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Chávez: la campaña de los diluvios

Actualizado el 05 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Chávez: la campaña de los diluvios

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El chavismo preparó ayer la mayor demostración de fuerza de la historia política venezolana.

Toda la maquinaria del Estado y cinco millones de dólares (según cálculos de la oposición) al servicio del “candidato del pueblo” para que sus simpatizantes inundaran las calles de Caracas. Objetivo: superar a la concentración opositora del domingo, que reunió a más de un millón de personas en la avenida emblemática del movimiento bolivariano. Había que derrotar como fuera a la “victoria moral”, como la definió Teodoro Petkoff, líder intelectual del antichavismo.

El centro de la capital se transformó así en el gran escenario de una película política de incierto epílogo. Y como en todo gran filme, también había extras.

Extras en la función. Muchos. Algunos pagados; otros obligados. Todos los funcionarios públicos debían hacer acto de presencia en las siete avenidas “rojas”. Se les controlaba por listas, a algunos se les retiraba la cédula, a otros se les amenazaba con suspender sus trabajos. Los damnificados de las lluvias también debían acudir a la marcha. Incluso militares eran obligados a cambiar sus chaquetillas verdes por franelas rojas.

Se llenaron 4.500 autobuses con gentes llegadas de todas partes. Un kit con comida y entre $100 y $250. Y todos con la camiseta roja.

Solo faltaba el comandante del amor, el corazón del pueblo. Y cuando estaba a punto de salir, se desató el gran diluvio.

“Tremendo palo de agua”, como dicen en criollo. Otro diluvio más en una campaña errática, marcada por las apariciones intermitentes de Chávez, los insultos y la guerra sucia contra la oposición.

“Hemos sido bañados con el agua bendita de San Francisco”, improvisó Chávez.

La “aburrida” campaña del oficialismo, como la bautizó el politólogo Luis Vicente León. O la campaña horribilis, que comenzó con los 26 muertos en la cárcel Yare, siguió con la rebelión sindical en Bolívar, la caída del puente de Cúpira, los constantes apagones eléctricos y el terrible accidente en la refinería de Amuay (44 fallecidos).

Las palabras del presidente en ese funeral fueron como un mazazo para muchos venezolanos: “La función debe continuar. Todos los muertos resucitan cada día con la victoria de la Patria”.

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Pertinaz diluvio contra los poderosos paraguas del comandante golpista: el 40% de chavismo duro, su voto incondicional contra huracán y marea; el multimillonario gasto social de su gobierno ($500.000 millones, según sus cálculos) y el empuje del aparato ideológico y de propaganda montado por el oficialismo en la última década.

El final incierto de esta película no se conocerá hasta el próximo domingo.

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