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Familia de Ortega copó todo el poder, destaca el escritor

Sergio Ramírez: gobiernos autoritarios son 'un viejo círculo sin fin' en Latinoamérica

Actualizado el 12 de junio de 2017 a las 12:00 am

Mayoría de los nueve comandantes originales del FSLN están marginados o  son muy pobres

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Sergio Ramírez: gobiernos autoritarios son 'un viejo círculo sin fin' en Latinoamérica

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Sergio Ramírez, escritor y exvicepresidente de Nicaragua. (Archivo/LN)

Asunción

Los gobiernos autoritarios y sedientos por perpetuarse parecerían ser parte de "un viejo círculo sin fin" en América Latina, dijo el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, disidente del gobierno de Daniel Ortega, en una entrevista con la AFP en Asunción.

Varias veces premiado por sus novelas y cuentos, Ramírez asistió a la Feria Internacional del Libro en Asunción que cierra este lunes, en conmemoración del centenario de nacimiento del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2005).

"El sandinismo se escindió entre los que quisimos un país más democrático y quienes seguían fieles al caudillismo que se perfilaba a través de la vieja guardia del Frente Sandinista, donde Daniel Ortega era el presidente y su hermano (Humberto), el jefe del Ejército", dijo el escritor en referencia al actual mandatario nicaragüense quien  llegó por primera vez al poder en 1979 y lo ejerció hasta 1990.

Daniel Ortega volvió a ser elegido presidente en el 2006 y desde entonces ha sido reelegido en dos ocasiones.

"Desgraciadamente parecería que esta historia se repite en un viejo círculo sin fin. Es uno de los planteamientos políticos de fondo del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, quien, en Yo, el Supremo decía que los gobernantes de América Latina se reflejaban en el mismo espejo de gobierno autoritario perpetuo", opinó Ramírez.

- ¿Daniel Ortega supera a Anastasio Somoza (1967-1972; 1974-1979)?

- Es el que ha estado en el poder por más tiempo en la historia de Nicaragua. La familia Ortega copó todas las instituciones y controla el poder.

- ¿Qué se hicieron  los demás líderes revolucionarios del Frente Sandinista?

- Algunos se quedaron al lado de Ortega, la mayoría de los nueve comandantes originarios están apartados o muy pobres. Es gente que no metió un centavo en los bolsillos, gente que de verdad peleó por sus ideales.

- ¿Usted considera que los que se quedaron en el poder se enriquecieron?

- Muchos altos dirigentes del Frente Sandinista tienen ahora muchísimo poder económico.

- ¿Conforman una nueva clase económica?

- Acuérdese que ese es uno de los clásicos fenómenos revolucionarios. Desde la Revolución francesa ha venido ocurriendo.

"Cuando se le antoje a Maduro cobrarle a Nicaragua va a ser un verdadero descalabro para el país".

- ¿Hay presos políticos en la Nicaragua actual?

- No, presos políticos no hay, pero represión sí hay. Sobre todo hay contención social, control en los barrios, disuasión contra los que quieren salir a protestar a la calle.

- ¿Se compara a Venezuela?

- No se puede comparar con Venezuela en términos de represión pero es el mismo esquema sobre la base del control de los poderes del Estado. Ortega apoya al chavismo. Nicaragua está amarrado al petróleo venezolano. Hoy perdió importancia como vínculo económico y político porque ahora conviene más comprar en el mercado internacional. Pero la deuda financiera con Venezuela es gigantesca. Cuando se le antoje a Maduro cobrarle a Nicaragua va a ser un verdadero descalabro para el país.

- ¿Se impuso el caudillismo militar en su país?

- Exactamente. Es una mezcla de fuerza política, de mito. Por ejemplo, ahora Ortega plantea la construcción de un canal por Nicaragua (parecido al canal de Panamá);  es decir, apela al imaginario colectivo. Se hace creer a la gente que ese canal es como una panacea para el milagro económico del país.

"Caudillos como Ortega ganan a los intelectuales al tocar la imaginación de la gente. Desgraciadamente, la gente ni está en capacidad ni tiene la información suficiente para analizar. Son más novelistas que los novelistas. Son capaces de mover a la gente a través del mito, el engaño colectivo. El caudillismo es precisamente eso. Terminamos como Yo, el Supremo  donde el gobernante ambiciona quedarse en el poder para siempre, haya gobernado bien o lo haya hecho mal.

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