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De vuelta a El Salvador

Náufrago salvadoreño abandona las Islas Marshall y retorna a su casa

Actualizado el 10 de febrero de 2014 a las 07:38 am

El pescador, de 37 años, que afirma haber sobrevivido 13 meses en el océano, obtuvo previamente el visto bueno de los médicos para poder viajar después de recuperarse

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Majuro

El náufrago salvadoreño José Salvador Alvarenga abandonó este lunes en avión las Islas Marshall, donde llegó hace 12 días, rumbo a Hawái, la primera etapa de su regreso a casa tras más de un año a la deriva en el océano Pacífico.

El pescador, de 37 años, que afirma haber sobrevivido 13 meses en el océano, obtuvo previamente el visto bueno de los médicos para poder viajar después de recuperarse con dificultades de su experiencia, que le llevó a un lejano atolón de este archipiélago.

Antes de subirse a un avión de la compañía United Airlines, Alvarenga agradeció al presidente de las Marshall, Christopher Loeak, el respaldo desde su llegada.

"Agradezco al pueblo de las Islas Marshall todo lo que ha hecho por mí durante mi estancia", dijo a través de un intérprete el pescador. Loeak obsequió al náufrago con un collar.

El náufrago salvadoreño, José Alvarenga, durante una rueda de prensa
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El náufrago salvadoreño, José Alvarenga, durante una rueda de prensa (AFP)
Alvarenga, que llegará a Hawái a primera hora de la mañana del martes, se dirigirá luego a El Salvador para reunirse con su familia, que durante mucho tiempo le dio por muerto.

El trayecto desde el archipiélago estadounidense hasta su país natal lo hará posiblemente por la costa oeste de Estados Unidos.

Desde que llegó a Majuro en una pequeña lancha, Alvarenga ha estado varias veces en el hospital por problemas de deshidratación y para recuperarse de las consecuencias de haber estado meses, según relató, comiendo pájaros y pescado crudos y bebiendo sangre de tortuga y su propia orina.

Alvarenga, que salió a pescar tiburones en la costa mexicana del Pacífico en diciembre de 2012, apareció el pasado 30 de enero en las Marshall, a una distancia de 12.500 kilómetros.

Su compañero de pesca, Ezequiel Córdoba, de 23 años, murió cuatro meses después de haber salido de la costa mexicana, según explicó Alvarenga la semana pasada.

A su llegada al archipiélago, el salvadoreño sorprendió por su aspecto relativamente saludable, aunque desde entonces se quejó de dolores de espalda y en las articulaciones.

Franklyn House, un médico estadounidense retirado que vio a Alvarenga la semana pasada, explicó haber visto "muy retraído" y aseguró que probablemente sufre estrés postraumático, consecuencia de su experiencia en el mar.

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Su regreso a El Salvador estaba previsto para el viernes pasado pero sus médicos consideraron que estaba todavía demasiado débil para viajar.

Alvarenga vivió más de diez años en México sin papeles antes de su odisea por el Pacífico y en los últimos días dijo querer volver a la pequeña comunidad de pescadores del estado mexicano de Chiapas, donde vivía.

Según el encargado de negocios de la embajada de México en Filipinas, Christian Clay Méndez, el pescador tendrá sin embargo que ir primero a El Salvador y luego solicitar oficialmente su entrada a México.

Sus padres, que calificaron de "milagro" la supervivencia de su hijo, viven en el oeste de El Salvador, cerca de la frontera con Guatemala, y cuidan a Fátima, la hija de 14 años del náufrago .

En los últimos días Alvarenga estuvo recluido en un hotel de Majuro, rodeado de medidas de seguridad y sin apenas contacto con el mundo exterior.

Desde entonces casi no se le ha visto en público y el acceso a su habitación fue restringido por orden del gobierno. Fuentes del hospital dijeron que Alvarenga estaba molesto con el bombardeo de llamadas y que por eso quiso irse a un hotel.

Su historia plantea todavía muchos interrogantes, tanto por el largo tiempo que logró sobrevivir en condiciones extremas como por su aspecto físico, relativamente saludable cuando fue rescatado.

En una entrevista la semana pasada, el náufrago dijo que pensó que iba a enloquecer.

"Pensaba que iba acabar loco, que no iba a conocer la gente. Miraba a mi papá, miraba a mi mamá, miraba a mis hermanas, pero eran imaginaciones", explicó el pescador, que pasaba horas "sentado, viendo el cielo, viendo el sol"

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