Hombre falleció por causas naturales

Por: Yuri Lorena Jiménez 20 noviembre
Charles Manson tenía 83 años edad. Foto: AFP/Archivo
Charles Manson tenía 83 años edad. Foto: AFP/Archivo

Charles Manson, líder de un culto cuyos seguidores mataron a la actriz Sharon Tate y a seis personas más en 1969, falleció este domingo. Tenía 83 años.

Manson murió por causas naturales el domingo en la noche, dijo una vocera del Departamento de Prisiones de California, según un despacho urgente de la agencia AP.

Poco antes de la media noche, medios mundiales empezaron a confirmar la muerte de uno de los criminales que marcaron a la sociedad estadounidense y quien se convirtió en una famosa figura macabra en la cultura pop occidental.

Los sangrientos asesinatos horrorizaron al mundo y revelaron la vertiente violenta de una contracultura que promovía la paz y el amor. Las muertes se produjeron en noches consecutivas de agosto y aterrorizaron a la ciudad de Los Ángeles. La noche siguiente, una pareja adinerada fue asesinada por el mismo grupo.

Según los investigadores, Manson envió a un grupo de jóvenes seguidores descontentos a cometer los asesinatos como parte de una creencia casi religiosa de que provocaría una guerra.

El homicida estadounidense encendió las alertas el miércoles anterior, cuando fuentes oficiales confirmaron que se encontraba en un hospital y que su estado de salud se deterioraba rápidamente.

Según el portal TMZ, citado por la agencia AFP, el asesino, quien se tatuó hace más de cuatro décadas una cruz esvástica en su frente, fue trasladado de urgencia, escoltado por cinco policías, a un hospital de Bakersfield, en California. Allí fue sometido a una serie de tratamientos.

“Esto no va a conseguir una mejora para él”, aseguró la fuente de TMZ, en ese momento. También informó que el psicópata había sido hospitalizado en enero para ser operado por lesiones intestinales y una hemorragia interna, pero se lo consideró demasiado débil para ello y fue reenviado a prisión.

Manson estuvo en prisión más de 40 años. Fue condenado a muerte en 1971 junto a cuatro de sus discípulos por el asesinato de siete personas, entre ellas Sharon Tate, que en ese entonces era la esposa del realizador Roman Polanski y estaba embarazada de ocho meses y medio, en agosto de 1969.

Sus condenas fueron posteriormente conmutadas a cadena perpetua.

A finales del 2014, hizo un pedido de autorización para casarse con una mujer de 26 años, Afton Elaine Burton, sin que se le diera curso. En 2012, interpuso una demanda para obtener su libertad anticipada, que le fue rechazada. Debería esperar al 2027 para hacer una nueva petición.

Charles Manson siempre desafió a la sociedad y, sobre todo, a la autoridad. Foto: Archivo
Charles Manson siempre desafió a la sociedad y, sobre todo, a la autoridad. Foto: Archivo
Asesino sin asesinar

Pese a que toda la responsabilidad por la masacre de siete personas recayó en él, Manson no tuvo necesidad de ensuciarse las manos; sin embargo, el dirigió la barbarie una vez que logró consolidar el enajenamiento con el que se convirtió en el amo de un grupo de jóvenes hippies que lo veían como una deidad absoluta. Harían cualquier cosa por él. Y vaya que lo demostraron.

De niño, su madre lo cambió por una cerveza. Vivió entre reformatorios y prisiones que moldearon a un ser enfermo y rabioso. Se desquitó con Hollywood.

En febrero del 2012, el periodista Jorge Hernández reconstruyó, en su sección La Página Negra, de Teleguía, el camino de vida de Charles Manson desde su infancia y los hechos que posiblemente influyeron en lo que años después lo convertiría en "el asesino más célebre del planeta".

Charles Milles Manson tenía cinco años cuando su madre lo cambió por una jarra de cerveza, a los 13 cometió su primer asalto a mano armada, a los 21 era un robacarros, a los 24 estaba en prisión, a los 33 salió libre y a los 37 fue condenado a la cámara de gas por instigar siete asesinatos, entre ellos el de la actriz Sharon Tate, cosida a puñaladas y colgada del techo como una res en el matadero, según la descripción del News of the World.

Roman Polansky y su esposa, la actriz Sharon Tate, durante una actividad social, dos años antes de los terribles acontecimientos. Foto: Archivo
Roman Polansky y su esposa, la actriz Sharon Tate, durante una actividad social, dos años antes de los terribles acontecimientos. Foto: Archivo

La noche del 9 y 10 de agosto de 1969 Manson convenció a cuatro fanáticos de su secta, La familia, para que iniciaran la guerra radical que daría de nuevo el poder a los blancos y esclavizaría a los negros. La tierra sería regida por cinco ángeles: John Lennon, Ringo Starr, George Harrison, Paul McCartney y, por supuesto él: Charles Manson, reencarnación del mismísimo Jesucristo.

En el 2011, Vanity Fair publicó una entrevista con Manson tras el anuncio de que su abogado, Giovanni DiStefano, presentaría un recurso ante un organismo Interamericano de Derechos Humanos para su liberación. Incluso le envió una petición al entonces presidente Barack Obama.

Hippies, drogas, sexo libre y rock… Fueron la mezcla utilizada por Manson para manipular a una pandilla de destacados a los que seducía con sus peroratas sobre la música y la libertad. En su mayoría eran jóvenes mujeres, víctimas del ácido lisérgico, las anfetaminas, hogares destruidos y almas en pena que rondaban los meandros de Hollywood.

Manson fue el corolario de una década, la de los 60, que tiró al piso el stablishment y el telón de fondo de la violencia institucionalizada: la crisis de los misiles cubanos, el asesinato de John F. Kennedy, de su hermano Robert y del activista negro Martin Luther King; el auge de las panteras negras, la guerra de Vietnam, la masacre de My Lai, la deforestación, el agente naranja y el napalm.

Racista, misógino, proxeneta, ladronzuelo, se consideraba asimismo un "ángel exterminador" que basaba su doctrina en dos fuentes "sagradas": El capítulo 9, versículo 21, del Apocalipsis, "ni se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus maleficios, ni de su fornicación, ni de sus robos”. Los mensajes en clave dejados en el Álbum Blanco de The Beatles.

En su enferma cabeza, interpretó que el fin del mundo lo anunciaban canciones como Helter Skelter Piggies Sexy Sadie Blackbird Revolución 9; , una burla a la clase dirigente; un himno a Susan Atkins –ladrona y asesina–, oda a la rebelión de los negros y la versión musical del versículo apocalíptico, todo según él.

Nacido para matar

La vida de Charles Manson transcurrió entre reformatorios y prisiones, de donde salía de tanto en tanto para delinquir y volver al pozo. Antes de ser condenado a muerte, era ya un veterano de las rejas; unas veces por falsificar cheques, otras por proxeneta, algunas por atracos menores y casi siempre por violar la libertad condicional.

Nació con la marca de Caín. Su adolescente madre, Kathleen Madox, no pudo recordar si había parido a Charles el 11 o 12 de noviembre; le dio igual y escogió el 12; el año y el lugar si eran reales: 1934, Cincinnati.

Tampoco podía acordarse del padre del bebé y este nunca lo conoció, aunque algunas fuentes afirman que era un tal "coronel" Scott, un matón de siete leguas. Pero fue William Manson, un marido temporal de Maddox, quien le dio el apellido y medio lo crió.

La vida de Charles Manson transcurrió entre reformatorios y prisiones, de donde salía de tanto en tanto para delinquir y volver al pozo.

Kathleen apenas podía con ella misma y dejó a Charles con sus abuelos, cuando este tenía cinco años. Ella aprovechó la ocasión para robar una gasolinera, junto con su tío Luther, pero fueron atrapados y enviados a la cárcel.

Seis años después regresó por el pequeño y juntos llevaron una vida de gitanos vagando por Kentucky, Virginia e Indiana.

Charles Manson es custodiado a una de las audiencias del juicio. Mantuvo su 'look' sesentero durante toda su vida. Foto: Archivo
Charles Manson es custodiado a una de las audiencias del juicio. Mantuvo su 'look' sesentero durante toda su vida. Foto: Archivo

Andaban de transhumantes cuando Kathleen encontró un pretendiente que la quería a ella pero no al retoño y, ni modo, regaló al niño a un orfelinato en Indiana y nunca volvió por él.

A los doce años, Charles Manson era una criatura desconfiada, violenta, amargada, herida y molesta con el mundo que lo había despojado de su niñez y lo transformó en un superviviente.

Recién salido del hospicio consiguió trabajo como mensajero, pero a los 13 cometió su primer delito y fue enviado –hasta los 16 – a la Indiana Boys School que Manson llamaba La villa del dolor, según narra en su libro de memorias Sin conciencia, escrito en prisión.

En mayo de 1954 quedó bajo la tutela de sus abuelos en McMechen y ahí conoció a Rosalie Jean Willis, hija de un minero, con la cual se casó un año después y trató de enderezar su senda, pero volvió de nuevo a las andadas.

A los 21 años robó un auto, lo pescaron y terminó con sus huesos en la prisión. Mientras estaba ahí nació su hijo Charlie, la mujer se divorció y se llevó al niño.

Quedó libre en 1958 pero le duró poco; se dedicó a traficar con mujeres, intentó cambiar un cheque falso de $30, huyó a México y fue capturado; regresó a prisión a cumplir diez años y quedó libre en 1967, listo para coronar su carrera delictiva con el crimen del siglo.

La familia

En los años 60 el mundo estaba patas para arriba. La sociedad norteamericana moderada y pacata se había convertido en una de paz, amor y realizaciones.

Según las múltiples reseñas periodísticas y biografías realizadas sobre él hasta ahora, Manson salió de la cárcel con $30 en el bolsillo, la guitarra al hombro, pelo largo, barba crecida y enrumbó sus pasos a la meca del movimiento hippie: California.

De inmediato sintonizó con ese ambiente lleno de jovencitas desnudas ansiosas de recibir amor, fumar hierba, vagabundear y vivir en comunas.

Por primera vez no era un paria, ahora formaba parte de la contracultura, un insatisfecho social y una protesta viviente.

El campus de la Universidad de Berkeley fue su coto privado de caza. Ahí conoció a Mary Brunner, una bibliotecaria pelirroja y delgada que se lo llevó a vivir con ella. Compraron una microbús y se fueron a Los Ángeles, donde Manson pretendía hacer carrera como roquero.

En lugar de eso encontró a Lynette Fromme, otra pelirroja que se peleó con el padre y Manson la adoptó; meses después se unió al grupo Patricia Krenwinkel, otra fracasada. Charles tenía su harem particular al que dominaba con sexo y ácido lisérgico: la famosa droga de la época, conocida como LSD.

Esa fue la base de La familia, una corte de ingenuas y complacientes niñas mal portadas que hicieron de Manson su gurú.

Conforme llegaban nuevos integrantes también ingresaba más dinero. La lista la completaron Susan Atkins, delincuente; Ruth Ann Moorehouse, hija de un predicador; Bobby Beausoleil, atractivo actor y músico; y Dennis Wilson, miembro del grupo Beach Boys, quien los alojó en su casa, los alimentó y les prestó su propio vestuario.

En principio Manson se rodeó de jóvenes blancas de clase media: bibliotecarias, empleadas y estudiantes bastante fáciles de manipular. Ellas aportaron a la comuna, que vivía en chozas en Topanonga Canyon, autos, propiedades, dinero, tarjetas de crédito y facilitaron la instalación del grupo en el Rancho Spahn.

Ahí vivían de la comida que desechaban los supermercados, robaban drogas y Manson era el rey, a pesar de su paranoia. El núcleo de La familia haría lo que fuera por su líder, estaban preparados para matar sin remordimientos.

La prueba suprema comenzó el 27 de julio de 1969; ese día mataron al músico Gary Hinman, pero antes Manson le cortó las orejas; más tarde Bobby Beausoleil lo apuñaló y lo dejó desangrarse.

Susan Atkins, fue condenada por ocho homicidios perpetrados con otros miembros de la banda de Charles Manson en 1969, entre ellos la actriz Sharon Tate.
Susan Atkins, fue condenada por ocho homicidios perpetrados con otros miembros de la banda de Charles Manson en 1969, entre ellos la actriz Sharon Tate.

La noche del 9 de agosto llegaron a la mansión de la acriz Sharon Tate, embarazada de ocho meses de su marido, el actor y cineasta Roman Polansky. Tenían una fiesta y los asesinos, inspirados por la tesis de Manson de que ese acto desencandenaría una guerra racial, dieron cuenta a puñaladas y disparos de la artista y sus amigos: Jay Sebring, peluquero; Wojicieh Frikowksi, playboy; Abigail Folger, millonaria y Steven Parent, estudiante.

Al día siguiente Manson ordenaría ejecutar a Leno Labianca, empresario, y a su mujer Rosemary, dueña de una boutique. Pronto la Policía halló el hilo que los llevó hasta Manson y La Familia: un arma utilizada en los crímenes de Tate y Labianca, evidencia crucial en el juicio contra Charles y su grupo en 1970.

Si bien fue condenado a muerte, la pena le fue conmutada por la de prisión perpetua y desde 1989 hasta su fallecimiento este domingo, estuvo encerrado en su celda en Corcoran, donde tocaba guitarra, contestaba las miles de cartas de sus admiradores y presidía el movimiento ecologista ATWA, que significa aire, árboles, agua y animales.

Charles Milles Manson, el mesías de la muerte, vivió para el crimen y el presidio. Finalmente logró salir del inframundo, como un muerto viviente, condenado solo por hacer, según dijo en el juicio, "la voluntad de Dios".

Las masacres, la aberración, el estupor

El caso ha seguido generando publicaciones en las últimas décadas. La Revista Dominical reseñó, en 1999, los detalles de los eventos ocurridos en aquella fatídica noche de verano y cuyo nivel de perversión aún espeluzna, pese a que la modernidad ha traído consigo otras historias criminales dantescas.

Ya para agosto de 1999, las cosas habían cambiado mucho desde los hechos; sin embargo, encerrado en su celda de máxima seguridad, Charles Manson, autor intelectual de los crímenes, aseguraba que no se arrepentía de lo que ordenó hacer a sus seguidores y al parecer, gozaba a solas de la "popularidad" que seguía engendrando su nombre, aún tres décadas después de la masacre. Entretanto, seguía recibiendo cientos de cartas de jóvenes que le escribían para que los aceptara en el seno de su "familia”.

Tras saber que estaba embarazada, la joven actriz Sharon Tate, casada con el prestigioso director de cine Roman Polansky –de origen polaco–, deseaba establecerse en un lugar aislado y tranquilo en el que pudiera criar a su pequeño hijo, lejos del ajetreo de Hollywood.

La pareja encontró el sitio en las colinas cercanas a Beverly Hills, en una zona conocida como Cielo Drive, donde alquilaron una lujosa residencia que había pertenecido al hijo de la actriz Doris Day.

Según aquellos que conocían bien al matrimonio, Polansky y su esposa eran muy felices. Sharon amaba su nueva casa, ya que para ella era un sitio romántico en el cual podría compartir su tiempo libre con su esposo y su bebé.

Aquella fresca madrugada del sábado 9 de agosto de 1969, la hermosa protagonista de la conocida película “El valle de las muñecas” se encontraba en compañía de un grupo de selectos amigos: la rica heredera Abigail Folger, su novio Vojtek Frykowski y Jay Sebring, estilista conocido internacionalmente.

Polansky se encontraba en Europa, debido a que trabajaba en el guión de su nueva película; sin embargo, había decidido regresar a su casa el siguiente lunes, debido a la proximidad en el parto de su mujer.

Aunque la casa de Tate estaba algo alejada, no era del todo insegura, ya que contaba con un verja de seguridad y un vigilante.

La noche transcurrió tranquila, ajena a la orgía de horror y sangre que se vivía en el idílico hogar de una de las actrices más populares de la década de los sesenta.

Poco después de las ocho de la mañana de ese sábado, Winifred Chapman, la sirvienta de Tate, arribó a la mansión. Se dirigió hacia la sala y observó que había manchas rojas por todo lado. En el jardín, vio un charco de sangre con un cuerpo tirado en medio. La mujer se aterrorizó y escapó a toda prisa.

Al pasar junto a un carro blanco que estaba cerca de la entrada, observó que había otro cuerpo adentro. Llegó a la residencia más cercana, desde donde notificó a la policía del macabro hallazgo.

A los pocos minutos arribaron los oficiales, quienes verificaron la magnitud de la masacre. Además de los cuerpos que encontró la mucama en el exterior, los agentes encontraron uno más, el de una mujer bañada en sangre.

En una de las paredes había un gran rótulo escrito con sangre, donde se leía la palabra “Pigs” (cerdos en ingles). Lo que encontraron después casi les provocó un shock: encontraron a una joven mujer rubia embarazada tirada en el piso, en un charco de sangre, y con el extremo de una cuerda alrededor de su cuello. Junto a ella yacía un hombre que había sido apaleado y apuñalado violentamente. Mientras los agentes revisaban el resto de la casa encontraron al cuidador, quien quedó detenido en el acto, aunque el hombre juró no saber nada de los crímenes y aseguró haber dormido toda la noche sin despertarse.

La escena era dantesca: el odio y ensañamiento con el que las víctimas habían sido torturadas y posteriormente asesinadas rebasaba los límites de la crueldad.

La identificación de los cadáveres confirmó que eran los de Tate, Folger, Frykowski y Sebring. El muchacho que apareció en el automóvil blanco era Steve Parent, un joven de 18 años que había llegado a visitar al vigilante de la mansión en un muy mal momento.

Los análisis forenses revelaron que Sharon Tate y sus huéspedes habían sido acuchillados, apaleados, estrangulados y degollados con una saña inusitada.

El hecho de que no se verificara la pérdida de objetos de valor descartó el robo como el móvil de los asesinatos y creó un enigma que la policía tardaría meses en resolver.

Sharon Tate estaba en el apogeo de su carrera. Suplicó por su vida y la de su bebé, su muerte, a manos de Susan Atkins, fue quizá la más lenta y demencial. FOTO AP/Para Grupo Nación
Sharon Tate estaba en el apogeo de su carrera. Suplicó por su vida y la de su bebé, su muerte, a manos de Susan Atkins, fue quizá la más lenta y demencial. FOTO AP/Para Grupo Nación

Además de los grafitis hallados en la mansión y que contenían frases como “muerte a los cerdos”, se encontró otro que decía “Helter Skelter”, nombre de una canción de los Beatles que la “familia” de Manson adoptó como una especie de grito de guerra.

El sábado de esa misma semana, en horas de la noche, otro crimen perpetrado por el clan hippie de los Manson arrojó nuevas pistas que en un principio no fueron valoradas por las autoridades.

En un escenario similar al que la policía halló luego de entrar en la mansión de Sharon Tate, fueron encontrados los cuerpos de Leno y Rosemary La Bianca, una pareja de Los Angeles con mucho éxito en el campo de los negocios.

El público y la prensa empezaron a hacer conjeturas y a plantear teorías, muchas veces descabelladas, sobre el asunto. Uno de los planteamientos más turbios, que hirió profundamente al cineasta Polansky una vez que llegó a los Estados Unidos, fue que él era el autor intelectual de la masacre, la cual pretendía emular las escenas más tétricas de sus películas de terror, con fin de lograr un golpe publicitario para su carrera fílmica.

Aunque la policía sometió al desconsolado viudo a intensivos interrogatorios, en los cuales incluso fue sometido al detector de mentiras, su participación fue descartada por completo.

Malditas y arrepentidas

Si bien el "Mesías" de la Familia nunca se arrepintió y, por el contrario, pareció tener sus buenos momentos en los años siguientes por cuenta de su fama mundial, las adolescentes que lo acompañaron en la tenebrosa aventura tuvieron una vida absolutamente miserable, una vez que se convirtieron en adultas y, condenadas a prisión perpetua, salieron del "hechizo" y se enfrentaron a las consecuencias de los crímenes cometidos cuando apenas salían de la adolescencia.

El caso de Susan Atkins, quien fue una de las más recordadas porque ejecutó las partes más cruentas de la masacre, incluido el apuñalamiento de Sharon Tate y su bebé, ya a punto de nacer, le dio la vuelta al mundo en varias entrevistas que concedió y en las que lucía totalmente arrepentida y pedía perdón y clemencia, como lo hizo en 2007 con el espacio 20/20, de ABC.

En setiembre del 2009, exactamente 40 años después de los hechos, Susan Atkins murió en la cárcel, víctima de cáncer.

Una nota del diario español El País, recopiló las luchas y las últimas vivencias de la mujer, quien estando en la cárcel se casó y se convirtió en madre.

"Tras cuatro décadas en la cárcel, Susan Atkins, de 61 años, murió sola, el 24 de septiembre, en la prisión de Chowchilla (California) implorando a la justicia que se apiadara de ella y le dejara salir en libertad en sus últimos días. Pero no hubo perdón. La nación sólo recordaba en ella a aquella joven fanática, apodada Sexy Sadie, enamorada de Charles Manson, que, sedienta de sangre y sacrificios, mató a la actriz Sharon Tate, a su bebé nonato y a otras siete personas en 1969.

Su última palabra, según su marido, James Whitehouse, fue “amén”, a modo de arrepentimiento. En prisión renegó de Manson, admitió su culpa y se convirtió al cristianismo. “Es casi imposible definir la locura, y eso es lo que yo viví, la locura”, dijo en una comparecencia judicial para pedir la libertad condicional en 1993. Presa de aquella locura, apuñaló a Tate 16 veces, ignorando sus súplicas, haciendo oídos sordos a su petición de piedad, porque la ponía “nerviosa” de tantos gritos. La leyenda negra dice que probó con sus labios la sangre de su víctima y luego escribió la palabra “cerdo” en la puerta de su casa.

Grotesco espectáculo en el juicio

La otrora "Chica Manson" se volvió más mediática que las demás por en rocambolesco show que montó en e juicio. Siempre según la reseña de El País, confesó. Indirectamente, delató a Manson. Luego despidió a su abogado. Cayó enferma. Retrasó el juicio. Cambió la historia. Dijo que Manson no sabía nada de los crímenes. “Es un hombre inocente, yo lo comencé todo”, declaró, antes de llamarle su “amor”.

Antes de ser sentenciada a muerte, en su testimonio final, admitió haber tomado LSD y dijo que, al asesinar a Sharon Tate, no la veía como una persona, sino como un maniquí: “Era como una máquina de IBM”. Gracias a la abolición de la pena de muerte en California, fue condenada a cadena perpetua.

Conoció a Manson en 1967, siendo una joven y bella de oscuro cabello y pasado problemático, que no acabó sus estudios de secundaria.

Durante todas las repeticiones televisivas que se mostraron una y otra vez, en diversos reportajes, Atkins lucía dulce pero desafiante, serena, en la flor de su juventud. Fue muy fuerte observarla unos 30 años después en la entrevista de 20/20, convertida ya en una señora, madre de familia, bastante avejentada pero con sus rasgos faciales inconfundibles. Era, indudablemente, otra persona. Y maldijo una y mil veces el momento en que su vida se cruzó con la de Manson.

Igualmente, la imagen de niña rebelde que todos aún tenemos en la retina, quedo enterrada un mes antes de morir, cuando se presentó en la que sería su última entrevista judicial para solicitar la condicional. Dormida, en una camilla de hospital, con un gorro de color rojo, en lugar de pedir la libertad, recitó el Salmo 23 del Antiguo Testamento. Tenía un cáncer terminal de cerebro. Su marido y abogado solicitó su última oportunidad para respirar aire libre. Igual que lo había hecho en otras 17 ocasiones, el juzgado se la denegó.

No hubo piedad (salvo por la conmutación de la pena de muerte), para Charles Manson y los suyos. Todos, tarde o temprano, han muerto (o lo harán), convertidos en carne de presidio de por vida.

Cuando murió Susan, la hermana de Sharon Tate, Debra, testificó y dijo que no odiaba a Atkins, pero que quería que la justicia se aplicara con todas sus consecuencias. “Soy incapaz de odiar”, dijo. “Aun así, creo que la muerte de mi hermana y sobrino, que cumpliría 40 años esta semana, no es una causa intrascendente”.