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Cuarenta y ocho horas para romper moldes

Actualizado el 16 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Cuarenta y ocho horas para romper moldes

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                         Fotografía de 1998 en la que se ve al entonces obispo Jorge Mario Bergoglio, nombrado nuevo Pontífice el pasado miércoles, en una visita a la Villa 21-24, un  barrio pobre de Buenos Aires. | AFP.
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Fotografía de 1998 en la que se ve al entonces obispo Jorge Mario Bergoglio, nombrado nuevo Pontífice el pasado miércoles, en una visita a la Villa 21-24, un barrio pobre de Buenos Aires. | AFP.

Ciudad del Vaticano. AFP. En menos de 48 horas de pontificado, Francisco, el primer Papa latinoamericano ha impuesto un estilo innovador, más accesible, sencillo y directo, tanto en gestos como en discursos, que el de su predecesor Benedicto XVI.

“Hermanos, hermanas, buenas noches”, fueron las primeras palabras pronunciadas el miércoles por el Pontífice que inauguraba una página de la historia como primer Papa de las Américas, primero jesuita y primero no europeo en 13 siglos.

Vestido con una sotana blanca adornada solo con una cruz, prescindió incluso de la estola roja de cardenal con bordes de piel de armiño para su presentación al mundo en el balcón de la basílica de San Pedro, y solo se la puso para impartir la bendición urbi et orbi, después de haber pedido a los fieles que rezaran por él.

Desde entonces, el nuevo Papa, que siempre llevó un estilo de vida austero y estuvo cerca de los pobres, no ha dejado de sorprender en cada una de sus apariciones, públicas o privadas.

Para su primera homilía, renunció el jueves al discurso preparado tradicionalmente por la Secretaría de Estado del Vaticano y optó por la improvisación para invitar a la Iglesia católica, en un lenguaje inteligible y moderno, a volver a la esencia del cristianismo para no convertirse en una “ONG piadosa” y a huir de lo “mundano”.

Esta familiaridad se repitió por momentos en su encuentro ayer con los cardenales, a quienes de entrada saludó como “hermanos”, no señores ni eminencias como suelen llamarlos, y ofreció un inhabitual parte médico del anciano purpurado argentino Jorge Mejía, quien se recupera de un infarto en una clínica romana.

Aunque en esta ocasión sí leyó, se saltó el guion en varias ocasiones refiriéndose con un tono más relajado al Espíritu Santo como un “apóstol de Babel” que vela por la armonía dentro de la Iglesia.

Al final, se levantó del trono para saludar uno por uno a todos los cardenales y se puso espontáneamente la pulsera amarilla que le regaló el cardenal sudafricano Wilfrid Napier.

Francisco, de 76 años, sorprende porque rompe todos los moldes establecidos por su predecesor Benedicto XVI, más ceremonioso y teológico en sus discursos, que renunció inesperadamente, en un gesto sin precedentes en siete siglos.

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En sus primeros actos, se ha mantenido fiel a sus principios, luciendo sencillos hábitos papales sin abalorios, renunciando a su Mercedes oficial o pasando por el hotel donde se alojaba antes del cónclave para hacer su maleta y pagar personalmente la cuenta.

Siguiendo esa misma línea, pidió a los argentinos, obispos y simples peregrinos que se abstengan de viajar al Vaticano para su misa de entronización del martes y emplear ese dinero en hacer “un donativo a los pobres”, según contó el padre Lombardi.

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