteriores no sirvió de nada, en las fotografías que se tomaron en la habitación de Kelly se observan claramente en la pared, escritas con la sangre de la víctima, las iniciales “FM”.

Después de su última y brutal acción, Jack el Destripador desapareció sin dejar rastro y la policía nunca pudo averiguar cuál era su verdadera identidad... hasta la fecha.

  • Comparta este artículo
Mundo

'Jack el destripador', ¿era Aaron?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Yuri Lorena Jiménez

yjimenez@nacion.com

Editora de la Revista Dominical

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.

Ver comentarios
Regresar a la nota