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Nueva era en el País asiático

La felicidad de Bután, a prueba entre sus jóvenes

Actualizado el 16 de agosto de 2013 a las 09:49 am

Concepto de ‘Felicidad Interna Bruta’ contrasta con nuevos problemas

Desempleo crece alimentado por toxicomanía y alcoholismo

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La felicidad de Bután, a prueba entre sus jóvenes

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Timbu. AFP. Bután, un país en el Himalaya enclavado entre China e India, es célebre por su índice de “Felicidad Interna Bruta” (FIB), que prioriza el bienestar frente al crecimiento económico, pero los jóvenes de ese pequeño reino cuestionan cada vez más esa reputación color de rosa.

El antiguo rey de Bután acuñó en la década de 1970 el concepto de FIB, que se convirtió en un índice de desarrollo en el mundo entero, que sustituyó a la simple medida cuantitativa del Producto Interno Bruto (PIB).

El FIB mide la felicidad de los habitantes de un país, no solo en función del crecimiento económico, sino también con otros criterios: la protección de la cultura, el medio ambiente y el buen gobierno.

A prueba la felicidad de Bután (AFP)

Pero con la globalización, Bután, que autorizó a los primeros turistas en 1974, la televisión en 1999 y la democracia en 2008, parece haber perdido algo de su armonía ancestral. “Podemos ver que la gente no es feliz aquí”, afirma Jigme Wangchuk, de 24 años, trabajador social y exdrogadicto, en la capital Timbu, donde trabaja en un centro para jóvenes toxicómanos.

Las autoridades están preocupadas por el consumo creciente de drogas, incluidas químicas, en este país aislado del mundo durante siglos. El consumo de alcohol, especialmente de vino de arroz fermentado fabricado en forma artesanal, siempre formó parte de la cultura de Bután, pero las enfermedades de hígado se han convertido en una de las principales causas de muerte en los grandes hospitales de Timbu.

Bután no tuvo carreteras, ni teléfono, ni monedas hasta la década de 1960. No se abrió al mundo exterior hasta los años 70 del siglo pasado. Todavía selecciona sus turistas, a menudo escaladores, y solamente concede visas que valen 200 dólares al día.

Tradición amenazada. Monarquía absoluta hasta 2008, el país es en este momento una monarquía parlamentaria donde el budismo, la religión del Estado, impregna la vida cotidiana. Pero el tejido social tradicional se deshace poco a poco.

“La tasa de criminalidad sube cada año, con la aparición de robos en casas o en calles, delitos inexistentes hace diez años”, señala Damber K. Nirola, uno de los dos únicos psiquiatras que ejerce en un país de 720.000 habitantes. Según el psiquiatra, el desempleo, con la toxicomanía y el alcoholismo que lo acompañan, son los principales desafíos que debe enfrentar el país.

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Estos problemas parecen incongruentes en un país budista de paisaje encantador que dio nacimiento al concepto de FIB, tema de “conferencias de felicidad” organizadas en el propio reino.

Pero los habitantes de la capital se muestran menos entusiastas.

“Cuando miro las dificultades del país, no veo el índice FIB”, afirma Jamyang Tsheltrim, estudiante de 21 años en una sala de billar de Timbu, cuya mayor preocupación es la ausencia de empleos cualificados para los jóvenes.

Aunque la tasa de desempleo oficial era de 7,3% para los jóvenes en 2012, frente al 12,9% tres años antes, las cifras generan algunas dudas. Los empleos cualificados para los butaneses educados están limitados a un sector privado embrionario. Los trabajos manuales en el sector de la construcción, en pleno desarrollo, quedan en manos de los inmigrantes indios.

Los expertos, como Nirola, creen que hay problemas entre la demanda y la oferta de empleos. Además, los jóvenes abandonan la agricultura, que continúa siendo el principal sector de actividad del reino, dejando los campos bajo el cuidado de los más mayores.

Bután depende, además, fuertemente de su vecino, el gigante indio, en términos de inversores, ayuda e importaciones. En 2012, hubo una escasez de rupias indias y el país sufrió una crisis de crédito.

Mientras la crisis económica se agudizaba, el primer ministro Jigmi Y. Thinley, candidato para las recientes elecciones del pasado 13 de julio, promovía el concepto de FIB en la ONU en Nueva York.

“Fue en este momento que las críticas se acentuaron, con la gente estimando que nuestros dirigentes estaban sobre todo ocupados en promover el FIB en el extranjero”, apunta Tenzing Lamsang, redactor jefe del diario The Bhutanes e.

Según él, el país sufre un “espíritu de negación” con respecto a los problemas nacionales. El FIB se ha convertido en un concepto “muy intelectual”, popular para las élites pero que no significa nada para la población.

“No sabemos caminar pero ya tratamos de correr los 100 metros”, añade el periodista.

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