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Filipinos en exterior se mueven para socorrer a compatriotas

Actualizado el 14 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Filipinos en exterior se mueven para socorrer a compatriotas

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Hong Kong. AFP. Después de pasar días de angustia sin noticias de sus familiares, los filipinos en el extranjero se movilizan para enviar ayuda a los supervivientes del tifón Haiyan, a pesar de su temor de que sean desviados por políticos corruptos.

Los apocalípticos vientos y oleadas que sacudieron las costas orientales del centro de Filipinas el viernes, destruyeron redes de comunicación y aislaron a millones de personas del resto del mundo.

Desde Hong Kong hasta Los Ángeles, pasando por Tokio y Dubái, los trabajadores migrantes filipinos trataron sin descanso, a menudo en vano, de conectarse con su familiares. La única fuente de información de la que disponían fueron los medios de comunicación y las redes sociales.

Krima Molina, una profesora de 26 años, originaria de la provincia de Leyte, hoy residente en Tokio, recibió una llamada de sus padres el lunes por la noche, tres días después del paso del meteoro por su ciudad nativa, Isabel.

Aliviada por saber que siguen vivos, no puede evitar pensar en su vivienda dañada.

Los trabajadores filipinos que migraron viven también en condiciones mínimas para ayudar a su padres, pagar los estudios de sus niños o construirse una casa, entre otros proyectos.

En unas horas, el tifón se llevó por delante años de sacrificio.

Lo que preocupa a los emigrantes, más todavía que los daños materiales, es la extrema precariedad de los supervivientes, privados de techo, de agua potable y de alimentación.

“Algunos están enfermos”, se preocupa Krima Molina, profesora de Inglés. “Necesitan medicinas. Necesitan médicos voluntarios. Mucha gente ha resultado herida por los escombros”, agregó.

Thelma Tomizawa, profesora de colegio y de 48 años, quien vive también en Tokio, se ha enterado de que sus dos hermanos y una hermana habían sobrevivido a la tempestad. Empero, han perdido su casa.

“No tienen nada para comer, no les queda casa, ni tejado, ni suelo”, se lamenta, pensando en sus primos que habitan en Tacloban, una de las ciudades más afectadas donde el tifón Haiyan podría haber dejado más de 10.000 muertos y quienes no han dado señales de vida.

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