Mundo

Partida en tiempo de calma

Actualizado el 12 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Mundo

Partida en tiempo de calma

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

A punto de cumplir 86 años, cansado, enfermo y más solo que nunca, el papa Benedicto XVI anunció ayer, lunes, su renuncia al timón de la iglesia católica. Su último día en el cargo será el jueves 28 de febrero a las ocho de la noche.

La noticia la adelantó en exclusiva la agencia italiana ANSA, que supo traducir las palabras en latín de Su Santidad mientras realizaba la ceremonia de canonización de 800 mártires italianos y dos beatas latinoamericanas en el Vaticano.

En 2.000 años de historia de la Iglesia católica solo tres papas habían renunciado.

Deja libre la silla de San Pedro por voluntad propia y alega motivos de salud.

“He llegado a la certeza de que por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio es necesario también el vigor en cuerpo como en espíritu, vigor, que en los últimos meses ha dismiuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”.

No es tan sorpresiva. El anuncio del papa Ratzinger deja al mundo entero con la boca abierta y aunque para muchos parece una gran sorpresa, las intenciones circulaban ya hace un par de años, declaró el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi.

Ha esperado que se calmen las aguas que sacuden la Iglesia católica, principalmente por los escándalos de los curas pederastas, la fuga de documentos secretos del llamado “caso Vatileaks” y la amenaza de acabar con la vida del Pontífice.

Sobre el “caso Vatileaks”, el periódico L’Osservatore Romano definió la situación del Papa como “un pastor rodeado por lobos”.

El padre Lombardi no ha comentado ninguna enfermedad en específico que aqueja a Su Santidad. Eso sí, en recientes apariciones públicas se le veía cansado y con problemas de la vista.

En el 2010 el periodista alemán, Peter Seewald publicó en el libro La luz del mundo una larga entrevista a Benedicto XVI.

A la pregunta de si pensaba renunciar por las malas noticias relacionadas con los curas pederastas, el Papa respondía así: “Cuando el peligro es grande no se puede escapar. Por ello, este no es un momento para dimitir. En un momento como este hay que resistir y superar las situaciones difíciles. Se puede dimitir en un momento de serenidad o simplemente cuando uno ya no tiene fuerzas”.

PUBLICIDAD

Un trueno. La dimisión del Papa alemán irrumpe como un trueno en medio de un cielo en apariencia sereno. Un trueno como el captado ayer mismo por un fotógrafo de Ansa en la cúpula de la basílica de San Pedro. La imagen es una metáfora de lo acontecido.

“Ha sabido esperar el mejor momento, aunque el rumor corría ya entre colegas diplomáticos. Recordemos que es un hombre de 85 años (cumplirá 86 el 16 de abril), lleva una agenda muy apretada, se levanta muy temprano, ha visto millones de personas y viajado por muchos países”, declaró a La Nación Silvia Fernández, portavoz de la Embajada de Costa Rica ante la Santa Sede.

Otra vida. El hijo de un policía y una cocinera, nacido en Alemania en 1927 es el Papa número 265. Su hermano, el cura Georg, conocía las intenciones de Benedicto XVI, según informó el periódico Die Welt. “Mi hermano desea una vejez tranquila”, manifestó.

A partir del 28 de febrero queda vacía la silla del Papa.

Ratzinger continuará viviendo en el Vaticano, pero no participará en el cónclave.

Una vez que salga el humo blanco que anuncia el nuevo obispo de Roma, Benedicto XVI se trasladará a la residencia de verano de Castelgandolfo –a 18 km al suereste de Roma– y luego piensa pasar el resto de su vida en un convento de monjas de clausura.

Su papado principió el 19 de abril de 2005.

Lo que sí es claro es que Joseph Ratizger no quiere convertirse ni en mártir ni en un Pontífice enfermo, incapaz de tomar decisiones importantes, como su predecesor y amigo, Juan Pablo II. El Papa polaco, Karol Wojtyla, gobernó la Iglesia entre 1978 y el 2005.

Durante los últimos años estuvo rodeado por lo que algunos denominaron la “mafia polaca”, que no permitía hacerle llegar documentos de Ratzinger, estrecho colaborador, que entre cosas cosas querían informarle de la pederastia en el seno de la Iglesia.

“Es obvio que no quiere acabar su papado como Wojtyla, tomando decisiones que él no habría decidido. La Iglesia necesita una mano robusta”, comentó a este diario el vaticanista Javier Martínez, director de la agencia de noticias Rome Reports.

PUBLICIDAD

La mano fuerte que deberá afrontar la crisis y los lobos del Vaticano será elegida antes del 31 de marzo. Entonces, cuando haya humo blanco, se sabrá quién será el nuevo pastor católico.

Milena Fernández es periodista costarricense, radicada en Italia y colaboradora del diario español El País . Laboró en La Nación.

  • Comparta este artículo
Mundo

Partida en tiempo de calma

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota