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‘Maduro ya está elegido’, cantan las calles chavistas

Actualizado el 08 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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‘Maduro ya está elegido’, cantan las calles chavistas

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Caracas. “Mi comandante era demasiado inteligente; si puso a (Nicolás) Maduro ahí, era por algo. El pueblo ya oyó que hay que elegir a Maduro”.

La frase salió de la boca de una vendedora de música en Petare, cuyo volumen de voz caribeña batallaba contra los pitos de las motos taxi y los acordes de las canciones chavistas que ayer se vendieron como arepas calientes.

“Sabemos que en los que manejan el chavismo habrá una matazón porque todos quieren tener la pelota, pero tenemos que unirnos por Maduro”, agregó Rubí ayer por la tarde en alusión al hombre que conduce el Gobierno y al chavismo en estos días de duelo nacional.

Eso más o menos dicen en las aceras chavistas, donde se combina el dolor por la muerte de su líder y el entusiasmo por saber que ahora sí pueden referirse a él viendo hacia el cielo. De Maduro, con cargo de vicepresidente, hablan como si hablaran del destino.

“Él (Chávez) lo dejó ahí y tenemos que cumplir su mandato”, expresó otra vendedora en un barrio llamado Las Tapias, el típico caserío pobre de la urbe venezolana que ha valido tanto como el petróleo para el proyecto socialista que aplicó Chávez en sus 14 años de gobierno.

“Es que por él, todo”, dijo la mujer antes de soltar de nuevo lágrimas por la muerte del hombre que decidió darle a ella tiquetes de alimentos gratis, educación bolivariana gratis y servicios de transporte público casi regalados. A ella y a millones.

Lo fuerte de Maduro. Cuando se le pide una virtud de Maduro, responde que “viene de la clase humilde”, pues fue chofer de autobús antes de ser sindicalista. Cuando se le pide una más, no lo duda: “Es leal a Chávez”.

“Tiene menos chispa, pero como Chávez no habrá nadie nunca. Maduro lo ha hecho bien”, reconoce Juan Carlos, encargado de una tumbacocos que difundía canciones chavistas ayer en el mercado de Petare. “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”, decía un estribillo a las 11 a. m., cinco horas antes de que el propio Maduro anunciara el embalsamiento del cadáver de Chávez.

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Para ser el presidente, Maduro deberá ser ratificado por el PSUV como candidato para las elecciones, que serían en abril, y vencer a fuerzas opositoras que, hasta ahora, han permanecido en trinchera como respetando el duelo.

En contra de Maduro juega su carencia de formación militar, una condición ventajosa para manejar el poder en este país donde las Fuerzas Armadas tienen un especial peso político. Ahí, por ejemplo, montó Chávez su proyecto bolivariano.

Esa preparación sí la tiene el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, el hombre que debería estar ejerciendo de manera formal el mando presidencial, según la Constitución venezolana.

Pero si Maduro se queda corto ante el carisma y la energía de Chávez, Cabello ni siquiera se compara. Ni siquiera tiene un buen recuerdo de su gestión como gobernador en el estado de Miranda, al que pertenece Caracas y que ahora está en manos de Henrique Carpriles, rostro de la oposición.

“Diosdado no nos ayudó tanto. No nos trató bien”, dijo un comerciante en Las Tapias, una de las zonas donde la palabra “ayuda” fue la palanca de cada día en los gobiernos de Chávez.

A este cerro llegan las 120 cabinas de un moderno teleférico que permite llegar a la ciudad en 20 minutos y ya no en dos horas, como sucedía cuando había que viajar en autobús. Fue inaugurado hace tres meses al calor de las elecciones que ganó Chávez. Pero no lo inauguró él; lo inauguró Maduro.

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