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Marcada dependencia de la ayuda internacional

Afganistán enfrenta la dura tarea de echar a andar su economía

Actualizado el 03 de enero de 2015 a las 12:01 am

Sectores como la minería tienen gran potencial, pero deben modernizarse

País asiático debe actualizar la legislación y combatir la corrupción

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Afganistán enfrenta la dura tarea de echar a andar su economía

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Cambistas de moneda cuentan billetes en el mercado Sarayee Shahzada en Kabul. (AFP)

Kabul

 Pese a algunos éxitos indiscutibles y la ayuda internacional, la economía afgana está paralizada y los enormes recursos mineros no parecen ofrecer una solución a corto plazo, lo que lleva a preguntarse si la principal amenaza para  Afganistán   no será, antes que los talibanes, la debilidad de su economía.En el bazar de Sarayee Shahzada, en Kabul, los hábiles cambistas manejan con soltura gruesos fajos de afganis, dólares, rupias y dirhams, pero los clientes parecen tener prisa por ser atendidos. Los negocios ya no son lo que eran hace dos años, explican mientras fuman y beben té.Tras una década de crecimiento en la que se alcanzaban los dos dígitos, la economía afgana comenzó a contraerse en el 2013, a raíz de la inquietud despertada por las elecciones presidenciales, que llevaron al poder a Ashraf Ghani, y por la retirada de las tropas de la OTAN, que finalizaron en diciembre su misión de combate.

La caída de la actividad económica no ha escapado a los cambistas especializados en la "hawala", un sistema informal de traspaso de fondos que sirve asimismo de barómetro de confianza de los inversores.

Comerciantes se aprestan a ofrecer su pescado en un mercado callejero en Kabul. (AFP)

Fuga de capitales. "Cuando se acercaba el momento del repliegue de la OTAN, los inversores empezaron a sacar su dinero. Lo han transferido a Dubái, China, Pakistán, India o Turquía", explica Omiad Khan desde la empresa familiar en el bazar de Shahzada.Cada vez es más el dinero que sale del país y menos el que entra. Un sondeo reciente de la ONG estadounidense Asia Fundation, que preguntó a 9.200 afganos, situó "el paro y una economía débil" a la cabeza de los problemas del país, por delante de la inseguridad y la corrupción.Desde el 2002, Estados Unidos ha invertido más de $104.000 millones  en  Afganistán, superando al Plan Marshall para reconstruir Europa tras la Segunda Guerra Mundial, según el Inspector General para la Reconstrucción de  Afganistán   (SIGAR). Pero esta cantidad ha financiado principalmente las operaciones de combate y a las fuerzas de seguridad afganas, hoy solas en la defensa del país, tras la retirada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

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El Gobierno afgano cuenta este año con unos ingresos de $1.800 millones, una suma inferior al valor de la heroína extraída de los campos de opio que se reproducen en todo el país, y alimentan las arcas de los talibanes y otros señores de la guerra.

Afganas preparan semillas de pistacho en una fábrica de frutas secas en Kabul.
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Afganas preparan semillas de pistacho en una fábrica de frutas secas en Kabul. (AFP)

La realidad es que, sin los $8.000 millones de ayuda internacional anual, el Gobierno afgano sería incapaz de pagar el salario de sus 350.000 soldados y policías. Antes y ahora. Pese a la situación actual, el país creció con fuerza durante la primera década en que la OTAN estuvo presente: el PIB pasó de los $2.500 millones  en el 2001 a más de $20.000 millones, según el Banco Mundial, gracias al transporte, la construcción, las telecomunicaciones y los medios de comunicación.La agricultura, más allá del opio, también funcionó en esa década, hasta el punto de que la exportación de frutos secos superó a la de alfombras."Antes, exportábamos solo a dos países (India y Pakistán), pero ahora vendemos a unos 45", asegura orgulloso Haider Refat, responsable de una compañía exportadora de pasas, higos, pistachos y otras delicias locales.Pero para favorecer las exportaciones, el país debe solucionar sus problemas energéticos y "dar a conocer sus productos en el extranjero", considera Haider. Otro sector con un fuerte potencial es el minero. El organismo de servicios geológicos estadounidense (USGS) estima que los yacimientos de hierro, oro y cobre del país tienen un valor de entre uno y tres billones de dólares.Aunque este maná permita considerar un futuro próspero, todavía queda mucho camino por recorrer, opina Javed Noorani, experto del sector minero afgano.Kabul aún debe reformar su legislación minera, hacer más transparente la adjudicación de concesiones y aumentar su red ferroviaria para transportar los minerales, aunque también contener la corrupción en el sector de la explotación minera y transformar los recursos para crear empleo. Una tarea colosal que llevará al menos otra década, según Noorani. Hasta entonces,  Afganistán   necesitará ayuda, estabilidad y oportunidades para sus jóvenes, de los cuales más de un tercio viven por debajo del umbral de la pobreza y se arriesgan a caer en los brazos de la insurgencia en caso de una recesión prolongada.En el bazar de cambistas, el viejo Hadji Mubin Ahman no lo duda: "Nuestra economía depende aún de la ayuda internacional. Cortar esa ayuda es como cortarnos el oxígeno: moriremos".

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