Carlos Arredondo sobre la Maratón de Boston: ‘Caí en un charco de sangre’

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      Carlos Arredondo Piedra luego de terminar su intervención ayer ayudando a heridos en la explosión ocurrida en la Maratón de Boston. | AFP.
Carlos Arredondo Piedra luego de terminar su intervención ayer ayudando a heridos en la explosión ocurrida en la Maratón de Boston. | AFP. ampliar

San José. Carlos Arredondo Piedra, un costarricense de 52 años, narró esta mañana en exclusiva a este diario su experiencia ayer ayudando a heridos en un punto donde explotó la primera bomba al término de la Maratón de Boston.

Arredondo, extorero improvisado en Zapote, trabaja por cuenta propia y dice ser activista de paz. El costarricense reside en la ciudad estadounidense que fue afectada ayer por las explosiones que ya suman tres muertos y 150 personas heridas.

El tico ya había sido noticia en el 2004 cuando, al enterarse de la muerte de su hijo soldado en Irak, quemó la camioneta de unos soldados del Ejército de EE. UU. que le dieron la noticia. En ese episodio, sufrió diversas quemaduras. Su otro hijo se suicidó hace año y medio; pues al parecer nunca superó la pérdida de su hermano.

Arredondo estaba ayer en la línea final de la maratón porque unos guardias nacionales; unos veteranos, estaban corriendo “para honrar a mi hijo que murió en Irak y una señora de una organización de samaritanos estaba corriendo en honor a mi otro hijo quien se había suicidado. Tenía bastantes razones para estar ahí”.

“Empecé a las 11 a.m. ahí. Me puse a regalar banderas americanas de tamaño mediano para poner en las barandas. Soy activista de paz y además estaba allí para rendir homenaje a mis hijos”, explicó esta mañana, vía telefónica, mientras aguardaba ser interrogado por la policía en su condición de testigo.

“Nosotros teníamos entradas VIP a las graderías a las 2 p.m. justo frente a donde ocurrió la explosión. Antes de eso anduvimos ahí caminando, estuvimos un rato compartiendo con los veteranos que corrieron y luego nos pasamos a esas graderías”, agregó un Arredondo de hablar veloz y con una exaltación en la voz comprensible en quien ha presenciado algo impactante.

¿A qué distancia estaba usted del lugar de la explosión?

Cruzando la calle, como unos tres carriles de tránsito. Calculo que poco más de unos 10 metros de donde ocurrió la situación.

¿Cómo reaccionó en los primeros segundos?

“Al momento de la detonación estaba con otro amigo sosteniendo una bandera y con la cámara en mi mano porque ya venía a quien estábamos esperando. En eso vino la explosión, que fue una vibración bien fuerte que atrajo la atención de todos, luego ví la bola de fuego y luego una cantidad de humo”.

“Todo mundo a mi alrededor estaba en shock. Me quedé viendo por donde salió el humo, ya la gente se había ido y en eso me salté la cerca y corrí hacia donde fue la primera explosión. En eso escuché la otra, como un cañonazo”.

“Cuando llegué del otro lado, me salté la otra cerca. Quería ayudar, a uno lo mueve la parte de ser humano, de colaborar. He tenido mis instintos antes de saltar a ayudar a otro o salvarme yo mismo de un peligro. Pudo haber habido una tercer bomba pero nada más me persigné y le pedí a Dios que me protegiera”.

“Todas la primeras líneas de gente que estaba celebrando, la explosión les cortó las piernas porque el explosivo fue puesto en el piso. Eso les rompió las piernas y huesos a muchas personas”.

“Cuando brinco y salto la cerca, caigo sobre un charco de sangre. Mi bandera que tenía en la mano izquierda se me cayó, alcancé a tomar algunas fotos y en eso me volví a la izquierda y ví a unas muchachas en estado muy serio. Esa fue mi impresión, tenían los ojos abiertos pero se les veía como en estado de mortalidad”.

“En eso una muchacha frente a mí me pidió ayuda y me acerqué. Le decía "arrecuéstese, arrecuéstese, ya viene la ayuda. Otra señora estaba gritando”.

“Las piernas no las tenía más”. En este punto, la voz de Arredondo cobra aún más velocidad mientras detalla la crudeza de la escena.

“Al puro frente mío había un muchacho joven que las piernas no las tenía más, estaban a un lado. Ese era el charco de sangre donde yo caí al saltar. Recogí mi bandera, la enrrollé y como ví que la gente que venía a ayudar no podía pasar, empecé a desbaratar la barrera de protección para abrir paso.

“Apenas terminé, llegué donde ese muchacho y lo toqué, estaba consciente y le dije que se calmara, que ya venía ayuda. En eso veo las heridas de las piernas, ahí fue cuando me puse a ver qué hacía. En eso cogí una suéter para ver si le arrancaba un pedazo de trapo para amarrarle la herida pero no lo hice”.

“En eso vino un señor y le aplicó el torniquete con mi suéter. Luego alguien le pasó una gasa grande más y le hizo el torniquete a la otra pierna. Alguien se arrimó con una silla de ruedas, y ahí mismo la tomé y luego alcé al muchacho y luego lo senté en la silla de ruedas. A la muchacha le dije: corre, let´s go, vámonos, vámonos, let´s go, let´s go”.

“Empezamos a avanzar pero se nos aflojó uno de los torniquetes de camino y tuve que ponerle yo la mano para sostenerle la herida porque la tela se enredó en una de las ruedas de la silla”, afirmó.

"Lo llevé unos 200 metros hacia la tienda de emergencia que estaba ahí. Yo estaba gritando ambulancia, ambulancia y empujando gente. A este muchacho no había que ponerlo en una mesa a tomarle datos y eso, había que mandarlo de una vez al hospital. Quedé todo lleno de sangre, zapatos, camisa, ropa, pero a Dios gracias pude hacer mi parte como muchos hicieron lo suyo".

¿Sufrió usted alguna herida?

"No ninguna, solo un rasguñito subiendo las barandas".

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