| Salvo una gran sorpresa, Partido Comunista lo nombrará este semana

Xi Jinping, el enigmático ‘príncipe rojo’ que liderará China

Político será primer dirigente nacido tras la fundación del régimen comunista

Para algunos, los cambios serán pocos; otros creen que la incertidumbre es total

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Pekín. AFP Salvo una sorpresa mayor, Xi Jinping va a gobernar China durante los próximos 10 años, y será el primer dirigente nacido después de la fundación del régimen comunista fundado por Mao Tsetung en 1949, pero la personalidad de este cuadro del partido que ha esperado el poder a la sombra de su predecesor, Hu Jintao, sigue siendo un enigma.

Xi Jinping es hijo de un “héroe revolucionario” y, por lo tanto, uno de los “príncipes rojos”, la aristocracia que gobierna China, un país convertido en la segunda potencia mundial bajo el liderazgo del Partido Comunista Chino (PCC), cuyo congreso sesiona desde el jueves.

Más bien robusto y de rostro mofletudo, con el cabello negro separado por una raya impecable, Xi Jinping debe ser consagrado al término del congreso del PCC, el 15 de noviembre, un acontecimiento que será transmitido por televisión para los 1.300 millones de chinos.

Xi , de 59 años, es probable que se mantenga por una década como secretario general del PCC que va a heredar, tal como ocurrió con Hu Jintao, a quien también sucederá en el cargo de presidente de la República Popular China en marzo.

Diez años es también la diferencia de edad entre ambos líderes: demasiado poco para representar a una generación, pero tal vez lo suficiente para hablar de una “sangre nueva”, capaz de afrontar los retos de una China en plena mutación.

¿Más relajado? En el extranjero, los nuevos líderes chinos son vistos como presuntos reformadores cuando asumen la función. Fue el caso de Hu Jintao, quien presidió un formidable auge económico, pero también un pesado inmovilismo político. Este podría ser también el caso de Xi.

El primero es conocido por su aire austero, por la rigidez de sus gestos, casi “robóticos”, según algunos. Xi Jinping sería más afable, sería hasta jovial y se lo ve más relajado en la televisión.

Más allá de la fachada, sin embargo, el hombre sigue siendo básicamente un enigma.

Algunos expertos lo consideran un conservador sin carisma que no cambiará para nada el rumbo actual. Otros, más numerosos, admiten que no disponen de muchos indicios de cómo va a gobernar.

Su esposa, Peng Liyuan, una famosa cantante que tiene el rango de general del ejército, es más popular que él en China, y la pareja tiene una hija que estudiaría en Estados Unidos, en la Universidad de Harvard, bajo un nombre falso.

El secreto que rodea a su familia, al igual que la de todos los líderes chinos, fue socavado en junio por una investigación de la agencia Bloomberg, que reveló que los allegados a Xi tenían una fortuna acumulada de varios cientos de millones de dólares. Una investigación que fue de inmediato censurada en China.

En el 2009 sorprendió a todos, durante un viaje a México, al referirse con tono mordaz a “los extranjeros que, con el estómago lleno, no tienen nada mejor que hacer que señalar con el dedo” a China.

Según un telegrama revelado por WikiLeaks, Xi confió a diplomáticos estadounidenses que le gustaban las películas de guerra de Hollywood. Salvar al soldado Ryan , de Steven Spielberg, sería su favorita.

De campesino a la élite. Su padre, Xi Zhongxun, fue uno de los fundadores de las guerrillas comunistas en el norte de China. Víctima, como tantos otros, de la Revolución Cultural de Mao (1966-1976), fue rehabilitado en los años 80 con el retorno al poder de Deng Xiaoping.

Como millones de escolares y estudiantes universitarios, incluidos los ex “guardias rojos” de la Revolución Cultural, Xi Jinping fue enviado a los 15 años al campo, a Shaanxi, para ser “reeducado” por los campesinos. Allí fue admitido en las filas del Partido, en 1974.

Seguiría siendo “campesino” hasta 1975, año en que fue admitido en la prestigiosa Universidad de Tsinghua, en Pekín, donde también estudió Hu, y donde se graduó en Ingeniería Química.

Lo que siguió fue la carrera clásica de un cuadro comunista, que sin llamar la atención y evitando los peligros, se vale de alianzas diversas para acceder a funciones cada vez más importantes: gobernador de Fujian en el 2000, jefe del Partido en Zhejiang en el 2002, dos provincias costeras que están entre las más destacadas del “milagro económico” chino.

En el 2007 fue llamado por Hu Jintao para que pusiera orden en la ciudad de Shanghái, donde el líder del Partido, Chen Liangyu, a quien sustituyó, fue barrido por un vasto escándalo de corrupción.

En octubre del 2007, durante el 17.° Congreso del PCC, entró en el Comité Permanente del Buró Político, en el “centro de poder”, luego que Hu Jintao y su antecesor, Jiang Zemin, se pusieran de acuerdo al respecto.

Tras ser el sexto de los nueve miembros del Comité Permanente, en marzo del 2008 es promovido a vicepresidente del Estado chino, y, en octubre del 2010, a vicepresidente de la poderosa Comisión Militar del PCC, una promoción que lo confirma como heredero de Hu Jintao.

En setiembre pasado, él mismo aumentó el misterio al desaparecer sin explicaciones durante doce días, los que provocó una ola de especulaciones sobre su salud.

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