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Ojo a caracas

Actualizado el 07 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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“Mira, es probable que lo pongan en frente”, dijo un joven viendo en contrapicada la estatua de Bolívar en el paseo de los Mártires. “Tal vez a su derecha”, replicó su compañera embarazada, suspirando preocupada como si fuera su responsabilidad definir el futuro de la imagen del hombre que dará nombre a su bebé.

Que no, que la derecha simboliza algo malo, dijo él para iniciar una discusión casi personal en medio de los miles de chavistas que se adueñaron ayer de esta capital para adorar al hombre que gobernó Venezuela y que ayer, tras el anuncio de su muerte, adquirió aires de divinidad.

“Seamos como él, sigamos su enseñanza y su testimonio”, expresó otra mujer ataviada de rojo mientras conversaba con su marido frente a una de las pantallas gigantes dispuestas para los simpatizantes de Chávez.

“Solo él mismo será capaz e ayudarnos a llevar este de dolor que nos causa su muerte. Te adoro, Chávez”, declaró a la pantalla.

Adorar, amar, querer. Lo de ayer fueron declaraciones superiores para el hombre que gobernó Venezuela por 14 años, un Maradona carismático que supo dar circo, pero también pan para los pobres que ahora lo veneran. Los chavistas se apoderaron ayer de la capital con el relativo acuerdo de los opositores, que se mantienen en retirada.

“Él está en el viento, en este rayo de luz, en los ojos de mis hijas, en cada bocado de alimento que tengamos, porque lo tenemos gracias a él”, gritaba otra mujer sobre el líder cuyo cuerpo reposaba ya al atardecer en un féretro en la Academia Militar, al este de Caracas.

Alrededor, motos aceleradas, pólvora, tambores y silencios íntimos frente a las pantallas. Un grito de alguien de “Viva, Chávez” y las lágrimas de un muchacho policía. El audio de un narrador solemne desde la Academia Militar y los parlantes cimbrando con un corrido para Chávez.

De repente, un hombre que iba solo gritó para que los demás repitieran: “¡Viva Chávez y su elegido Maduro!”. Y otros desconocidos le correspondían sin parar de caminar. Y él cargaba aire de nuevo: “Te amo, Chávez”, pronunciaba con una voz potente como la del mismìsimo expresidente.

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“Chávez, lo que tú nos pidas”, se leía en un cartel de una muchacha uniformada de camuflaje y la boina roja de la brigada de paracaidistas.

Esa muchacha está embarazada y ayer decidió que bautizará así a su hijo: de primer nombre, Hugo, y de segundo, Chávez.

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