Mundo

María Elena Bergoglio tenía un candidato para ser papa: un cardenal brasileño. La elección de su hermano,

María Elena no quería que a su hermano lo nombraran papa

Actualizado el 07 de abril de 2013 a las 12:00 am

María Elena Bergoglio tenía un candidato para ser papa: un cardenal brasileño. La elección de su hermano, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, fue una noticia que la sorprendió pues habían quedado de acuerdo en reunirse y charlar apenas él regresara a Buenos Aires. Ese reencuentro lo sigue esperando cuando Francisco (que para ella sigue siendo Jorge) visite Argentina en diciembre.

María Elena Bergoglio Hermana del Papa

Mundo

María Elena no quería que a su hermano lo nombraran papa

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Colaborador

María Elena Bergoglio es la única hermana con vida del nuevo papa Francisco, el primer latinoamericano y jesuita en sentarse en el trono de san Pedro.

Pero, para ella, “Francisco no dejó de ser Jorge”.

Desde la vereda de su casa en la provincia de Buenos Aires, recuerda el pasado y la intimidad del Pontífice, y espera cambios en la Iglesia católica.

“Perdón que no los haga pasar, pero tengo la casa hecha Kósovo (la provincia de mayoría albanesa que se rebeló contra Serbia y se independizó).

”Desde la noticia (de la elección de su hermano como Papa) no tengo tiempo de limpiar, es un desorden, los platos sucios y' Bueno, quiero preservar un poquito la intimidad”, se excusa María Elena, desde la puerta de madera entreabierta.

Pero el pudor de eterna ama de casa no le gana a la amabilidad y, con ayuda de su hijo, saca un par de sillas para que dialoguemos más cómodos en la vereda.

“La noticia”, claro, es que el mundo católico tiene nuevo Pontífice, el primero en la historia de formación jesuita y origen latinoamericano: el argentino Jorge Mario Bergoglio o Francisco. Y que María Elena es la más pequeña, y la única con vida, de sus cuatro hermanos.

Pasaron varios días desde “la noticia” y las decenas de periodistas y unidades móviles de todo el mundo que se agolparon aquí para hablar con “la hermana del Papa” ya están persiguiendo otro último momento. Ahora, esta calle de Ituzaingó en la que estamos sentados volvió a la rutina usual de cualquier localidad humilde de las afueras de Buenos Aires, esas donde las casitas son bajas, las siestas obligatorias y los perros todavía persiguen los pocos automóviles que pasan.

“No tengo vida propia. Sigo atendiendo a los medios y a todos los que me llaman o se acercan. Es increíble. Hay gente que no conozco que pasa con el coche y me saluda –cuenta, con la garganta arenosa–. El otro día, desde un micro escolar los chicos me gritaban ‘¡Francisco, Francisco!’. Lo fuerte que es esto, la emoción de ver a todos contentos, es muy grande”, narró.

PUBLICIDAD

¿Los vecinos la tratan de otra manera ahora que es la hermana del Papa?

No, son amorosos. Hace 27, 28 años que vivo acá y les agradezco de corazón a todos por los llamados y las muestras de cariño que he recibido.

Más allá de su rutina cotidiana, ¿cambió esta noticia algo en lo personal, en su fe, en ver la realidad de otra manera?

No tuve demasiado tiempo para asimilar esto, porque es muy fuerte y tengo sentimientos que no puedo elaborar. Sí me llenó de esperanza, de alegría, el sentir el amor de todos. Es algo que me cuesta creer, ver a todo el mundo feliz, contento, esperanzado.

”Me llegó el deseo de todos de cambiar. La Iglesia está empezando su cambio, pero ahora nosotros tenemos que hacerlo, porque, si no, de nada sirve esto.

”Por supuesto, tengo que hacer una elaboración más profunda. Pero, todavía, todo es muy confuso”.

¿Dónde estaba cuándo se enteró del nombramiento de su hermano (el 13 de marzo)?

En casa, con el televisor prendido escuchando la ceremonia mientras hacía algunas tareas.

”En una de esas, oigo que apareció el humo blanco. Entonces, dejé todo y me senté a ver y esperar. Estaba mi hijo mayor conmigo y le dije que no nos cargáramos de ansiedad, porque tardan en hacer el anuncio. Primero, los cardenales le prometen obediencia, después se pasa a la Sala de las Lágrimas y recién después aparece en público. Mi hijo quería un papa franciscano, y mi favorito era el brasileño”.

¿No quería que eligieran a su hermano?

No, él era feliz en Buenos Aires, amaba la ciudad y le iba a costar mucho despegarse de ella. Cuando lo bromeaban con que podía ser Papa, él decía: ‘ni loco’.

”Incluso me llamó el día anterior a viajar a Roma para despedirse y me dijo: ‘Bueno, nena, cuando vuelva charlamos’. Él daba por descontado que regresaba, incluso había dejado su agenda de actividades programada.

”Cuando el cardenal hizo el anuncio, teníamos otras expectativas. Yo solo llegué a escuchar ‘Jorge Mario’, no el apellido ni el nombre que había adoptado. Todavía no había salido al balcón del Vaticano y ya estaban mis vecinos tocándome el timbre para saludarme y el teléfono empezó a sonar a lo loco. Así que tampoco pude disfrutar mucho de su aparición, de sus palabras. Pero vi su cara, su expresión y lo encontré bien. Eso me tranquilizó”.

PUBLICIDAD

Él la llamó poco después de ser designado'

Sí, y fue otro hecho cargado de emociones. Al escucharlo hablar, casi me muero. Fue una charla muy afectiva, me dijo que estaba bien, que las cosas se habían dado así y que había aceptado. Yo le dije que quería abrazarlo. Y él me respondió: ‘Creeme que estamos abrazados, que estamos muy juntos, más allá de las distancias’. Y es verdad: nuestra vida siempre ha sido así, ya que Jorge viajaba mucho por sus estudios. Así que estamos acostumbrados a no tenerlo físicamente, a estar cerca de otra forma. Pero ahora da la casualidad de que no lo vamos a ver porque es papa. ¡No es ninguna pavada!.

Hay 11 años de diferencia con su hermano. ¿Cómo influyó eso en la infancia? ¿Jugaban juntos o él era una figura mayor para usted?

Yo de chica no lo viví a Jorge. Cuando empecé a tener uso de razón, él ya se había ido al seminario. Pero en el tiempo que tuvimos juntos era muy protector, muy compañero, cálido y alegre. Un chico normal.

Con sus travesuras lógicas, supongo'

Sí, pero es que no las recuerdo. Jorge venía poco acá y a las casas de los hermanos, aunque siempre se hacía un tiempo para visitar a mamá. Después de que ella falleció, fue una presencia más que nada telefónica para nosotros, porque estaba dedicado a su actividad pastoral.

¿Qué sabe de Amalia, la mujer que apareció en varios medios diciendo haber sido novia de su hermano en la juventud?

Nada, no la conocí, así que mal puedo hablar de ella. Si hago un análisis, en la época y a la edad en que ella dice que ese romance ocurrió, los chicos jugaban a las bolitas y las chicas a las muñecas. Hoy sería algo de lo más normal, pero no sé quién es; por lo tanto, no puedo decir nada.

Conociendo cómo es la personalidad de su hermano, ¿qué cambios cree que puede traer su pontificado?

Jorge es impredecible y creo que él va a seguir en su línea de conducta. Si tengo una satisfacción es que Francisco no dejó de ser Jorge.

¿Eso qué significa?

Que sigue viviendo como lo hizo hasta ahora, queriendo que el evangelio se encarne en nuestros corazones y llevar a Jesús a todos, estar al lado del que sufre, del pobre. Sigue siendo así.

¿Cree que puede propiciar una Iglesia más humilde, abierta?

Totalmente. Él mismo lo dijo: quiere una Iglesia pobre para los pobres. No hay mucho que agregarle a eso.

¿Estima que van a dejar que Francisco lo haga?

No lo sé, es probable que vaya a tener resistencias. Pero Jorge no es fácil de domar y lo está mostrando. Con gestos mínimos, pero lo está mostrando.

¿Cómo toma las sospechas y acusaciones sobre el rol de su hermano durante la dictadura (entre 1976 y 1983)?

Una postura en mi vida es no asimilar lo malo, lo negativo, lo injusto, porque la calumnia, las peleas, todo eso destruye. Y yo quiero construir. Tengo la tranquilidad profunda de saber que mi hermano no participó; al contrario: ayudó. Basta. El resto no me interesa.

Al Gobierno no pareció caerle bien su nombramiento, mientras que la oposición dio la impresión de celebrarlo como un triunfo. ¿Cómo se siente al ver que ponen a su hermano en la puja política del país?

Bueno, que lo utilicen si quieren. El problema no es de Jorge ni de la Iglesia. Yo espero que, también, haya un cambio en lo político y me pareció muy acertado que él no venga al país después de su próximo viaje a Brasil. Acá estamos en pleno proceso electoral y eso podría hacer creer que él está de un lado o de otro. Y Jorge tiene que mantenerse muy aparte.

Él anunció que va a venir a Buenos Aires en diciembre. ¿Espera un reencuentro?

¡Espero que sí, aunque sea de dos minutos! Y si es un poquito más de tiempo, ¡veremos qué me sale! No creo que encuentre las palabras cuando lo vea.

Algunos medios dan cuenta de un cambio en la postura del Gobierno hacia su hermano, como una moderación del discurso. ¿Lo nota así?

Sí, hay un cambio. Algunos dicen que es real, otros que no: no importa, lo hay. Y siempre se empieza por algo. Entonces, vuelvo a lo que decía antes: no hurguemos en lo que destruye, empecemos a encontrar lo que construye. Estoy muy, muy esperanzada.

¿Recibió alguna propuesta por parte del episcopado o algún otro sector para involucrarse en tareas de la Iglesia?

No, no.

¿Le gustaría hacerlo?

Yo siempre he trabajado en eso, en actividades parroquiales.

  • Comparta este artículo
Mundo

María Elena no quería que a su hermano lo nombraran papa

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota