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Gobierno culpa a pobreza del problema; analistas lo descartan

Violencia e impunidad azotan a Venezuela entre ruido de balas

Actualizado el 01 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Nación supera los 141.000 homicidios en una década ante pasividad policial

Convulsión social reciente y elogio oficial a la violencia atizan fenómeno

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Violencia e impunidad azotan a Venezuela entre ruido de balas

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Caracas. Lionel Rodríguez Fajardo tenía 11 años cuando alguien le puso una pistola en la cara. Hoy, de 20 años, el recuerdo nada en su cabeza fresco como ayer.

Había llegado con su padre al al edificio donde vivían cuando dos hombres en motocicleta los asaltaron al estacionar el carro.

Su papá entregó 3.000 bolívares por su vida y dos días después la familia se pasaba de barrio pues los hampones conocían al padre y, además, eran policías.

“Creí que me iba a matar y tuve demasiado miedo, temblaba; es lo más horrible que he pasado”, confesó este estudiante de Contaduría en la Universidad de Santa Fe.

Rodríguez se libró de sumarse a los más de 141.487 homicidios ocurridos en Venezuela del 2001 al 2011; un infierno por la impunidad de los criminales que dejaron 19.459 muertos en el 2011, a ritmo promedio de 53 diarios.

Para varios analistas, la violencia creció cuando el uso de la fuerza aniquiló normas sociales y leyes como vía para la resolución de conflictos.

“Hace un año mi novia iba a casa cuando le tocaron la ventana del carro para quitarle el teléfono. Como no la bajó, le sacaron un arma”, recordó también Lionel.

Adiós a las leyes. La llegada de Hugo Chávez al poder vino con un discurso fuerte, casi de guerra, el cual exacerbó el problema durante los episodios de convulsión social del 2002 al 2004, explicó Roberto Briceño, director del Observatorio Venezolano de la Violencia.

“Chávez no buscaba elevar el delito, sino consolidar una plataforma política, pero su elogio a la violencia, dañó la legitimidad de las leyes y la seguridad”, sostuvo Briceño, quien cifra en 96% la tasa de impunidad en homicidios.

Según su análisis, el paro petrolero del 2002-2003, las marchas, los despidos de empleados y la parálisis de la vida diaria fracturaron todo pacto social preexistente.

“Romper reglas era normal, el Estado de derecho dejó de regular la lucha política y la sociedad”, afirmó Briceño al evocar cómo también empezaron a circular más armas. Hoy hay de cinco a seis millones; la mayoría hechas en el país conforme los cálculos realizados por el Observatorio.

Otro agravante es que el Gobierno atribuye el crimen a la pobreza resultante del “Estado burgués” aun y cuando la agenda social chavista ha mermado la pobreza.

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Esa visión del tema explica por qué estos años la represión policial del criminal es igualmente pobre.

“El Gobierno no hace nada y el presidente ni menciona la seguridad por razones ideológicas. Si persigue a los criminales se contradice pues estaría reprimiendo a esas víctimas de la burguesía ”, dice Alejandro Moreno, religioso salesiano, filósofo e investigador social.

Además, a las faltas por palabra y omisión, se une el mal ejemplo oficial, señaló Fermín Mármol, criminalista y analista de seguridad.

“El Gobierno habla de enemigos entre hermanos, de guerra, de que cada quien cargue el fusil. Eso cambia los valores de la gente”, añadió.

Mármol ilustró el cambio: Venezuela pasó de 55 secuestros anuales en 1998 a 1.180 en el 2011, “pues hoy es un negocio muy rentable debido a la impunidad”.

En sus calles, Caracas refleja cuánta tranquilidad también le ha sido robada al venezolano de a pie.

Los frecuentes asaltos en motocicleta a vehículos varados en el tráfico capitalino obligaron a que casi todos usen vidrios oscuros, menos por el sol y más para prevenir la vista interior de la cabina.

Es común ver a los caraqueños portar dos teléfonos móviles: uno de poco valor para andar en la calle y otro más costoso para interiores.

Subirse al metro, es zambullirse a una pecera de miradas siempre vigilantes de todo movimiento en el vagón mientras avanza el viaje.

“Aquí hay que andar de muy bajo perfil y encomendarse a Dios porque uno sabe cuando sale, pero no si regresa”, se lamentó Lionel.

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Juan Fernando Lara S.

jlara@nacion.com

Periodista

Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, tarifas y telecomunicaciones.

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