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Ojo a caracas

Actualizado el 10 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Hablemos de carros. Saque del monedero ¢250, lleve el carro a la gasolinera y pida que le llenen el tanque de 40 litros. Espere la carcajada del pistero o la molestia por la aparente tomadura de pelo.

Yo tampoco estoy tomándole el pelo a usted a través de una columnita escrita desde el país donde sí es posible llenar el tanque de combustible del automóvil con solo tres bolívares que equivalen a medio dólar con el cambio oficial o a ¢60 con el tipo de cambio del mercado negro.

Ya se sabe que es un simplismo y lleva mucho de artificio. Venezuela produce petróleo como en Costa Rica se producen ahora piñas, con la diferencia de que la piña es un postre y, aún así, nunca le costará menos que 40 litros de gasolina venezolana.

Esto hace que el venezolano piense distinto. Su dinero disponible mensual no se reduce de manera significativa por tener que alimentar los pistones del vehículo. Cuando compra carro no considera el rendimiento de kilómetros/litro. Ayer en Barinas vi tres verduleros de barrio con carros de motor camionero Cummins.

Los taxistas cobran a cálculo y las motocicletas homólogas casi igual, aunque gasten mucho menos. Su ventaja en realidad es poder moverse entre los atascos de las horas pico, entrar a callejuelas flacas y empinadas de los barrios pobres y pasar sin problemas entre los mercados callejeros, como vimos el jueves en Petare.

Los venezolanos están, obvio, felices con el combustible regalado. En la lógica más simple, el petróleo es suyo. Si le quitamos ingenuidad, tiene así el Gobierno forma de evitarse un flanco de crítica, aunque la inflación continúe en aumento.

La población recibe combustible gratis y parece fácil mantener así un carro. Ahora incluso el Gobierno financia la compra del que produce junto con Irán en una planta en Maracay.

Todo esto toca la forma de ver el carro. Es un medio de ostentación, como lo es en cualquier país, con la diferencia de que aquí es más barato ostentar. El carro, sin embargo, va más allá; sirve para exhibirse.

Por eso no es raro que escriban mensajes en los parabrisas y ventanas como en Costa Rica los escriben en las ventas de carros para poner el modelo y el precio. Aquí, desde que salí del aeropuerto el miércoles, vi pasar un Land Rover dejándole al mundo algo claro: “Chávez está en mi corazón o mi corazón se fue con él”.

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