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Segundo aniversario del movimiento

Movimiento de ‘indignados’ de España regresa a zarandear la agenda política

Actualizado el 20 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Las nuevas protestas incorporan las denuncias del último bienio

A partir del 15 de mayo de 2011, los gobernantes tuvieron que variar prioridades

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Madrid. “Nos vamos, pero volveremos”. Esa fue la despedida de los portavoces del Movimiento 15-M hace dos años, cuando las autoridades pusieron fin a las acampadas de la Puerta del Sol madrileña. Han regresado, y el miércoles pasado volvieron a congregar a miles de indignados en más de 20 ciudades con lemas similares a los de su nacimiento, contra los partidos y las instituciones, aunque con el complemento de las demandas y las denuncias concretas derivadas de los recortes que han tomado cuerpo en este bienio en España.

De la indignación a la rebelión: escrache (protesta) al sistema. Ese fue el lema con el que convocaron a salir a las plazas y a las calles, en las que se apreció esa incorporación de plataformas y mareas que lideran reivindicaciones sectoriales: educación, sanidad, afectados por las hipotecas y por la adquisición de preferentes, entre otras.

Esta sectorialización fue la novedad y el elemento que más satisfacción produjo a los organizadores. Los partidos políticos y el Gobierno reconocen su influencia, que les ha removido sus conciencias, su programa y su acción. ¿Quién habló de transparencia en los partidos, del cambio de la ley electoral, de la ley hipotecaria?, recordaron el miércoles los portavoces del 15-M. Ellos, en efecto, hace dos años alzaron esas banderas y demandas y por voluntad propia, en unos casos, y a la fuerza en otros, estos han sido temas que han marcado el día a día político desde entonces. El desapego y el rechazo que el movimiento de indignados mostró hacia los políticos se han visto además continuamente avalados por las encuestas de opinión.

El espíritu de la protesta permanece, aunque su poder de convocatoria se haya debilitado, como quedó reflejado el miércoles con una menor afluencia de personas que hace dos años. También se notó en la Puerta del Sol madrileña, que llegó a ser el foco de la mirada nacional e internacional en 2011. Aun así, desde los partidos políticos se siguió con atención lo que ocurría en la veintena de ciudades. Todos reconocen que el 15-M ha conseguido zarandear la agenda política y que los ha obligado a cambiar sus prioridades.

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Si hace dos años los indignados se hicieron eco del malestar difuso de los ciudadanos, ahora vuelven cuando la situación ha empeorado drásticamente y las expectativas de mejora son nulas a medio y largo plazo. Vuelven cuando hay registrados más de seis millones de desempleados y sin que exista la posibilidad de que la situación se suavice en los próximos tres años, como ha reconocido el Gobierno. Los datos reflejan así que hay un millón más de desempleados que cuando el movimiento nació y se rebeló contra el Gobierno del PSOE y, de paso, denostó a la clase política.

Ahora, el movimiento vuelve a hacerlo. “No, no, no nos representan”, corearon los manifestantes la semana pasada por toda España, en alusión a los partidos políticos. Al cartel de protesta global De la indignación a la rebelión , se sumaron, en el segundo aniversario, lemas de otras reivindicaciones sociales, en las que parte de los organizadores ven el germen del 15-M.

En carteles y cánticos estuvieron presentes las protestas contra la ley del aborto que prepara el Ejecutivo y la respuesta al apoyo del Gobierno a la Iglesia (“¡Al PP , al PP, la sotana se le ve!”, cantaban en la marcha), las movilizaciones contra recortes en sanidad y educación –muchas camisetas de la marea verde, primera de las mareas ciudadanas que arrancó también hace dos años, unos meses después que el 15-M– o de rechazo a los escándalos de corrupción.

Freno a desahucios. “Hemos parado más de 600 desahucios solo en Madrid y se han devuelto más de 200 millones de euros en preferentes” (unos 256,6 millones de dólares), aseguró Carlos Estévez, de 54 años, y miembro de la Asamblea Popular del barrio madrileño de la Concepción y participante en la convocatoria. Mientras la marcha bajaba por el carril central de la Castellana (que en el primer aniversario estaba totalmente cortada), Estévez confesó que esperaba más gente, “pero queda un mes de movilizaciones”. Y de asambleas y debates, que ya comenzaron la semana anterior.

Lo más importante del 15-M “es que siga existiendo”. Olga Lucas, compañera de José Luis Sampedro, participó el miércoles en el cumpleaños del Movimiento al que el filósofo recién fallecido bautizó ‘los quincemayistas’.

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Hasta el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, “comprende” las protestas, según declaró a la agencia estatal de noticias portuguesa. Desde la oposición, Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE, también dijo comprender este movimiento, pero no cree que sea útil “negar la política” y combatir a los diputados. Aboga por la colaboración. Pero anoche se escuchaba: “No nos representan”. Gaspar Llamazares, de Izquierda Plural, lo comprendía: “No hemos dado muchas razones para que cambien de opinión”.

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