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20 años del genocidio

La difícil tarea de alcanzar la reconciliación en Ruanda

Actualizado el 07 de abril de 2014 a las 12:00 am

Tutsis y hutus cohabitan en una aldea en procura de sepultar los odios

No es fácil superar situación en un país donde violencia dejó 300.000 huérfanos

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La difícil tarea de alcanzar la reconciliación en Ruanda

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MBYO, Ruanda. AFP. Hace 20 años, Frédéric Kazigwemo masacraba a los allegados de Cécile Mukagasana, vecina de la pequeña aldea de Mbyo, donde, como en numerosas localidades ruandesas, víctimas y verdugos cohabitan intentando difícilmente reconciliarse.

Entre abril y julio 1994, unos 800.000 ruandeses, principalmente de la minoría tutsi , fueron asesinados a lo largo de una centena de días por sus vecinos, colegas y, a veces, amigos hutus.

Frédéric, con un grupo de hutus armados de machetes y lanzas, mató a varias personas, entre ellos dos miembros de la familia de Cécile.

Cementerio de Nyaza, en las afueras de la capital ruandesa,   Kigali, donde yacen miles de víctimas del genocidio. | AP
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Cementerio de Nyaza, en las afueras de la capital ruandesa, Kigali, donde yacen miles de víctimas del genocidio. | AP

“Al principio era difícil vivir aquí pues el marido de esa mujer mató a miembros de mi familia”, dice Cécile, quien fabrica canastas de mimbre sentada al lado de la esposa de Frédéric mientras sus hijos juegan en el pasto.

Frédéric fue juzgado por un tribunal tradicional gacaca, instancia judicial instaurada en el 2001, y condenado a una pena reducida tras haber admitido su culpabilidad y haberse disculpado.

Al igual que Cécile volvió a vivir a Mbyo convertido en “aldea de la reconciliación”, de acuerdo con una ONG cristiana.

Perdón y vida. Esa organización ayuda a víctimas y verdugos a reconstruir sus viviendas a cambio del perdón y de la participación en actividades comunes con el objetivo de alentar la cohabitación y favorecer la reconciliación, para nada evidentes.

“Antes de pedir perdón mi corazón no estaba en paz. A veces veía las caras de los que maté. Ahora no las veo más”, confiesa Frédéric.

En las aldeas de Ruanda , las víctimas conviven a menudo obligadas con los que masacraron a sus familias hace 20 años.

“Los tribunales gacaca hicieron mucho por la justicia y para juzgar a los asesinos, pero también necesitamos que haya reconciliación”, expresa Dieudonné Gahizi-Ganza, fundador de Best Hope Rwanda , una ONG que aconseja a las víctimas de violaciones y a los hijos de las víctimas y de los asesinos.

Jean-Baptiste Habyarimana, secretario ejecutivo de la comisión nacional para la Unidad y la Reconciliación de Ruanda , recuerda que “después del genocidio había más de 300.000 huérfanos y 50.000 viudas. Para ellos, no es fácil superar la situación”.

Vestine Mukandahiro, quien vive en un suburbio de Kigali, tuvo que reconciliarse con su propia hija, nacida de una violación durante el genocidio.

Ella tenía 13 años cuando en 1994 casi la totalidad de su familia fue asesinada a machetazos. Había logrado escaparse, pero fue alcanzada por los asesinos, quienes la ultrajaron.

“Después de su nacimiento pensaba que no iba a poder vivir con mi propia hija porque cada vez que miraba su rostro pensaba en la violación”, cuenta Vestine.

En su aldea la tratan como a “una prostituta” por haber aportado un “hijo de la desgracia” a la comunidad, dice.

Veinte años después, Ruanda continúa el difícil trabajo de reconciliación a pesar de las matanzas, cuyo recuerdo impregna a toda la sociedad ruandesa y que ha sido reavivado por la proximidad de las conmemoración del genocidio.

Las palabras hutu y tutsi han sido suprimidas de todos los documentos oficiales, pero siguen presente en el espíritu de la gente.

La generación posgenocidio, que no ha sabido nada de las matanzas, también debe enfrentar el traumatismo colectivo.

“Nuestra generación debe hacer un gran esfuerzo para estar segura que lo que sucedió jamás va a volver a ocurrir”, manifiesta Yvette, 19 años, que participa en el Club Nunca Más, donde los de su generación conversan sobre el genocidio.

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