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Elección papal agita pasado de la “guerra sucia”

Actualizado el 14 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Algunos activistas acusan a Bergoglio de estar más preocupado en preservar la imagen de la Iglesia que de proporcionar pruebas para los muchos juicios por violación de derechos humanos en Argentina

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                         Bergoglio invocó en dos ocasiones su derecho bajo la ley argentina de negarse a comparecer en una corte abierta en juicios que involucran tortura y homicidio dentro de la temida Escuela Superior de Mecánica de la Armada. | AP.
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Bergoglio invocó en dos ocasiones su derecho bajo la ley argentina de negarse a comparecer en una corte abierta en juicios que involucran tortura y homicidio dentro de la temida Escuela Superior de Mecánica de la Armada. | AP.

Argentina (AP). Rara vez se habla de Jorge Mario Bergoglio, ahora papa Francisco I, sin mencionar su humildad, su rechazo a hablar sobre sí mismo.

Sus admiradores hablan también de su abnegación, al explicar por qué él rara vez ha negado una de las acusaciones más escabrosas en su contra: Que estuvo entre los líderes de la Iglesia que apoyaron activamente la dictadura asesina de Argentina.

Es indiscutible que José Mario Bergoglio, al igual que la mayoría de otros argentinos, no confrontó abiertamente a la junta militar que manejó el país de 1976 a 1983 mientras al mismo tiempo los gobernantes militares secuestraban y asesinaban a miles de personas en una “guerra sucia” para eliminar a adversarios de izquierda.

Pero el biógrafo autorizado del nuevo papa, Sergio Rubín, argumenta que esa fue una falla de la Iglesia Católica en general y que es injusto identificar a Bergoglio con la culpa colectiva que aún agobia a muchos argentinos de su generación.

“En una cierta manera muchos argentinos terminaron siendo cómplices”, en un tiempo en que cualquiera que hablara abiertamente podía convertirse en un objetivo, recordó Rubín en una entrevista con The Associated Press justo antes del cónclave papal.

Algunos activistas defensores de los derechos humanos acusan a Bergoglio, de 76 años, de estar más preocupado en preservar la imagen de la Iglesia que de proporcionar pruebas para los muchos juicios por violación de derechos humanos en Argentina.

“Hay una hipocresía que tiene que ver con toda la conducta de la Iglesia; y Bergoglio en particular”, dijo Estela de la Cuadra, cuya madre cofundó durante la dictadura el grupo activista Abuelas de la Plaza de Mayo para buscar a familiares desaparecidos. “Hay juicios de toda clase y Bergoglio se niega sistemáticamente a apoyarlos ” , agregó.

Bergoglio invocó en dos ocasiones su derecho bajo la ley argentina de negarse a comparecer en una corte abierta en juicios que involucran tortura y homicidio dentro de la temida Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) y el robo de bebés de detenidos. Cuando al final sí testificó en 2010, sus respuestas fueron evasivas, dijo a The Associated Press la abogada por los derechos humanos Myriam Bregman.

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