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Vallas siguen reinando entre Marruecos y Argelia

Actualizado el 22 de septiembre de 2014 a las 12:16 pm

La frontera, de 1.599 kilómetros, está cerrada desde hace 20 años

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Vallas siguen reinando entre Marruecos y Argelia

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Un operario marroquí trabaja en la construcción de una valla en la frontera con Argelia el mes de agosto (AFP)

Rabat

Los vecinos de la localidad marroquí de Oujda parecen estos días más preocupados por el calor y las alergias que provocan sus olivos que por el 20 aniversario de una de las fronteras cerradas más largas del mundo: los 1.599 kilómetros que los separan física, económica y, sobre todo, políticamente de sus vecinos argelinos.

El alcalde de la localidad, farmacéutico, ha ordenado arrancar los miles de árboles porque sostiene que dañan la salud. Sin embargo, cuando los gobiernos de Marruecos y Argelia miran hacia Oujda ven algo más que olivos: una fuente continua de tensiones.

Estos meses el cruce de declaraciones sobre la necesidad de terminar con el vallado ha sido continuo. El rey de Marruecos, políticos y analistas parecen obsesionados con la necesidad de dar el paso. Y aunque en Argelia también admiten que la cerrazón es absurda, los dos países no dejan de rivalizar con nuevas zanjas.

Antes del verano, el rey Mohamed VI enunció su malestar por la cicatriz que divide los dos países: "Este cierre no es compatible con la Unión del Magreb Árabe ni con la lógica de la historia, y aún menos con las exigencias de la interdependencia y la complementariedad geográfica. Va contra los intereses de los pueblos magrebíes que aspiran a la unidad".

Parecía un llamado a desbloquear el problema, pero en julio su ministro del Interior, Mohamed Hassad, anunció ante el Parlamento la creación de una alambrada de 140 kilómetros, con una base de hormigón de 50 centímetros y 2,5 metros de rejillas de púas con sensores electrónicos, entre Saidia y Jerada, pasando por Oujda. Hassad la justificó por la "seria amenaza terrorista" que vive el país.

Las obras comenzaron enseguida. Pero los analistas consideran que fue una respuesta a la pared de alambres que tiene también en marcha Argelia entre Bab Aássa, BouKanoune y El Aricha, en la provincia de Tlemcen. Sobre ambos vallados se desconoce casi todo: la inversión, quién los ejecuta y cuál es su estado.

Argelia acusa a Marruecos de convertir esos pasos en vías para la introducción de cannabis y resina de hachís. Mientras, Rabat cifró el pasado 13 de agosto en 143.000 el número de comprimidos del psicotrópico karkoubi (la nueva obsesión de las fuerzas de seguridad marroquíes) que entran al país desde Argelia por esa zona, y 10 días después dio orden de iniciar los trabajos de la nueva valla. Hachís contra pastillas. A través de los cruces argelinos de Boukanoune y Ahfir llega también mucha gasolina (1.500 millones de litros al año, porque está a mitad de precio), electrodomésticos y alimentos. Y también fluye una ingente cantidad de inmigración clandestina: se calcula que 40.000 personas al año. El cierre ha convertido las localidades limítrofes en desiertos económicos que viven solo del contrabando.

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Argelia clausuró la frontera unilateralmente en el verano de 1994 después de que Marruecos exigiera visado a todos los argelinos en reacción al atentado terrorista en el hotel Atlas Asni de Marrakech, perpetrado por tres yihadistas del país vecino y en el que murieron dos turistas españoles.

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