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Excomunión a quien viole secreto

Actualizado el 13 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Excomunión a quien viole secreto

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Ciudad del Vaticano. AFP. El cónclave para elegir al sucesor de Benedicto XVI en la Capilla Sixtina se lleva a cabo en absoluto secreto siguiendo un ritual centenario que concluye con la famosa proclamación Habemus Papam , una discreción de obligado cumplimiento tanto para los cardenales como para el personal auxiliar, bajo pena de excomunión.

Antes de la entrada de los cardenales en procesión en la Capilla Sixtina ayer, primer día del cónclave, todo el edificio fue “limpiada” por especialistas para detectar si había micrófonos o cámaras ocultas.

Por precaución, la gendarmería del Vaticano ha inhabilitado temporalmente los detectores que controlan de humedad y la temperatura de esta sala histórica.

También se instalaron baños químicos cerca de la capilla para evitar que los prelados tengan que utilizar los del piso inferior y estén obligados a mezclarse con los turistas y los curiosos.

La elección del Papa se llama cónclave en referencia a las puertas cerradas con llave, una tradición que empezó en 1274 cuando, después de tres años de deliberaciones, los cardenales fueron encerrados bajo llave por la población para obligarlos a nombrar un papa.

Razón del secreto. En la Antiguedad, la obligación de conservar el secreto servía para impedir a la nobleza romana o al emperador inmiscuirse en las discusiones entre cardenales.

En 1996, Juan Pablo II reforzó el secretismo al decretar excomunión para los que contasen las discusiones del cónclave.

El personal auxiliar –médicos, enfermeras, sacristanes, choferes o técnicos encargados de mantener operando los ascensores–, también tienen que guardar silencio.

“Si en la elección del Romano Pontífice se perpetrase –Dios nos libre– el crimen de simonía [el pecado de negociar con cosas espirituales o religiosas], determino y declaro que todos aquellos que fueran culpables incurrirán en excomunión”, dictaminó el Papa polaco en su constitución apostólica.

El texto impone un juramento en el que los cardenales se comprometen a no “hacer uso de cualquier instrumento de grabación, audición o visión de cuanto, durante el periodo de la elección, se desarrolla dentro del ámbito de la ciudad del Vaticano, y particularmente de lo que directa o indirectamente de algún modo tiene que ver con las operaciones relacionadas con la elección misma”.

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El secreto afecta a la Internet y a las redes sociales como Twitter o Facebook. Celulares, tabletas táctiles y otros sistemas de comunicación modernos quedan inutilizados dentro de la capilla gracias a un sistema de interferencia. También está prohibido leer periódicos o mirar la televisión.

Antes de cada una de las cuatro votaciones diarias en la Capilla Sixtina y hasta que se alcance una mayoría de dos tercios, cada uno de los purpurados tendrá que volver a jurar que guardará secreto absoluto.

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