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Narran 159 segundos de angustia en vuelo secuestrado en México

Actualizado el 10 de septiembre de 2009 a las 12:00 am

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Narran 159 segundos de angustia en vuelo secuestrado en México

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México (AP). Mientras los mexicanos se preguntaban qué pasaba dentro del avión que veían en las pantallas de televisión, en la parte trasera del Boeing 737 se vivían los dos minutos y 39 segundos más decisivos del secuestro del vuelo 576 de Aeroméxico.

El capitán Carlos Corzo, uno de los tres pilotos que iban el miércoles en el vuelo procedente de Cancún, ya había convencido al pastor boliviano que permitiera bajar a las mujeres y los niños, aunque no imaginó que restaban 159 segundos de angustia si los 26 pasajeros y los otros seis tripulantes que permanecían en el avión, volaban en pedazos.

Después de mostrarle un artefacto de dos piezas interconectadas por cables, del que una luz roja y otra azul brillaban intermitentemente, el boliviano José Mar Flores Pereira sacó de la maleta un cronómetro que marcaba 2,39 minutos en la pantalla y lo activó en cuenta regresiva.

“Me puse a contar 60, 59, (y) cuando llegué a cero dije: falta un minuto, 30 segundos”, describió el jueves en entrevista con The Associated Press el capitán Corzo, un asesor instructor de Aeroméxico que tuvo el encargo de hablar con el secuestrador una vez que el avión aterrizó en el aeropuerto internacional de la ciudad de México.

“Me visualicé muy probablemente en una detonación, me pareció que ahí acabaría mi vida”, recordó el hombre que con todo y su nerviosismo caminó hasta la parte delantera del avión para notificarle del cronómetro al comandante del vuelo, el capitán Ricardo Ríos, y esperar a que la cuenta regresiva llegara a cero.

“Esperando que esa cuenta regresiva hubiera sido nada más una falsa alarma”, dijo.

Y así fue. El tiempo pasó y nada detonó en la maleta de Flores Pereira, un pastor evangélico boliviano de 44 años a quien una revelación divina lo llevó a secuestrar el avión con 103 pasajeros para demandar que fuera comunicado con el presidente Felipe Calderón para advertirle de un terremoto que sacudiría el país.

Pasado ese momento crítico, Corzo volvió a la parte trasera donde permanecía Flores Pereira y lo convenció de bajar del avión. Caminó con él hasta un camión de bomberos y ahí supo que había terminado su misión.

Sólo retornó a la aeronave para informarle al capitán Ricardo Ríos que había cumplido su misión.

El vuelo 576 de Aeroméxico había partido antes del mediodía del miércoles del balneario del Cancún, y tras cerca de una hora de vuelo, el comandante fue notificado por la jefa de sobrecargos Gabriela Ceja que un hombre decía tener una bomba, que demandaba hablar con el presidente de México.

Ríos dijo a la AP que el hombre pidió que el avión diera siete vueltas alrededor del aeropuerto de la capital, antes de aterrizar, pero le hizo saber a través de Ceja que no tenía suficiente combustible.

Entonces supo que debía iniciar el procedimiento por interferencia ilícita y bomba a bordo con una notificación a la torre de control. A partir de entonces, el gobierno federal inició una operación que movilizó a todo el gabinete de seguridad.

Ríos logró aterrizar el avión sin ningún percance y llevarlo a un área especial donde las autoridades tenían listo un operativo. Ahí comenzó Corzo su trabajo persuasivo disuasivo que culminó con la liberación de los 103 pasajeros y la detención de Flores Pereira que ahora enfrenta cargos por secuestro y terrorismo.

¿Harían lo mismo de tener que enfrentar una situación similar?

Ambos pilotos no vacilan en decir que sí. Por lo pronto Ríos se dispone a tomar su descanso de ocho días y Corzo tres días franco.

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