Experimentación en escuelas
Arq. Kathy MacDonald Colaboradora

Si la necesidad es la madre de la invención, la experimentación es su padre y la experiencia sistemática es el juego de la vida. En las escuelas de arquitectura, como en la profesión misma, la experimentación es una herramienta fundamental para la creatividad, pero debe ir siempre acompañada de una alta dosis de duda cartesiana y sentido ético, dado que los resultados eventualmente afectarán el modo de vivir de las personas.
La pólvora en manos de los chinos sirvió para celebrar las fiestas populares con fuegos artificiales, pero esa misma pólvora en manos de los europeos se convirtió en instrumento de destrucción. A la experimentación no hay que tenerle miedo pero sí respeto.
Culturas de religión monoteísta se refieren a su Dios como “el arquitecto del universo”. El siglo XX se caracterizó por arquitectos endiosados, capaces de mover montañas y crear islas artificiales o ciudades en medio del desierto, así como por trasladar a poblaciones enteras produciendo ciudades de la nada.
La historia reciente cuenta con muchos ejemplos de los errores que pudieron evitarse a través de la prudencia y un crecimiento paulatino, modificando el planeamiento en base a la respuesta de la gente y el medio ambiente. Brasilia, por ejemplo, fue el resultado de la exhaustiva experimentación teórica de un grupo interdisciplinario que no supo medir la variante más compleja: el comportamiento humano y su relación con el concepto de ciudad que nace, crece, se desarrolla y muere.
Bella pero hostil hacia el peatón, diseñada en función del automóvil y la estricta división de funciones, entre otros aspectos, Brasilia carece del componente emocional que le brinda calidez al espacio. Después de construida la nueva capital administrativa de Brasil, al costo de casi todos los recursos estatales disponibles, muchos obreros de la construcción decidieron quedarse, rodeando el lago principal con fabelas; mientras que los funcionarios públicos conmutaban cada fin de semana hacia Río de Janeiro, abandonando la ciudad ideal para disfrutar de la ciudad real.
Desarrollo tecnológico. La pasión por conquistar nuevas fronteras del conocimiento y el impulso de crear se benefician ampliamente de la experimentación. A la historia de la arquitectura la acompaña el desarrollo tecnológico que permitió pasar de las simples estructuras de columna y dintel al descubrimiento de la piedra clave que produjo el arco. De la proyección lineal de dicho arco se obtuvo la bóveda y al hacer girar el arco sobre su propio eje se dio la cúpula.
La experimentación con los materiales y las leyes físicas permitió adelgazar paredes y reducir el número de apoyos, ampliando las luces de cubierta. Experimentos con la triangulación nos dieron las cerchas, que evolucionaron para constituir las estructuras trianguladas, las mayas espaciales y los domos geodésicos. El uso de contrafuertes y arbotantes permitieron levantar las altas paredes de catedrales góticas; mientras que el concreto armado elevó los edificios a la categoría de rascacielos.
La experimentación con el acero y los principios estructurales nos dieron puentes y edificaciones que cubren grandes luces, en tanto que de los experimentos con concreto armado obtuvimos las bóvedas de cáscara. El vidrio, por su parte, alivianó las paredes brindando transparencia y los materiales industriales, como el plástico y el aluminio, abrieron una amplia gama de posibilidades.
Forma sin contenido. Es importante distinguir entre las novedades de vida breve y las tendencias genuinamente nuevas. A los pies del Seattle Space Needle, estructura futurística con restaurante giratorio que se construyó en 1962, se encuentra el EMP (Experience Music Project), del arquitecto Frank Gehry, conocido como “La Caja Negra” y dedicado a Jimmy Hendrix, uno de los músicos más creativos e influyentes del siglo XX.
Es un museo que alberga una exhibición permanente de la historia del rock and roll, acuñado en el centro de la ciudad. A través de su innovador estilo, Hendrix creó una nueva forma musical con sus distorsiones controladas y exploró las posibilidades explosivas de la guitarra ecléctica.
El arquitecto Gehry, mundialmente famoso por el museo Guggenheim de Barcelona, antes de ese gran acierto, experimentó para producir el relativo desacierto que muestran las fotos, ilusoria pieza de arquitectura escénica que con su voluptuosa sinuosidad captura la imaginación. No obstante, como diría Giedion, “tiene al principio toda la pompa y brillantez de una exhibición de fuegos artificiales, pero sin mayor duración porque al interior se desvanece la ilusión”.
En el ámbito universitario, la experimentación artística es sumamente valiosa, pero sus resultados no deben imponerse como verdades absolutas porque en la arquitectura, como en todo arte, la verdad es relativa; sin embargo, a diferencia de las demás artes, las consecuencias de los errores resultan nefastas, debido a las implicaciones de perjudicar el espacio habitable.
Las modas suponen tendencias pasajeras y frívolas que el método de observación y análisis derivado de la experimentación puede evitar, proponiendo alternativas más viables y satisfactorias. El uso de ordenadores no puede reemplazar al raciocinio ni la creatividad espontánea e intuitiva, engañando al proceso racional.
La experimentación per se es tan ambigua como el arte por el arte y solo constituye una fortaleza didáctica cuando cuenta con la apropiada guía de docentes calificados que les permitan a sus estudiantes volar, pero también les enseñen a aterrizar.
Si entendemos la arquitectura como un híbrido entre la ciencia y el arte que forma un todo irreducible, los argumentos que justifican este enfoque se encuentran descritos en el paradigma conciencial que sugiere la necesidad de investigación que vaya más allá de las exploraciones puramente objetivas de la visión científico mecanicista tradicional o de la subjetiva pasión artística, y respondan a nuestra verdadera naturaleza multidimensional.