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Matanza en 1996 condujo a desarme de población civil en país oceánico

Australia, un ejemplo de control de armas difícil de llevar a EUA

Actualizado el 25 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Alianza política y apoyo público permitieron entrega de 600.000 armas

Grupos de interés y división de opiniones complica regulación en Estados Unidos

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Australia, un ejemplo de control de armas difícil de llevar a EUA

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                         Cerca del Departamento de Bomberos, en  Sandy Hook (Connecticut ), los tributos a las víctimas siguen multiplicándose luego de  la masacre. | AFP.
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Cerca del Departamento de Bomberos, en Sandy Hook (Connecticut ), los tributos a las víctimas siguen multiplicándose luego de la masacre. | AFP.

Sídney. AFP. Tras la matanza de 35 personas en 1996, Australia tomó control de cientos de miles de armas de fuego gracias a un amplio consenso político; un ejemplo que sin embargo difícilmente podría aplicarse en Estados Unidos, donde la población sigue siendo muy reacia a cualquier tipo de límite en la materia, aseguran los analistas.

El 28 de abril de 1996, Martin Bryant, un hombre de 28 años, abrió fuego contra la multitud en Port Arthur, un centro turístico localizado en la isla de Tasmania donde mató a 35 personas.

Luego retuvo a varios rehenes durante dieciocho horas y finalmente fue detenido y condenado a cadena perpetua.

Doce días más tarde, un amplio consenso político culminó con la prohibición de las armas largas y las armas cortas en Australia.

“Si no hubiese hecho nada, habría erosionado la autoridad moral que tenía como primer ministro recientemente elegido”, explicó hace poco John Howard, nombrado jefe del Gobierno australiano dos meses antes del drama de Port Arthur. En un año, las autoridades australianas recuperaron 600.000 armas gracias a un programa de recompra y a una amnistía dirigida a los propietarios de armas ilegales. El resultado es que desde entonces no ha habido otra matanza de este tipo en ese país.

En marzo de 1996, unas semanas antes del drama de Port Arthur, Gran Bretaña vivió una tragedia similar cuando un desequilibrado mató a 16 niños y a su maestra en una escuela de Dunblane.

En últimos años, Finlandia y Alemania también fueron el escenario de varias matanzas de escolares, pero es en Noruega donde se produjo el episodio más sangriento cuando el extremista Anders Behring Breivik mató a 69 personas durante un congreso de jóvenes laboristas el 22 de julio de 2011.

En Estados Unidos, la matanza de la semana pasada en una escuela de Connecticut que dejó 26 muertos, de ellos 20 niños, levantó nuevamente el debate sobre la tenencia de armas en manos civiles en un país donde están muy arraigadas.

El presidente estadounidense, Barack Obama, encargó a su vicepresidente Joe Biden hallar una respuesta a la violencia con armas de fuego y que examine como reglamentar la venta de fusiles de asalto y de cargadores de gran capacidad. El mandatario exige que haya planes concretos al respecto a más tardar para enero próximo.

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Contextos son distintos. Philip Alpers, de la Universidad de Sídney, trabajó cuatro años en el control de armas en EE. UU. y duda de la capacidad de Obama para cambiar la cosas, tal y como pasó en Australia.

“Culturalmente, somos muy diferentes. La reacción natural de los australianos después de Port Arthur fue decir que teníamos que reducir el número de armas en circulación. Howard tenía un apoyo masivo de la opinión pública en ese momento”, recordó Alpers.

En Estados Unidos, “las armas se confunden con la libertad y la opinión está muy dividida”, opinó el analista australiano.

En EE. UU., la industria de fabricación de armas y municiones suma unas 300 empresas con ingresos anuales combinados por $6.000 millones, señala la firma de investigación de empresas Hoover’s, filial de Dun & amp, Bradstreet.

La firma agrega que ese negocio está muy concentrado y, además, en una nación donde el derecho a portar armas lo garantiza la Constitución; todo un contraste con naciones europeas y Australia, donde las normas para que un civil tenga un arma de fuego son restrictivas.

Datos de la Asociación Nacional del Rifle de EE. UU. (NRA), grupo de interés que defiende a ultranza la posesión de armas, muestran que hay 300 millones de armas legales en posesión de ciudadanos.

La NRA afirma que el número crece en unos cuatro millones de unidades al año y en el 45% de hogares hay un arma bajo su techo.

Según John Howard, Obama tendrá que enfrentarse a estos grupos de interés pues debe actuar.

“Será difícil, pero no imposible”, declaró esta semana el político australiano al Daily Telegraph de la ciudad de Sídney.

En el 2009, en Australia hubo una media de 0,1 homicidios por arma de fuego por cada 100.000 personas, frente 4,8 en Estados Unidos en el 2010, indican datos de la Oficina Federal de Investigación y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).

No obstante, 15 años después, todavía hay australianos que siguen cuestionando la relación entre el número de personas que tienen armas y la mortalidad por balas.

La Asociación Australiana de Tiradores Deportivos se apoya en un estudio del Melbourne Institute, centro de investigaciones económicas y sociales, que afirma que hay pocas pruebas para sugerir que la ley de armas de 1996 haya tenido un efecto significativo en los homicidios por bala y los suicidios.

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