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Un destartalado buque usado para transportar misiles y aviones

Actualizado el 18 de julio de 2013 a las 12:00 am

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Un destartalado buque usado para transportar misiles y aviones

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Colón. AFP. Pasillos lúgubres, mobiliario vetusto, platos con restos de comida abandonados y un olor fétido y penetrante. Recorrer el desvencijado carguero norcoreano interceptado en Panamá con sistemas de misiles y aviones de hace medio siglo, es una experiencia para estómagos robustos.

Los misiles antiaéreos, sus sistemas de radares de tiro, los aviones Mig 21 y los cohetes, todos sistemas de armas con 50 años de antigüedad, iban a Corea del Norte para ser reparados, según La Habana. Pero el carguero que los llevaba, visitado el martes por periodistas que acompañaron al presidente panameño, Ricardo Martinelli, parecía necesitar reparaciones más urgentes, pese a que fue construido después, en 1979.

Un fuerte olor, mezcla de encierro, humedad, algo de orín y hasta de materia en descomposición, hizo fruncir la nariz por momentos a más de un funcionario o periodista.

Los tripulantes, que según las autoridades obstaculizaron las inspecciones en todo momento, estaban alojados ayer en Fuerte Sherman (antigua base militar estadounidense aledaña al canal), donde aguardaban ser interrogados antes que la Justicia decida si les levanta cargos.

 Retratos de   Kim Il-sung (izquierda) y Kim Jong-il adornan una de las habitaciones del barco Chong Chon Gang, construido en 1979.     | AFP.
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Retratos de Kim Il-sung (izquierda) y Kim Jong-il adornan una de las habitaciones del barco Chong Chon Gang, construido en 1979. | AFP.

El barco quizás necesita reparaciones más urgentes que el material bélico

En Sherman, los norcoreanos estarán en principio impedidos de fumar, según las leyes panameñas, una evidente adicción de los marinos ya que la visita al carguero mostró en cada cubículo ceniceros repletos de colillas que aportaban su cuota a la galería de aromas penetrantes, en este caso el del tabaco quemado y frío.

En una cabina, los visitantes encuentran un escritorio y su cenicero repleto, separados por la cortina de una litera, con sus sábanas revueltas y cubierta a medias por un edredón que conoció mejores días de limpieza.

Ese decorado surrealista tiene como broche de oro los retratos, colgados en la pared, del actual hombre fuerte norcoreano, Kim Jong-un, que tiene menos de 30 años, y de su padre, Kim Jong-il.

Caminando con dificultad por el óxido, los periodistas pasan por un gran salón donde bolsas abiertas, con granos, se acumulan sobre el piso, plagado de manchas de mugre vieja. “Esta es la cocina”, dice uno de los funcionarios que guían a Martinelli por el barco.

En una de las pocas paredes limpias, se ven las fotos de los tripulantes, todos muy jóvenes. Y, de improviso, los visitantes ingresan a un gran salón con bellos sillones de cuero azul y una mesa de reuniones: estos son los cuarteles del comandante de la nave.

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Luego, los periodistas se desplazan a las bodegas en las que se acumulan miles de toneladas de azúcar que esconden los contenedores con el armamento.

La primera bodega abierta se ha transformado en un imán para miles de abejas entre las cuales los estibadores continúan trabajando para extraer la carga.

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