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El voto de Escocia decide el futuro de Reino Unido

Actualizado el 19 de abril de 2015 a las 12:00 am

Nacionalistas han ganado terreno tras derrota en referendo sobre independencia

Una coalición entre el SNP y laboristas podría dar luz al próximo gobierno

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El voto de Escocia decide el futuro de Reino Unido

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David Cameron participa en una sesión de preguntas con empleados de una compañía de telecomunicaciones enGlasgow, Escocia. | AFP

Londres. Mhairi Black tenía solo tres años cuando Douglas Alexander se convirtió en diputado en 1997. Los padres de ella lo apoyaron. Hoy, él es portavoz de Asuntos Exteriores de la oposición y estratega jefe de la campaña del Partido Laborista.

Pero algo se ha interpuesto en su camino hacia los vehículos oficiales y las cumbres internacionales. Ese algo es Mhairi Black, ahora una estudiante de Ciencias Políticas de 20 años, que disputa por el Partido Nacionalista Escocés (SNP) este escaño que se contaba entre los más seguros de los laboristas. La batalla entre el veterano político y la estudiante, que podría convertirse en la diputada más joven que ha tenido nunca el país, ilustra como pocas el terremoto político que está viviendo Escocia.

Un fenómeno que puede decidir quién gobernará el Reino Unido después de las elecciones del 7 de mayo. Con una estimación del voto por encima del 50%, el SNP está borrando a los laboristas del mapa político de Escocia.

Escocia dispone de 59 escaños en el Parlamento británico.

El peso de los nacionalistas. En los comicios del 2010, los laboristas obtuvieron 41 y los nacionalistas escoceses, seis. Hoy todas las encuestas otorgan al SNP más de 40 escaños. Los laboristas, por su parte, apenas retendrían media docena de bancas.

Esto puede provocar que el laborista no sea el partido con más puestos tras las próximas votaciones y, por tanto, ayudará a que David Cameron siga en el poder.

Pero, a la vez, puede convertir al SNP en la tercera fuerza política en el Parlamento británico y entregarle la llave para abrir la puerta del número 10 de Downing Street a Ed Miliband, el líder del partido al que están haciendo desaparecer de Escocia.

La ministra principal de Escocia,Nicola Sturgeon, acompaña a su antecesor y candidato a diputado, Alex Salmond, en un mitin electoral en Inverurie Aberdeenshire. (EFE)

Los laboristas han descartado un Ejecutivo de coalición con el SNP: supondría gobernar el país con un partido cuyo objetivo último es romperlo.

Sin embargo, hay más opciones que una coalición formal. Hoy por hoy, si las tendencias no cambian en la recta final de la campaña, un gobierno laborista en minoría con apoyo del SNP parece el resultado más probable de estas elecciones, en las que los dos grandes partidos se encuentran en un empate técnico y con escaños insuficientes para formar gobierno en solitario.

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Una posibilidad que David Cameron calificó de una “coalición del caos” que “amenaza el futuro de Reino Unido”.

“Si tenemos la llave del poder, bajo ninguna circunstancia apoyaremos un gobierno tory (conservador)”, reiteró Angus Robertson, portavoz en el Parlamento y director de campaña del SNP. “No obstante si hay una mayoría alternativa, como parece que será el caso, la apoyaremos”.

La joven candidata. Mhairi Black acompaña a El País de paseo por Paisley, el pueblo donde creció y al que quiere representar en el Parlamento de Westminster.

Territorio obrero, feudo del laborismo, que obtuvo aquí el 60% de los votos en el 2010. La alarma sonó cuando una encuesta del 4 de febrero daba al SNP ocho puntos de ventaja allí.

Ese mismo día, Robertson anunció los últimos candidatos del SNP. Mhairi Black sería la encargada de desbancar a Douglas Alexander en Paisley. Sangre fresca del partido contra el establishment de Westminster.

Al día siguiente, la madre de Black la acompañó al centro comercial a comprar el traje de chaqueta y pantalón que lucía y que apenas se ha quitado.

Black dice tener algún vago recuerdo de la llegada de Tony Blair al poder, en 1997. “Recuerdo a mi padre viendo la tele entusiasmado. ¡Se habían ido los tories !”, cuenta. “Pero a medida que iba creciendo, veía a mi padre cada vez más cabreado. Un día le pregunté: ‘¿Los laboristas no eran los buenos?’. Y me dijo: ‘En realidad, no’. El nuevo laborismo se había convertido en el viejo tory . El partido perdió su alma.

En el 2011, cuando el SNP obtuvo la mayoría en el Parlamento escocés y se anunció el referendo, los Black rompieron sus antiguos lazos políticos. “Si ha habido alguna vez un momento para afiliarse a un partido, el momento es este”, le dijo a Mhairi su padre. Ella cogió la computadora y los dos se afiliaron al SNP.

El líder del Partido Liberal Demócrata, Nick Clegg, posa para una fotografía con una seguidora durante una actividad de campaña en Inverurie, Escocia. AFP
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El líder del Partido Liberal Demócrata, Nick Clegg, posa para una fotografía con una seguidora durante una actividad de campaña en Inverurie, Escocia. AFP

Nacionalismo fuerte. La derrota del independentismo en el referendo de setiembre no ha hecho sino disparar la popularidad del partido perdedor, comandado ahora por Nicola Sturgeon, quien fue delfín de Alex Salmond, que dimitió para seguir ahora su batalla desde Westminster.

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Ante el crecimiento del sí en la recta final de aquella campaña, los grandes partidos prometieron más devolución de poderes a Escocia y el SNP ha sabido explotar el sentimiento de traición. Muchos escoceses no perdonan a los laboristas tres años de campaña codo a codo con los tories .

Por todo ello, el SNP ha cuadruplicado su número de afiliados desde el final de la consulta. Supera hoy los 100.000 miembros (más que la suma del resto de partidos en Escocia), que constituyen una poderosa máquina de hacer campaña, rodada ya en los meses previos al referendo.

Así se curtió Black, haciendo campaña puerta a puerta por el sí. “Creo que lo que ha pasado en Escocia, y yo soy un ejemplo de eso, es que el referendo ha forzado a la gente a cuestionarse las cosas”, explica Black. “Nos ha hecho abrir los ojos, mirar a la sociedad y decir: ‘Dios mío, ¿por qué nadie arregla esto?’. Empezamos a conectar los puntos entre los problemas de nuestras vidas y la política”.

“Ha habido un despertar político en la sociedad y es básicamente entre la gente joven”, manifiesta Black. “Siempre nos ha desilusionado el hecho de que no importa quién esté en Westminster porque nada cambia. En estos comicios, la independencia no está encima de la mesa. Aceptamos que Escocia ha elegido seguir siendo parte de la unión. Nuestra labor, como partido escocés, es hacer que el sistema funcione mejor para nosotros”.

El barrio de Ferguslie parece un decorado sacado de la película El show de Truman . El candidato laborista Jim Sheridan, que ha sido su diputado desde el 2001, presume de que la delincuencia bajó cuando estas viviendas clónicas con pequeños jardines sustituyeron a los bloques de pisos.

Las encuestas anuncian que Sheridan perderá su escaño en favor del SNP por un escaso margen: por eso, desafía a la lluvia llamando a las puertas de las casas.

Un paciente se chequea la presión arterial en un dispensario médico en Wigan, noroeste de Inglaterra. Cameron ha prometido en la campaña un mejoramiento del Servicio Nacional de Salud (NHS), que regenta el Estado. AP
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Un paciente se chequea la presión arterial en un dispensario médico en Wigan, noroeste de Inglaterra. Cameron ha prometido en la campaña un mejoramiento del Servicio Nacional de Salud (NHS), que regenta el Estado. AP

“La gente cree que el laborismo la ha decepcionado, que le dio la espalda a la clase trabajadora y se acercó a los poderes económicos y políticos”, dice. “Por eso muchos se han ido al SNP. Ed Miliband debería recuperar a esos votantes”.

Mas a Sheridan le toca hacer campaña puerta a puerta.

Pero en las puertas Sheridan no solo encuentra a viejos votantes laboristas desencantados. También le toca explicar a la señora Humphreys, jubilada, que no tendrá que hacer las maletas y marcharse de Escocia –como anuncia que hará si su partido pacta con los independentistas– porque los laboristas han descartado una coalición de Gobierno con el SNP.

El equilibrio de mensajes en las puertas escocesas se antoja tan complejo como el desenlace de las propias elecciones.

Una cosa sí parece estar clara: Escocia no quiere un gobierno conservador. “Los tories en Escocia son el partido político grande más odiado del mundo occidental; así de claro”, afirma Angus Robertson. El objetivo, por tanto, es común. La diferencia está en cómo alcanzarlo.

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