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Crece descontento contra el Gobierno en Turquía

Actualizado el 02 de junio de 2013 a las 12:00 am

La administración de Recep Tayyip Erdogan ha introducido la religión al ámbito político

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Crece descontento contra el Gobierno en Turquía

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                         Erdogan ha pedido el fin de las manifestaciones. | AFP
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Erdogan ha pedido el fin de las manifestaciones. | AFP

Ankara (AFP). Las protestas de estos días en Estambul y en decenas de ciudades turcas, originadas por un pequeño grupo de militantes de asociaciones, reflejan el enfado de una población harta del poder autoritario que desde hace diez años ejerce el gobierno islamista conservador de Recep Tayyip Erdogan.

Desde la extrema izquierda a la derecha nacionalista, todo el espectro político turco se unió el sábado para invadir la plaza Taksim y festejar al grito de “¡Dictador dimisión!” la derrota frente a la calle del primer ministro Erdogan.

Todos expresaron la cólera acumulada contra la política del Ejecutivo, exacerbada además por la violenta represión policial.

“Estas manifestaciones no son obra de un puñado de militantes o de una organización, sino la expresión de una generalizada frustración de gente de todas las corrientes políticas”, asegura el politólogo Ilter Turan, de la universidad privada Bilgi de Estambul.

“Es un movimiento popular sin precedentes, súbito, (...) producto de la frustración y la decepción de los sectores laicos de la sociedad, que carecen de influencia sobre la vida pública desde hace 10 años”, afirma por su lado Sinan Ulgen, de la fundación Carnegie Europe.

El islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) llegó al poder en 2002 en una Turquía exhausta por una crisis financiera y por la inestabilidad política generada por las intervenciones de los militares en la vida pública.

En diez años, su gobierno ha logrado multiplicar por tres el ingreso por habitante gracias a un crecimiento que superó el 8% en 2010 y 2011, generalizó el acceso a la educación o la salud, y relegó al ejército a los cuarteles.

Pero también hizo ingresar la religión en el espacio público, ante la inquietud de los defensores de la República laica. El velo islámico ha sido autorizado en algunas universidades. El virtuoso pianista Fazil Say fue condenado por blasfemia por una serie de tuits en los que ironizaba sobre la religión musulmana. La semana pasada, el gobierno hizo votar una ley que prohíbe la venta de alcohol cerca de las mezquitas y las escuelas. La lista es larga, sin contar con los intentos por limitar el derecho al aborto o prohibir el adulterio.

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Numerosos manifestantes de Ankara o Estambul, u otras ciudades del país, expresaron su hartazgo ante un poder que, dicen, quiere “imponerles una forma de vivir”.

Por su parte, la izquierda y la extrema izquierda también denunciaron la represión ejercida por las autoridades, so pretexto de la lucha contra el terrorismo, con miles de personas detenidas.

Todos acusan a un poder cada vez más autoritario, amparado por sus éxitos electorales. Frente a una oposición totalmente superada, el partido de Erdogan ganó las elecciones generales de 2007 y 2011, con 47% y 50% de los votos respectivamente.

Obligado por las normas del AKP a renunciar a la jefatura de gobierno en 2015, Erdogan no esconde su ambición de aspirar el próximo año al cargo de presidente, que será electo por primera vez mediante sufragio universal.

Sus adversarios ya aluden a un “nuevo sultán”, y a sus faraónicos proyectos lanzados los últimos meses para Estambul, como un tercer puente sobre el Bósforo o el futuro aeropuerto gigante de la ciudad.

Algunos esperan que los recientes acontecimientos hayan cambiado en algo la situación. “La ola de protestas en la plaza Taksim ha afectado por primera vez la imagen todopoderosa del primer ministro”, escribe el domingo el editorialista Murat Yeykin, del Hurriyet Dailynews.

Durante un discurso pronunciado este domingo, Erdogan no parecía sin embargo muy afectado. “Si llaman dictador a alguien que sirve al pueblo ¿qué puedo hacer yo?” lanzó, con ironía.

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