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Hezbolá, más que un grupo armado, es casi un Estado

Actualizado el 12 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Hezbolá, más que un grupo armado, es casi un Estado

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Surgió al calor de la invasión de Israel a Líbano en 1982. El objetivo primario era resistir la ocupación del territorio.

Pero, con el correr del tiempo, Hezbolá evolucionó de un pequeño grupo armado a una organización también política con fuerte implantación en Líbano, al punto de que a menudo se la considera un Estado dentro de otro.

La fundación se remonta a 1985, concebida por clérigos islámicos y respaldada por Irán, ya entonces gobernado por el régimen teocrático instituido por el ayatolá Ruholá Jomeini.

El nacimiento del grupo –que Estados Unidos, Israel, Europa y Bahréin califican como terrorista– se da “a partir de una radicalización en el seno de los chiitas libaneses”, escribe Gilbert Achcar, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad París VIII.

Ese giro lo viven milicianos del grupo Amal, chiita, que ven con simpatías la fundación de la República islámica iraní.

Además de luchar por la expulsión de los israelíes de Líbano, Hezbolá contempla como una de sus metas supremas la destrucción del Estado de Israel, propósito que comparten Irán, Hamás y otras organizaciones radicales.

Más que una milicia. Aparte de constituir una fuerza militar que incluso se ha enfrentado con los israelíes y cuenta con un poderoso arsenal , la agrupación es un fuerte actor en la vida política libanesa. Cuenta con dos puestos en el gabinete y 12 de los 128 escaños legislativos.

Empero, al no ser mayoría, y dado el carácter multiconfesional de Líbano, Hezbolá renunció a la idea de impulsar una República islámica, como sí lo contemplan otras organizaciones similares.

Achcar señala: “Sigue reivindicando ideológicamente el modelo iraní, pero se contenta con ser en Líbano una fuerza política (...) comprometida en el juego político interconfesional”.

Hezbolá tiene radio y televisión y una amplia red de programas sociales con los cuales ha logrado arraigo entre la población, sobre todo chiita, por lo que es capaz de emprender grandes movilizaciones de masas.

La organización, dirigida por Sheik Hasan Nasralá, recibe entrenamiento, armamento y respaldo financiero de Irán, y también apoyo político de Siria.

La capacidad de movilización y el empecinamiento en combatir a Israel por todos los medios, constituye un motivo de preocupación para el Gobierno de Tel Aviv.

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Víctor Hugo Murillo S.

vhmurillo@nacion.com

Editor de El Mundo

Editor en la sección Mundo de La Nación. Periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Además realizó estudios de Historia. Escribe sobre temas relacionados con el acontecer internacional.

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