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Rusia e Irán, una amistad aderezada por sus conflictos con Occidente

Actualizado el 14 de abril de 2015 a las 10:30 am

Moscú levantó el embargo impuesto para la entrega de sistemas antiaéreos S-300 a Irán

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Batería de defensa antiaérea (Infografía LN)

Teherán

La decisión rusa de levantar el embargo impuesto para la entrega de sistemas antiaéreos S-300 a Irán marca un nuevo impulso en la profundización de los lazos entre Moscú y Teherán, alimentados más por sus conflictos comunes con Occidente que por intereses económicos y políticos, opuestos en muchos casos.

El anuncio del fin de este embargo, vigente desde 2010, y la disposición rusa a exigir el fin de la prohibición de vender armas a Irán una vez que se llegue a un acuerdo por el programa nuclear del país asiático, además de la celebración iraní de esta decisión como el reflejo de la voluntad bilateral de profundizar relaciones, obedece más a una confluencia coyuntural de intereses que a la existencia de objetivos estratégicos compartidos a largo plazo.

Así, a la progresiva alianza militar entre ambos países se le contrapone, por ejemplo, su competencia directa por el dominio del mercado internacional del gas natural, clave para la economía de ambos países, sus diferencias abismales respecto al Estado de Israel y su latente competencia por influencia en los países del antiguo bloque soviético en Asia Central.

"Los lazos de Irán y Rusia no se pueden analizar sin considerar el factor occidental. La llegada de los misiles rusos está en ese marco. La cuestión de Ucrania, las sanciones contra Rusia y sus malas relaciones con Occidente, han puesto a Irán en un papel estratégico importante en esta cuestión", explicó a EFE la profesora de Ciencia Política y exdiputada iraní Elahe Kulaí.

De este modo, ambos entienden aquello de que el "enemigo de mi enemigo es mi amigo" y buscan aprovechar al máximo la necesidad de apoyo mutuo para obtener los mayores beneficios, ya sean equipos antiaéreos en el caso iraní o permiso para que sus barcos de guerra atraquen en puertos del Golfo Pérsico, como pidieron los rusos durante una reciente visita de su ministro de Defensa a Teherán.

"Ahora parece que Irán y Occidente están en proceso de acercamiento, así que los rusos se están mostrando más generosos ante la perspectiva de que Teherán pueda obtener alguna ventaja de sus enemigos", apuntó Kulaí.

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En este sentido, la analista recordó la política de la Unión Soviética en los años 40 y 50 respecto a Irán, país al que permitió comprar armamento y recibir ayuda para su industria pesada pese a su cercanía del Gobierno del Sha a los EE. UU.

"Entonces los rusos creían que al ampliar los lazos con Irán reducirían la influencia americana, y mantener a Teherán en un intervalo equilibrado y predecible", explicó.

Así se explica que Rusia, además de los misiles, haya ofrecido colaboración a Irán para ampliar la central nuclear de Bushehr en el sur del país o para poner en marcha un multimillonario programa de intercambio de petróleo por alimentos en un momento en el que Teherán está acuciado por las sanciones que lastran su economía, dificultan enormemente su comercio y le prohíben importar tecnología bélica y, mucho menos, nuclear.

Sistema de misiles antiaéreos S-300.
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Sistema de misiles antiaéreos S-300. (Internet)

A cambio, Rusia espera recibir el respaldo y la simpatía de Teherán en un momento en el que afronta el aislamiento internacional, si contar con mantener abierto con un enorme mercado para su potente industria bélica.

Según los analistas consultados por EFE, tanto Moscú como Teherán son conscientes de esa utilidad práctica del otro socio, que puede cambiar en cualquier momento, y que eso a su vez previene que ambos den un paso estratégico definitivo.

Según Alireza Noori, analista iraní afincado en Rusia, los dos países tienen mucho que pulir si desean que su alianza se convierta en algo más serio, y que vaya más allá de la conveniencia política.

Para eso, tendrán que analizar si su oposición a Occidente, su alianza en el combate a amenazas regionales y en mantener la estabilidad en Asia Central y el Cáucaso, el impulso a sus respectivas influencias geopolíticas y la posibilidad de obtener beneficios mutuos con la compra de material bélico pesan más que las cosas que les separan.

"Paradójicamente, una de las cosas por las que ambos países no pueden unirse más es por miedo a empeorar sus relaciones con Occidente. Ambos ven que la situación está en un momento sensible, y buscan evitar medidas que eleven la tensión. Y ambos saben los problemas que sus socios tienen con el otro bando" , analizó.

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